¡Que se me escapa el mes! Y venga a correr otra vez. Si es que no aprendo. Pero, en fin, poco se puede hacer salvo mirar el calendario y despedirse de los días que se fueron.
Al menos me quedo con la satisfacción de haber arrancado un par de proyectos. El primero se está publicando poco a poco en Fire Angel, un Juego de Rol creado por Gonzalo de Ramón y Hugo Gutiérrez. Se trata de un relato de aventuras basado en un mundo alternativo con algunos tintes cyberpunk y steampunk. Si os gusta la temática y/o los juegos de rol no dudéis en visitar su página y apoyar su proyecto. Aunque sea con algo tan simple como un link, un comentario o lo que se os ocurra.
El segundo, ya terminado, es otro relato, esta vez basado en la mitología, que he presentado en un “mini-concurso” llamado Challenge Mitológico. Organizado por Melisa, una magnífica escritora que acaba de publicar su primera novela: Rasguños en la Puerta, y apoyado por un pequeño pero vivaz grupo de escritores. Si me decido y una vez admitido en el concurso, puede que lo publique aquí.
Tanto que me quejaba sobre mis musas y mis ganas de escribir y resulta que con un poco de concentración y un poquito de apoyo, al final casi sin darme cuenta le he perdido el miedo a esas hojas en blanco que te miran de reojo (las muy cabronas).
Fuera de estas cuatro esquinas, la guerra se ha desatado. No hace falta que os mienta. Creo que cada uno se ha dado cuenta por sí mismo. La tensión está tan cargada que el ambiente echa chispas. En los trabajos o fuera de ellos, la gente respira y casi diría que masca una mala leche que oculta a duras penas una gigantesca frustración contenida. Nuestros amos y señores han decidido quitarse la máscara para mostrar al mundo su verdadero rostro. Endulzando las palabras, suavizando sus acciones o, directamente, parapetándose tras leyes creadas a su imagen y semejanza, logran poco a poco su objetivo. Total, prisa no tienen y a nosotros nos importa un bledo.
Si no hablo en demasía sobre el tema es porque ya se han escrito cientos (si no miles) de reflexiones y análisis y en especial, porque soy uno de los millones de rostros anónimos que desde su trinchera particular aguanta lo mejor puede una salva de artillería tras otra.
Al final, como buen soldado melodramático tan sólo me resta mi propio orgullo para no morir de rodillas y aguantar estoicamente el momento en el que sea sacrificado en el altar de un extraño dios sin rostro llamado: Beneficios Corporativos.
miércoles, 19 de junio de 2013
domingo, 2 de junio de 2013
La Tinta, el Tintero y... el Aparejo
Que te duela la cabeza, molesta. Que te duela la cabeza un domingo por la tarde, jode y mucho. Durante toda la tarde he estado agobiado porque casi no he hecho nada. Tumbado en el sofá, una aspirina y a rezar para que se pasara lo más rápido posible.
La sensación es angustiosa. Ni tranquilidad de mi casa, ni el buen tiempo ha conseguido parar el movimiento de las paredes, más estrechas cada minuto que pasaba. Por suerte, el dolor se ha esfumado y he respirado más tranquilo las últimas horas de la tarde.
A parte de respirar, he pensado sobre una anécdota que me sucedió el viernes. Al salir del trabajo quedé para comer con unos compañeros de trabajo. La comida estuvo genial, charlas divertidas, curiosidades y móviles. Tecnología, en pocas palabras. A parte de la comida y la bebida, compartimos nuestro tiempo con la tecnología. En un determinado momento, más de la mitad de los comensales permanecían atentos a la pantalla de un teléfono móvil.
La situación me resultó muy curiosa y no lo juzgaré en términos como bueno o malo. Curioso sí, peculiar también. No me veo capaz de jugarlo por varias razones muy simples. La primera porque yo también soy de los que me evado, de los que busco una salida entre las nubes. La segunda, y más material, porque aunque mi móvil es de esos modernos no me deja seguir el ritmo. Sí, no me deja porque no da más de sí. Algunas veces lo agradezco porque me ha brindado la oportunidad de ver desde un punto de vista privilegiado cómo hemos llegado, con una sonrisa en la cara, a la quinta esencia del paradigma de las Relaciones Fractales. Menudo término me acabo de sacar de la manga, la verdad. Y la tercera porque, coñe, soy humano y también me gustan los cachivaches que hacen ruido y poseen lucecitas de colores.
