jueves, 12 de febrero de 2009

El Calendario

Autor del Texto: BlackMiG.

Es la hora.

El reloj suena, maldita hora. Hace 10 horas pensabas que faltaba una eternidad y de repente estás frente al despertador con la mirada perdida detrás de los números. Las 10:00 AM parpadean a lo que se te antoja el ritmo de los pitidos de la señal horaria de la emisora.

El calendario suena, maldito día. 12 de Febrero de 2009. Un día más a priori, de los que corren a encontrarse con el 15 por no saber si es ya medio mes, o falta solo medio para el próximo.

Un día más, una hora más, si no fuese por los detalles. Una vida muere, unos sueños se van por el retrete, otros ya salieron por la ventana...y otros están callados, no sea que te percates de ellos. Hoy no es día para ellos y lo saben. Detalles en forma de gigas de recuerdos desperdigados por el disco duro, el del Mac y el de tu cabeza. Detalles en forma de ciento veinte metros cuadrados de futuro, que quedan atrás. Lo que nadie cree que pueda pasarle ocurrió. Lo que nadie quiere afrontar se plantó en la puerta, y solo la forma de llamar a ella anunciaba que no traían regalos.

Y Aun así abres. Y entre la vorágine del momento ya no sabes que entra y que sale. Sentimientos, palabras, dardos, dolor, lágrimas. Hasta sonrisas. Tras las formalidades se cierra de nuevo, ahora sabes que todo salió y nada entro, porque lo que queda...es vacío. Grande y frío. Y oscuro. Y terrible. Pero en las sombras se atisba una sonrisa triste. Estás solo. Y de golpe la consciencia del pensamiento te saca del enturbiamiento del mal sueño. Del mal sueño que resultó ser tan real como un buen puñetazo. O como un mal navajazo, por la fea herida que te asoma en el pecho.

'No. Hoy no vas a poder conmigo', te dices.
'Ni mañana, ni pasado', -coges el abrigo-.
'Me tirarás, y me levantaré', -coges las llaves del coche, las gafas de sol-.
'Tropezaré y volveré a levantarme'.
'Aun sin rumbo'. -Abres la puerta-. 'Aun sin luz navegaré y capearé tempestad tras tempestad, solo por darme el gustazo de hacerlo'

Abres con miedo de qué pueda haber quedado fuera. Ya no llueve, pero está todo gris. Parece que el día está del mismo color que tú. Valiente tontería aciertas a pensar camino del coche. Te sientas y arrancas, pulsando el botón rojo mientras vuelves a decirte que de hoy no pasa sin lavar el coche. El leve bramido del motor te reconforta. Su sonido ayuda a tapar el silencio de tu corazón.

Al salir a la calle ves el cielo escampando, las nubes dejan ver el cielo azul al fondo. Y, en este momento, caes en la cuenta de que ya no tienes nada. Lo ves claro, como si hubiese salido un mensaje en el ordenador de a bordo.

La ciudad se desvanece detrás de ti mientras divagas, y hundiendo el pie en el acelerador en busca del futuro piensas en voz alta...

'No tienes nada. Ni siquiera nada que perder. Y eso significa una cosa: Solo puedes ganar.'

Autor del Texto: BlackMiG.

domingo, 8 de febrero de 2009

La Tinta, el Tintero y... el Filo

Deberías mirar por donde pisas. No te encuentras en situación de exigir nada. Resulta que no es mi problema, si ahora no conoces la salida de la selva en la que te has metido. Con un poco de suerte, podremos cruzar nuestros caminos. Si es que tienes agallas para seguir adentrándote hasta los rincones donde decidí mudarme con la guía de mi mala suerte.

Aquí me encuentro bien, de vez en cuando soy la presa y no pocas veces el cazador. El único inconveniente es ese maldito sol que siempre anda molestando después de haber pasado toda la noche metiéndole mano a una luna que jugaba a seguir siendo la más dura de tu portal. Como te descuides, mira que te lo estoy advirtiendo, que mis buenos modales se marcharon corriendo con la última ráfaga de viento. Si te sigues acercando y vea tu cuerpecito, mi apetito tantas veces reprimido comenzará a rondarte por las oscuras calles de tu mirar. Puede que te libres, con las mismas malas artes que usaste durante esos abriles en los que sin venir a cuento yo estaba enredado entre los trasquilones de tu pelo. Esperando por si me caía de puro aburrimiento.

Ahora que el sol me deja por imposible... llega mi turno. Basta ya de esperar movimientos en falso. No importa cuantas marcas de bofetadas dejen un rastro en mi piel. Que te he dicho que tengo sed y mira tú por donde el único pozo de donde puedo beber lo has pintado con un carmín del color de la hiel. Mi mala leche ha decidido probar la resistencia de los elásticos de las prendas que rodean tu conciencia. Mientras, mis manos siguen colgadas de las copas de los árboles de tu sostén. El agua es vida, cuatro noches han pasado, creo que ya va siendo hora de ver si soy capaz de escanciar todo tu querer sin derramar una sola gota, que no me gustaría tener que repetirte que con lo único que no puedo comerciar me lo robaste en una noche de despiste; para comprobar si era verdad todo lo que un día me dijiste.

