Reaparezco, sólo un momento. Asomo la cabeza de entre las muchas tareas que asolan mi pensamiento, cojo aire y me zambullo de nuevo.
Sí, sigo vivo pero sin tanto tiempo. Miento, sin tiempo no. Con el mismo pero ahora distribuido entre más momentos. La casa, afortunadamente, me da ciertos respiros. Ahora que está al alcance de mi mano, pienso que es hora de realizar ciertos cambios.
Me resulta curioso, ya que hasta ahora nunca me lo había planteado, al menos de manera tan formal. Siempre deambulando, entre sombras, callejones repletos de momentos que me asaltan en el momento más inesperado. Encerrado entre paredes y situaciones que jamás hubiera imaginado.
Sin embargo, ahora, cada vez que doy el siguiente paso, lo tengo más claro. Da lo mismo, no importa cuantas veces intente negarlo. Incluso sabiendo de ante mano que todos mis miedos anhelan hacerse con el control para que no escape, y sea capaz de dar rienda suelta a un alma agotada de luchar contra tinieblas y penumbras. Hastiada de escuchar las mismas mentiras agridulces de mundos y sociedades distantes y frías como tus miradas los Jueves por la tarde.
Me da igual que ya no quieras agarrarme de la mano, ni tan siquiera que tu sombra se aparte de mi cada vez que cruzo por tu lado.
Después de tantos años, te juro que he llegado a odiar papel en blanco cuadriculado.
sábado, 18 de junio de 2011
domingo, 5 de junio de 2011
La Tinta, el Tintero y... la Casilla
Con esto de la mudanza, que ya se acerca a su fin. Esto va de recuerdos, de revolver en los cajones, encontrarte con una caja o una bolsa cerrada hace mucho tiempo. Abrirla y que decenas de antiguos pensamientos, sentimientos olvidados que se lanzan a tu cuello para darte un abrazo. Reencuentro largamente esperado.
Me he encontrado con objetos que ni me acordaba de ellos. Algunos tan dispares que al sostenerlos de nuevo entre mis manos pensé: ¿Por qué guardaría esto? Otros, sin embargo, me arrancan una sonrisa por todas las historias que han guardado en su interior. Los menos, los dolorosos, pero incluso ellos, con el paso del tiempo les miro con otros ojos.
Cartas, fotos, dados, juegos, llaveros... De todo un poco. Los mejores, y para no ser menos, unos portaminas. Me recuerdan a mi abuelo, de la época en la que sin venir mucho a cuento, me ensimismaba con cualquier elemento que tuviera que ver con robarle palabras al viento.
Tras unos días de abir cajas, revolver cajones y planificar la última huida hacia delante. Caigo en la cuenta que cada uno de esos instantes, cada uno de esos recuerdos forman una tela de araña. Con una seda tan limpia y delicada como el cristal. Pero que tan solo necesitan un poco de luz para volver a brillar, con un reflejo ténue, sin llegar a molestar, sin hacerse notar.
Al final, se vendrán conmigo, ¿Y por qué no? Retomarán un poco del protagonismo perdido, pero sin dejar que me arrastren junto a ellos en su larga soledad. Pues son sólo recuerdos que una vez lograron hacerme soñar.
Me he encontrado con objetos que ni me acordaba de ellos. Algunos tan dispares que al sostenerlos de nuevo entre mis manos pensé: ¿Por qué guardaría esto? Otros, sin embargo, me arrancan una sonrisa por todas las historias que han guardado en su interior. Los menos, los dolorosos, pero incluso ellos, con el paso del tiempo les miro con otros ojos.
Cartas, fotos, dados, juegos, llaveros... De todo un poco. Los mejores, y para no ser menos, unos portaminas. Me recuerdan a mi abuelo, de la época en la que sin venir mucho a cuento, me ensimismaba con cualquier elemento que tuviera que ver con robarle palabras al viento.
Tras unos días de abir cajas, revolver cajones y planificar la última huida hacia delante. Caigo en la cuenta que cada uno de esos instantes, cada uno de esos recuerdos forman una tela de araña. Con una seda tan limpia y delicada como el cristal. Pero que tan solo necesitan un poco de luz para volver a brillar, con un reflejo ténue, sin llegar a molestar, sin hacerse notar.
Al final, se vendrán conmigo, ¿Y por qué no? Retomarán un poco del protagonismo perdido, pero sin dejar que me arrastren junto a ellos en su larga soledad. Pues son sólo recuerdos que una vez lograron hacerme soñar.
lunes, 30 de mayo de 2011
La Tinta, el Tintero y... el Traspiés
¡Hey! ¡Hola! ¿Qué tal estás? Hace tiempo te vi pasar, justo cuando compraba tabaco. Ese vicio insano, que como tantos otros me intentaste arrebatar.
¿Tienes tiempo para un café? ¿Un té, tal vez?
¿Sabes? Hecho de menos con quien charlar, las hojas en blanco hace tiempo que callaron para dejar paso a sueños extraños, a recuerdos olvidados de tardes en las que tú y yo sólo nos mirábamos, tumbados en el sofá, y estallábamos en risas mientras veíamos cualquier atardecer.
Hace tiempo que todo eso pasó, que nos alejamos el uno del otro blandiendo excusas tan tristes y tan metódicas que daba la impresión de que la vida nos había ganado la partida.