Somos capaces de mantener una relación directa y decenas de relaciones indirectas mientras nos lo apostamos todo a una carta. Por un lado, todo el mundo quiere y necesita un poco de respeto ¿no? Cuando hablas con alguien, lo mínimo es que te preste un poco de atención, sea considerado y muestre una pizca de empatía (aunque te esté mandando a freír espárragos en su fuero interno). Sin embargo, en estos tiempos, ¿cómo reaccionas ante algo que ya es tan común? Nos hemos convertido en adictos de la información. En consumidores voraces de datos. Hasta límites que somos capaces de dar de lado por unos pocos segundos situaciones cotidianas, aunque precisamente porque son cotidianas, nos importa poco, total, lo hacemos siempre, por responder un par de mensajes no se va a parar el mundo ¿verdad? ¿Os habéis fijado? ¿Cuánta gente a vuestro alrededor engulle información sin parar? Ojo, con esto no quiere decir que yo no consuma información a destajo. Ni que atienda al móvil más de lo necesario.
Con lo cual, ni tiro la piedra ni escondo la mano. Tan sólo quería escribir sobre una situación que vivimos a diario.
La sensación es angustiosa. Ni tranquilidad de mi casa, ni el buen tiempo ha conseguido parar el movimiento de las paredes, más estrechas cada minuto que pasaba. Por suerte, el dolor se ha esfumado y he respirado más tranquilo las últimas horas de la tarde.
A parte de respirar, he pensado sobre una anécdota que me sucedió el viernes. Al salir del trabajo quedé para comer con unos compañeros de trabajo. La comida estuvo genial, charlas divertidas, curiosidades y móviles. Tecnología, en pocas palabras. A parte de la comida y la bebida, compartimos nuestro tiempo con la tecnología. En un determinado momento, más de la mitad de los comensales permanecían atentos a la pantalla de un teléfono móvil.
La situación me resultó muy curiosa y no lo juzgaré en términos como bueno o malo. Curioso sí, peculiar también. No me veo capaz de jugarlo por varias razones muy simples. La primera porque yo también soy de los que me evado, de los que busco una salida entre las nubes. La segunda, y más material, porque aunque mi móvil es de esos modernos no me deja seguir el ritmo. Sí, no me deja porque no da más de sí. Algunas veces lo agradezco porque me ha brindado la oportunidad de ver desde un punto de vista privilegiado cómo hemos llegado, con una sonrisa en la cara, a la quinta esencia del paradigma de las Relaciones Fractales. Menudo término me acabo de sacar de la manga, la verdad. Y la tercera porque, coñe, soy humano y también me gustan los cachivaches que hacen ruido y poseen lucecitas de colores.
Somos capaces de mantener una relación directa y decenas de relaciones indirectas mientras nos lo apostamos todo a una carta. Por un lado, todo el mundo quiere y necesita un poco de respeto ¿no? Cuando hablas con alguien, lo mínimo es que te preste un poco de atención, sea considerado y muestre una pizca de empatía (aunque te esté mandando a freír espárragos en su fuero interno). Sin embargo, en estos tiempos, ¿cómo reaccionas ante algo que ya es tan común? Nos hemos convertido en adictos de la información. En consumidores voraces de datos. Hasta límites que somos capaces de dar de lado por unos pocos segundos situaciones cotidianas, aunque precisamente porque son cotidianas, nos importa poco, total, lo hacemos siempre, por responder un par de mensajes no se va a parar el mundo ¿verdad? ¿Os habéis fijado? ¿Cuánta gente a vuestro alrededor engulle información sin parar? Ojo, con esto no quiere decir que yo no consuma información a destajo. Ni que atienda al móvil más de lo necesario.
Con lo cual, ni tiro la piedra ni escondo la mano. Tan sólo quería escribir sobre una situación que vivimos a diario.
miércoles, 15 de mayo de 2013
La Tinta, el Tintero y... el Anzuelo
Hoy vengo a hablaros (o a escribiros) sobre un tema que poco tiene que ver con la escritura, o mucho según se mire: La música.
Pero no el tipo de música que puedes escuchar en la radio, repleta de grupos de moda, de canciones de discoteca y bailes imposibles. No, la música de la que vengo a hablar se encuentra situada en un extraño confín, en una remota región a la cual todos hemos llegado en algún momento de nuestra vida pero que, por hache o por be, no le hemos prestado suficiente atención. Al menos eso era lo que me pasaba a mí hasta que, hace unos años, movido por una curiosidad inexplicable comencé a investigar sobre el tema.
Me estoy refiriendo a La Música para Trailers o Música Épica. Este tipo de música, como bien indica su nombre es, ante todo, puramente comercial. Usada en anuncios, trailers de películas, video-juegos y, en general, cualquier tipo de producto para el cual se necesite un reclamo especial. Un anzuelo dorado que nos obligue a fijarnos el tiempo suficiente como para recordarlo más tarde, para que nos sintamos atraídos por aquello que tenemos delante de nuestras narices. Así es la vida, el libre comercio y todo lo que queráis. Sin un reclamo adecuado no se vende.