La luna se ha muerto de envidia, amaneciendo a traición, mi enemigo el sol se ha escabullido hasta la misma cocina. Las punzadas que se atreve a lanzarme obligan a esconderme antes de que despierte. Sólo con mis recuerdos, sólo con los trofeos que no quiero que vuelvas a ponerte. Y si te vas, no te molestes en llamarme... que esta es la tercera vez que me niego a ser tu pelele.

miércoles, 4 de febrero de 2009

La Tinta, el Tintero y... la Voz

Odio que la esperanza me sobrevuele con tanta facilidad. Una mente que no cesa ni un minuto de imaginar; me gustaría conocer cual es precio que he de pagar para convertirme en una persona normal. Si el límite de la tarjeta de mi personalidad es el problema, no te preocupes que con una llamada al banco de la incredulidad lo podemos solucionar.

Un par de días atrás conseguí pasar página, de las pocas que pude acabar. Escuché las pocas voces amigas; por enésima vez gritaban que no cruzará esa línea, nada cambiaria. Les hice caso, me fié, porque me encontraba atado de pies y manos.

Al pasar la página me topé con su recuerdo, me ilusioné con el juego de manos de un malabarista de tres al cuarto. ¿En qué coño estaría yo pensando? Hemos cruzado, cuántas, tres o cuatro palabra en casi un año. Cada mirada suya se clavaba en lo más profundo del acantilado donde se empeña mi corazón en seguir matando el rato. ¿Qué pretendías con todo esto? ¿Que acabara bien? De sobra conoces lo que oculta el dichoso papel de regalo.

Volverás a escuchar el mismo cuento triste, lágrimas repetidas que se deslizan por puños crispados, aquellos que nunca tuviste el valor de abrir ni para ti ni para nadie. Tranquilo, una noche te convertirás en ese bufón que sacan de su torre para lograr que el resto del mundo se sienta un poco mejor.

Un intercambio de miradas, algún que otro: 'Ya nos volveremos a ver.' o, tal vez, dispare a dar con esos dardos envenenados que rezan: 'Siempre le caíste genial.'

Bufón, vuelve a tu encierro, sigue escribiendo para tus adentros. Continúa jugando a ser alguien con una vida normal. Sueña con lo que nunca podrás alcanzar. Porque las únicas que te escuchan son estas páginas en blanco y las pocas gotas de tinta, que de pura pena, una vez se suicidaron contra ellas.

sábado, 31 de enero de 2009

La Tinta, el Tintero y... el Balcón

Con el segundo paso de llave, la puerta de mi hogar - frío hogar - se cierra para toda la eternidad. Mientras, el sol se esconde para no ver lo que se me viene encima, maldito cobarde. Intento mantener la calma, ahora las escucho con claridad. Día tras día llega un momento en el que te puedes llegar a acostumbrar.

Tiempo atrás aprendí a convivir en ellas, al marchar el sol, durante esos segundos en el crepúsculo las oyes maquinar, trazar planes sin parar. Si no has conseguido reaccionar antes de que el último resquicio luz haya partido, date por perdido, amigo. Pesadillas con forma de realidad, amenazan en las habitaciones según me ven llegar. Si intento moverme con cautela resulta peor pues con mi triste intento entro en su juego sin ni siquiera tener la invitación pertinente.

¿Sabes? De vez en cuando me da por pensar. Todas esas malditas ideas se agolpan para entrar y ver quien es la primera que me machaca sin piedad. Una curiosidad: en su extraña carrera no todas consiguen llegar. Muchos se quedan por el camino, las que lo logran son precisamente aquellas que no han jugado limpio. Llega un momento en el que las esperas justo antes de ir a dormir, notas como se deslizan entre los dedos de los pies, te acarician cientos de cuchillas heladas que poco a poco cortan la piel. Aprietas los puños, cierras los ojos y empiezas a creer que nada es posible, incapaz de perder más sueños por el camino porque ya se encargaron de traficar con todos ellos en la reventa.

Incrédulo, me sorprende tu dejadez, tus patéticas ganas de abrazar el olvido por segunda vez. Mira directamente a los ojos de esa fotografía que nunca quisiste perder. Guardando cada uno de esos abrazos soñados, de esas noches sin ropa interior, ordenando cada uno de los besos que no te dio junto a las facturas impagadas de la calefacción. Algún día comprenderás que por mucho que pierdas estas obligado a continuar, a dejar todo el pasado atrás. Romper las cartas, las normas y la primera cara que intente apuñalarte porque sencillamente querías jugar.

Tal vez y sólo tal vez, pueda borrar la sensación que juega a la ruleta rusa cada vez que tu sombra se digna a dirigirme la palabra. Puedo tener una oportunidad, si reemplazo los cartuchos de fogueo por munición real... sí, puede funcionar. Ahora me toca a mí girar el tambor, y por primera vez me deleitaré observando como un sudor frío besa tu delicada piel.