lunes, 15 de octubre de 2012

La Tinta, el Tintero y... el Escenario

Pestañeo y me encuentro a Octubre llamando a la puerta. ¡Vaya! ¿Tanto tiempo ha pasado? Una manera muy curiosa de presentarse el Otoño, la verdad. Un poco más y me pilla aún con la toalla y el bañador puesto.

Los cambios de estación tienen un hueco reservado para algún que otro cambio. En mi caso, no haré una excepción. Reconozco haber estado un poco encerrado en mi mismo. Sin llegar a ser del todo malo ni del todo bueno, he rumiado planes nuevos, redibujado antiguos y mezclado (no agitado) algunas ideas en mi cabeza de chorlito.

El (maldito) día a día consume gran parte de mi tiempo y mis movimientos están limitados por las agujas de un reloj que actúa como un cepo. Cuando quiero darme cuenta, muchos de mis perfectos planes se han ido al traste. Algunos se han quedado olvidados en un cajón y otros han huido al notar que el barco se hunde.

Sin embargo, rendirme no es una opción. No seré tan bueno ni tendré la facilidad para seguir hacia adelante con mis sueños como tantos otros, pero aquí estoy ofreciendo todo lo que puedo: sonrisas que no llevan a ninguna parte. Largos silencios con mis pensamientos trabajando de puertas adentro y miradas que se pierden en busca de sombras que arrastra el viento.

domingo, 23 de septiembre de 2012

La Tinta, el Tintero y... la Vela

Mis vacaciones han terminado. Tres semanas de descanso, tratar (y lograr) desconectar de la rutina diaria. De los sin sabores y los colores que ofrece una vida pre-programada. Ponerme al día y, por qué no, un poco de caligrafía.

Mis historias avanzan más deprisa de lo que me gustaría, pero no lo puedo evitar. He tenido momentos de euforia y momentos de abatimiento. Instantes en los que el tiempo no se detenía y otros en los que pestañeabas y era un nuevo día.

De entre todas las idas y venidas, he descubierto que, en algunas ocasiones, nado a contracorriente sin yo saberlo. Trato de imponer una coherencia a situaciones y personas que no merecen el esfuerzo. Acorralado por mis propios sentimientos, me he visto casi sin poder evitarlo. Pensando si el culpable era yo o el destino quien había puesto en mi mano una jugada que no interesaba.

Incluso me lancé al vacío sin contemplaciones, sin mirar hacia donde iba. Obsesionado por esa sonrisa que ni puñetero caso me hacía. Y tenían razón, maldita sea, toda la razón del mundo al advertirme que no existe un salvavidas para ese tipo de caídas.

Tras el tremendo batacazo, descubro con asombro que todo está en su sitio. Ningún hueso roto y el corazón un poco resquebrajado, a lo mejor me estoy acostumbrando. Me levanto, me sacudo el polvo y regreso por donde he venido.

jueves, 23 de agosto de 2012

La Tinta, el Tintero y... la Presencia

La farsa ha llegado a su fin. El martillo de la realidad ha descargado toda su furia sobre mi en un último y desesperado intento por hacerme despertar.

Tras el golpe poco me queda ya. Rebusco en mis bolsillos y encuentro mis historias tristes hechas jirones de cuando aún era un ingenuo que pretendía amar.

Las lágrimas se secan formando puntas de lanza que me hieren cada vez que intento soñar.

Soñar con una sonrisa que me espera al regresar. Soñar con unas manos que calman mis temores. Soñar con unos labios que me dicen 'Te amo' y se dejan besar.

El camino se abre ante mi con la sombra de los árboles, el viento jugando entre los matorrales, el cantar de docenas de aves y una soledad eterna que tira de mi para que no me detenga y recuerde que una vez yo también podía soñar.

lunes, 6 de agosto de 2012

La Tinta, el Tintero y... el Azar

De entre las brumas del tiempo, he regresado. Vale, mi regreso no es tan poético pero aquí estoy de nuevo.

Confieso que en estas semanas he querido perderme un poco. Sin vacaciones a la vista, llega un momento en el que desconectar se convierte en un objetivo primordial. Para mi significa zambullirme un rato en el agua. Ni me lo pienso. El agua de las duchas sale helada y a la carrera me tiro de cabeza antes de arrepentirme y darme la vuelta.

En el preciso momento en el que mi cabeza entra en el agua, todos mis problemas del día a día, todas esas tonterías que hierven en mi mente, se disuelven. Desparecen del mismo modo que se aferran a mi conciencia, sin venir a cuento.

Para completar la jornada, intento no ahogarme al tiempo que nado un poco. Cuando llega la hora de secarse, miro al cielo azul. La mira se queda fija en ese extraño manto que cubre nuestras cabeza.

Sé que estoy dejando un poco de lado algunos proyectos. A medio escribir me rondan (y a veces me gritan) algunos relatos. Pero siendo sincero ahora lo único que puedo hacer es leer. Mantengo viva la llama con mis amados libros de terror, de aventuras, de amor, de historia, de todo lo que sea.

En breve, volverá el momento de la disciplina. De sentarme de nuevo y dejar que mi imaginación escriba esos cuentos, que continúe proyectos y ponga en marcha la maquinaria de mis sueños.