Sin embargo, cuando indagué sobre este tipo de música me di cuenta de que había algo más que unos simples anuncios o unos cuantos video-juegos delante de ella. Cuanto más la escuchaba más me gustaba porque me recordaba a aquellas aventuras que me fascinaban cuando era pequeño (y no tan pequeño), repletas de aventuras, de héroes y villanos, de proezas increíbles, de batallas repletas de honor y gloria. Porque me transporta a mundos que no están al alcance de todos esos gerentes que sólo hablan de cifras y amenazan con el despido a las primeras de cambio. Porque no saben de contratos basura, de porcentajes de pérdidas o ganancias, ni de trajes y corbatas para dar una buena imagen ante el cliente.
Aunque a lo mejor, es justo lo que pretenden con todo esto y que su propio señuelo comercial venga en forma de aventuras épicas porque, ya sabéis, sin el reclamo adecuado no se vende y puede que yo me haya tragado el anzuelo, el sedal y hasta el pescador con traje y corbata que aguardaba tranquilamente en su barca.
En cualquier caso, me acompaña cada vez que necesito y quiero desconectar. Cada vez que la vida se vuelve demasiado gris, demasiado cuadriculada. O cuando busco esa escurridiza inspiración para una nueva historia, un nuevo guión, una nueva palabra.
Aquí no encontraréis más que un buen puñado de violines, trompetas y demás instrumentos “clásicos”, en muchos casos sintetizados, en otros alguna que otra orquesta se ha atrevido a interpretar la canción en cuestión. Nada de ritmos de chiringuito o de pistas de baile, o al menos no al uso. No me imagino yo bailando esto en la discoteca de turno, la verdad.
Muchos de vosotros podréis llegar a pensar: “Eh, esto no es más que otra forma de vender a cascoporro.”, “Otra vuelta de tuerca de las grandes empresas para que sigamos consumiendo.” Y puede que tengáis razón. Que todo esto sobre lo que os estoy hablando no sea más que otra mentira para mantenernos callados, sentaditos y que no prestemos atención a lo verdaderamente importante.
Quién sabe. A título personal, su descubrimiento me supuso un cambio, un soplo de aire fresco, cuando estaba cansándome de toda esa música que no me llenaba como antes. De sentir que mis pies no se despegaban de suelo tratando de alcanzar a mi propia imaginación que ya se encontraba saltando de nube en nube.
Para quien no la conozca y se esté preguntando sobre qué narices estoy hablando os dejaré unos cuantos de enlaces para que podáis juzgar por vosotros mismos.
Two Step From Hell - El Dorado
Future World Music - Dream Chasers
Two Step From Hell - Winterspell
Full Tilt - Interstellar
Pero no el tipo de música que puedes escuchar en la radio, repleta de grupos de moda, de canciones de discoteca y bailes imposibles. No, la música de la que vengo a hablar se encuentra situada en un extraño confín, en una remota región a la cual todos hemos llegado en algún momento de nuestra vida pero que, por hache o por be, no le hemos prestado suficiente atención. Al menos eso era lo que me pasaba a mí hasta que, hace unos años, movido por una curiosidad inexplicable comencé a investigar sobre el tema.
Me estoy refiriendo a La Música para Trailers o Música Épica. Este tipo de música, como bien indica su nombre es, ante todo, puramente comercial. Usada en anuncios, trailers de películas, video-juegos y, en general, cualquier tipo de producto para el cual se necesite un reclamo especial. Un anzuelo dorado que nos obligue a fijarnos el tiempo suficiente como para recordarlo más tarde, para que nos sintamos atraídos por aquello que tenemos delante de nuestras narices. Así es la vida, el libre comercio y todo lo que queráis. Sin un reclamo adecuado no se vende.
Sin embargo, cuando indagué sobre este tipo de música me di cuenta de que había algo más que unos simples anuncios o unos cuantos video-juegos delante de ella. Cuanto más la escuchaba más me gustaba porque me recordaba a aquellas aventuras que me fascinaban cuando era pequeño (y no tan pequeño), repletas de aventuras, de héroes y villanos, de proezas increíbles, de batallas repletas de honor y gloria. Porque me transporta a mundos que no están al alcance de todos esos gerentes que sólo hablan de cifras y amenazan con el despido a las primeras de cambio. Porque no saben de contratos basura, de porcentajes de pérdidas o ganancias, ni de trajes y corbatas para dar una buena imagen ante el cliente.