¿No? Mi vista se pierde entre la niebla que deja tu sombra indiferente, ni si quiera reconozco tu nombre entre los cientos de besos que repartiste a mis espaldas cuando me susurrabas que ya nada te importaba.
Otra vez será, me digo a mi mismo al tiempo que esquivo una sombra formada por esos dichosos fantasmas del pasado, los mismos que empeñan en ahorcar todas y cada una de la sonrisas que pasan por mi lado.
Pero, ¡eh!, no pasa nada. Brindo por ti, por todos mis compañeros y por mi el primero. Bebo un sorbito de café y me pongo a escribir.
¿Tienes tiempo para un café? ¿Un té, tal vez?
¿Sabes? Hecho de menos con quien charlar, las hojas en blanco hace tiempo que callaron para dejar paso a sueños extraños, a recuerdos olvidados de tardes en las que tú y yo sólo nos mirábamos, tumbados en el sofá, y estallábamos en risas mientras veíamos cualquier atardecer.
Hace tiempo que todo eso pasó, que nos alejamos el uno del otro blandiendo excusas tan tristes y tan metódicas que daba la impresión de que la vida nos había ganado la partida.
¿No? Mi vista se pierde entre la niebla que deja tu sombra indiferente, ni si quiera reconozco tu nombre entre los cientos de besos que repartiste a mis espaldas cuando me susurrabas que ya nada te importaba.
Otra vez será, me digo a mi mismo al tiempo que esquivo una sombra formada por esos dichosos fantasmas del pasado, los mismos que empeñan en ahorcar todas y cada una de la sonrisas que pasan por mi lado.
Pero, ¡eh!, no pasa nada. Brindo por ti, por todos mis compañeros y por mi el primero. Bebo un sorbito de café y me pongo a escribir.
lunes, 16 de mayo de 2011
La Tinta, el Tintero y... la Parada
200 entradas, con esta 201. En total 5 años. No soy muy dado a los festejos y celebraciones, aplaudiendo mi tiempo invertido en este pequeño espacio [Gracias, gracias. Sin vuestro apoyo no hubiera llegado tan lejos, bla bla bla bla]. Como mucho, he de reconocer que cada día que pasa me gusta más escribir, a mano si puede ser. Que cada vez que sumo 24 horas lleno mi vida con algún que otro proyecto más y que de cuando en cuando tiro la toalla porque todo me supera.
Transcurridos unos días en los que me dejo llevar, recojo esa misma toalla y me encuentro con las manos llenas de tinta una vez más.
Por supuesto, también he de comentar que cada día que pasa me importa bien poco encontrar un lugar, pues mi lugar soy yo. Los cuentos filosóficos sobre cómo has de encauzar tu vida los tengo muy trillados, poco me convencen porque a mi lo que me gusta es soñar. Con todos los peligros que eso conlleva. En determinadas temporadas soy un completo antisocial. Levanto muros logrando que nadie se pueda acercar. En otras ocasiones no hay muros, muretes, dichos o diretes; e intento husmear en cualquier acontecimiento, vida o milagros de la gente que pasa por mi lado.
Y es que, damas y caballeros, no sé que concepto tendréis de un soñador. Pero puede que esté un pelín distorsionado. No todos los soñadores somos personas risueñas, listas para entrar en acción con un comentario chispeante y gracioso. El cine ya se encarga de todo eso. Algunos vivimos en los peligrosos límites de los extremos, o todo o nada. El punto intermedio lo pongo cuando me siento y sueño. El resto, tal vez sean juegos en los que me gusta ver cómo sería si fuese una persona "normal". Lo escribo entre comillas porque quien se considere una persona normal, por favor, que no se engañe. Todos tenemos nuestros qués y nuestros porqués. La única diferencia la marco, no voy a meter a nadie en este saco, porque mis sueños están en una continua competición con la realidad.
Una realidad que muchas veces me cuesta tragar.
Transcurridos unos días en los que me dejo llevar, recojo esa misma toalla y me encuentro con las manos llenas de tinta una vez más.
Por supuesto, también he de comentar que cada día que pasa me importa bien poco encontrar un lugar, pues mi lugar soy yo. Los cuentos filosóficos sobre cómo has de encauzar tu vida los tengo muy trillados, poco me convencen porque a mi lo que me gusta es soñar. Con todos los peligros que eso conlleva. En determinadas temporadas soy un completo antisocial. Levanto muros logrando que nadie se pueda acercar. En otras ocasiones no hay muros, muretes, dichos o diretes; e intento husmear en cualquier acontecimiento, vida o milagros de la gente que pasa por mi lado.
Y es que, damas y caballeros, no sé que concepto tendréis de un soñador. Pero puede que esté un pelín distorsionado. No todos los soñadores somos personas risueñas, listas para entrar en acción con un comentario chispeante y gracioso. El cine ya se encarga de todo eso. Algunos vivimos en los peligrosos límites de los extremos, o todo o nada. El punto intermedio lo pongo cuando me siento y sueño. El resto, tal vez sean juegos en los que me gusta ver cómo sería si fuese una persona "normal". Lo escribo entre comillas porque quien se considere una persona normal, por favor, que no se engañe. Todos tenemos nuestros qués y nuestros porqués. La única diferencia la marco, no voy a meter a nadie en este saco, porque mis sueños están en una continua competición con la realidad.
Una realidad que muchas veces me cuesta tragar.
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