No
le daba la mayor importancia, mi vida continuaba sin más
preocupaciones que las necesarias. Ir de aquí para allá, saltar de
trabajo en trabajo, charlar con los amigos, salir de fiesta. Lo
habitual.
Con
el paso del tiempo, comencé a abrir más frentes. El trabajo me
sabía a poco y me llenaba aún menos. No soy de los afortunados que
se sienten realizados con eso de levantarse a las 6 de la mañana,
estar ocho horas – legales, el resto ya se sabe. – peleando con
gente que lo único que entiende es el sonido de las monedas al
chocar en su cuenta corriente y regresar a casa con el único
aliciente de prepararse la cena y salir pitando a la cama para
intentar descansar, al menos, como una persona normal.
Más
bien, entro en el grupo de los inconformistas sin remedio. Algo
parecido al perro del hortelano en versión nihilista. Admito que si
no te gustan los trabajos, te los tomes como un medio y no como un
fin. Pagan las facturas y se acabó. Sin embargo, no puedo estarme
quieto.
En
mi mente se han llegado a cocer más historias, guiones y aventuras
de las que puedo recordar. Cuando tomé la decisión de canalizar
todo esto en papel, algunas se han conservado y otras han
desaparecido por completo. Otro grupo a parte son las que pertenecen
al género de “historia escrita y acabada”, aunque de momento son
las menos.
Si
alguno de los que me lee, con o sin frecuencia, le gusta escribir,
tal vez comparta conmigo la siguiente conclusión: de entre todas las
posibles aficiones que existen, la de escritor es una de las que más
tiempo consume. Ya sea escribiendo relato corto, cartas a amigos,
novelas, o lo que quieras, intentar compaginar una vida cuadriculada
con otra en donde las ideas y la imaginación sean el motor de
cualquier creación resulta, como mínimo, complicado.
Como
todo esta es una visión muy particular, basada en mi propia
experiencia.
Porque
todo comenzó como una pequeña molestia. Ahora, la falta de tiempo
es una dolencia crónica. Cada día que pasa, me veo más como un
extraño funambulista, tratando de buscar el equilibrio entre el
MundoReal™
y
el MundoImaginario®.