Aunque a lo mejor, es justo lo que pretenden con todo esto y que su propio señuelo comercial venga en forma de aventuras épicas porque, ya sabéis, sin el reclamo adecuado no se vende y puede que yo me haya tragado el anzuelo, el sedal y hasta el pescador con traje y corbata que aguardaba tranquilamente en su barca.
En cualquier caso, me acompaña cada vez que necesito y quiero desconectar. Cada vez que la vida se vuelve demasiado gris, demasiado cuadriculada. O cuando busco esa escurridiza inspiración para una nueva historia, un nuevo guión, una nueva palabra.
Aquí no encontraréis más que un buen puñado de violines, trompetas y demás instrumentos “clásicos”, en muchos casos sintetizados, en otros alguna que otra orquesta se ha atrevido a interpretar la canción en cuestión. Nada de ritmos de chiringuito o de pistas de baile, o al menos no al uso. No me imagino yo bailando esto en la discoteca de turno, la verdad.
Muchos de vosotros podréis llegar a pensar: “Eh, esto no es más que otra forma de vender a cascoporro.”, “Otra vuelta de tuerca de las grandes empresas para que sigamos consumiendo.” Y puede que tengáis razón. Que todo esto sobre lo que os estoy hablando no sea más que otra mentira para mantenernos callados, sentaditos y que no prestemos atención a lo verdaderamente importante.
Quién sabe. A título personal, su descubrimiento me supuso un cambio, un soplo de aire fresco, cuando estaba cansándome de toda esa música que no me llenaba como antes. De sentir que mis pies no se despegaban de suelo tratando de alcanzar a mi propia imaginación que ya se encontraba saltando de nube en nube.
Para quien no la conozca y se esté preguntando sobre qué narices estoy hablando os dejaré unos cuantos de enlaces para que podáis juzgar por vosotros mismos.
Two Step From Hell - El Dorado
Future World Music - Dream Chasers
Two Step From Hell - Winterspell
Full Tilt - Interstellar
domingo, 5 de mayo de 2013
La Tinta, el Tintero y... el Contratiempo
Todo cambio, cualquier cambio comienza con un deseo. Con el tiempo he aprendido que los deseos cuanto más simples mejor. De nada (o de muy poco) me sirve pensar en grandilocuentes finales, en metas gloriosas, si no estoy dispuesto ni tan si quiera a dar el primer paso.
Por aquí, entre mis muchos cuadernos, tengo un par de agendas. Sí, sí, agendas de anillas, de esas que se ven tan poco en un mundo lleno de tecnología. Las guardo con un propósito que hasta ahora únicamente estaba en mi cabeza. Porque veréis, tengo una pequeña manía, me encanta escribir a mano. Una afición que se remonta tiempo atrás. Digamos que si no lo escribo de mi puño y letra le falta algo, mira que he tratado de usar más el ordenador para plasmar mis ideas, mis proyectos o mis tonterías pero si antes no está en una hoja de papel... Mal empiezo.
De ahí las agendas. Hasta ahora cerradas, con un par de anotaciones aquí y allá, nada serio. Pero como ya he dicho: deseo cambiar. Quiero centrarme (una vez más) y buscar un pequeño sitio donde pueda estar (casi) sin molestar a los demás.
Con este pequeño pasito, este tan insignificante como abrir una agenda pienso dar rienda suelta a una parte de mi demasiado tiempo ocupada en otros asuntos.
Ya veremos hasta dónde me lleva este nuevo, pero al mismo tiempo, viejo sendero.
Por aquí, entre mis muchos cuadernos, tengo un par de agendas. Sí, sí, agendas de anillas, de esas que se ven tan poco en un mundo lleno de tecnología. Las guardo con un propósito que hasta ahora únicamente estaba en mi cabeza. Porque veréis, tengo una pequeña manía, me encanta escribir a mano. Una afición que se remonta tiempo atrás. Digamos que si no lo escribo de mi puño y letra le falta algo, mira que he tratado de usar más el ordenador para plasmar mis ideas, mis proyectos o mis tonterías pero si antes no está en una hoja de papel... Mal empiezo.
De ahí las agendas. Hasta ahora cerradas, con un par de anotaciones aquí y allá, nada serio. Pero como ya he dicho: deseo cambiar. Quiero centrarme (una vez más) y buscar un pequeño sitio donde pueda estar (casi) sin molestar a los demás.
Con este pequeño pasito, este tan insignificante como abrir una agenda pienso dar rienda suelta a una parte de mi demasiado tiempo ocupada en otros asuntos.
Ya veremos hasta dónde me lleva este nuevo, pero al mismo tiempo, viejo sendero.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)