martes, 30 de diciembre de 2008

La Tinta, el Tintero y... las Campanadas.

Recuera que son doce uvas, doce campanadas, doce historias, doce besos y doce lágrimas.

Yo me atragantaré con cada una de ellas. No son las mías, nunca lo han sido.

Por eso sigo escribiendo, soñando despierto.

lunes, 29 de diciembre de 2008

La Tinta, el Tintero y... la Luz

Por primera vez, me he quedado en blanco. No he sabido que hacer o que decir. Como un pasmarote me quedado a tu lado, observándote. El primero que dio cuenta, ha sido el frío ayudado por su amigo el viento. Una sonora bofetada ha conseguido que me despierte, que cambie por fin esa cara de bobalicón. Cuatro calles y tres bares más tarde caigo en la cuenta de que este año no he sido tan bueno como pensaba. Para celebrarlo voy a invitarme a otro trago con los amigos, por si decides aparecer únicamente has de seguir el rastro de copas vacías y ceniceros llenos de historias que jamás se cumplieron.

Como todo son buenas intenciones, no voy a esperar ni un solo segundo en meter mis manos entre las costuras de tu corazón. Pero basta, el siseo de esta cerveza me susurra que esta vez debo perder los papeles. Ser otra persona y dejar que todos mis instintos griten con todas sus fuerzas, verlo todo como si mi vida se representase en tres minutos, flashes de un video clip extraño. Donde todos los sentimientos aparecen y desaparecen a ritmo de batería. Es una buena idea, puede que me divierta, puede que te diga todo que he llegado a sentir, todo lo que me han dejado recordar. Como toda buena borrachera acabará en pelea. En un bar de mala muerte, por unas palabras que no dije, por unas manos que no rocé.

Los ojos si se me fueron, lo reconozco. Soñando mil historias de alcoba, donde tú eras la protagonista. Con otra piel, con otra risa, puede que con otras ganas de vivir. Quemé mis últimas esperanzas, al sonar el despertador. No existen razones en los libros, ni en los discursos programados de gente que no ha conocido ese sabor que tanto conocemos. En busca de tantas risas que no nos pertenecen, negadas hasta la saciedad por los mismos de siempre.

Salto en los charcos, recordando. Vuelvo a casa con tierra hasta las cejas, negándome a comer ese plato de verduras. Si quieres vienes, tú la llevas. Estoy bien, no te preocupes. No es más que una riña entre niños pequeños. Ir sin paraguas, con los calcetines chapoteando dentro de los zapatos. Exigiendo mis regalos de cumpleaños una semana antes. Riéndome de mí, de ese reflejo extraño en aquel espejo deformado. Perdiéndome el final de la película por buscar las últimas palomitas. Fumándome la vida con un cubata en la mano. Hurgándome la nariz mientras el sacerdote oficia mi primera comunión.

Por eso estoy bien, da igual lo que pase a mi alrededor. Lanzaré patadas a la espinilla al primero que me diga lo que esta bien o lo que esta mal. Prefiero asomarme yo mismo al borde del precipicio, sentir ese miedo en la boca del estómago. No te enfades por mis contestaciones. No van con ninguna mala intención, quiero ver el fuego en tus ojos. Escuchar el portazo y que el eco llene noches enteras mientras la escoba me sirve de guitarra eléctrica.

Ahora voy a apagar la luz para ver cuánto tardarán tus sueños en irse de mi habitación...

miércoles, 17 de diciembre de 2008

La Tinta, el Tintero y... el Viento

Sentado, tranquilo y acorralado. De este modo me encuentro en el centro del maldito huracán. De cuando en cuando intento traspasar el muro de cotidiano del que todo el mundo habla. De caminar de puntillas sin demasiado alboroto que los vecinos pueden oírme y lanzarme a las bocas de los perros de presa de turno. Varios intentos más tarde, me armo de nuevo de valor y lanzándome contra aquel muro de miradas, de acciones repetidas hasta la saciedad, me paro en seco en el último segundo. Ahora no me apetece, tal vez luego. Me siento de nuevo y cuento los pasos indiferentes de la gente, las sonrisas frías y ensayadas hasta la obsesión. No es un mal ejercicio mientras no caigas en él. Pienso mientras empaqueto como puedo mis libros y mis sueños para la siguiente carga de material que ni tan siquiera soy capaz de mover.

La mirada indiferente y el cuerpo magullado de tanta lucha inútil. Mareante, el muro de viento y codicia gira sin parar, sin dar un segundo de tregua. Con las mismas, me incorporo de nuevo ante una nueva señal. Una sonrisa dulce de mirada cálida y lágrima fácil. Acerco mis pasos curiosos, siempre me gustó indagar sobre esa clase de personas a las que aún les gusta jugar con las nubes, perdiendo la vista entre las miles de figuras que forman. Un segundo paso más cerca y cientos de manos me arrastran por delante de caras acorbatadas, de sonrisa de partido de fútbol de los domingos. 'Aquí vamos otra vez...', da comienzo un baile extraño, que incluye desprecios a quemarropa e insultos en corto. Con la imaginación. Una salva impacta contra el muro cercano, las frías manos se alejan abandonándome a mi suerte. Tampoco me ayudaron mucho antes. Da igual, los sueños han desaparecido bajo mis pies. En estos momentos la confusión sale a escena, con todo lo que eso conlleva. Entre bandazos, empujones y gritos histéricos consigo distinguir de nuevo aquella sonrisa, aquella mirada, pero es demasiado tarde. Mi escepticismo supera todo lo demás. No es el precio convenido, ni mucho menos. Las condiciones, pésimas, sin lugar a dudas.

Corro cuanto puedo, sin respiración consigo alcanzar un lugar seguro, creo. Valoro la situación y me lanzo de nuevo a lidiar con lo que se ponga por delante. No queda otra. El huracán arrecia, los golpes se suceden y termino agarrado a lo primero que pasa por mi lado. Por una vez parece que huele a fresa y a tormenta fresca. Cuando intento acercar mis labios me arrancan de su lado. No siento pena, ni arrepentimiento, no hay tiempo para eso. Prevalece la pelea despiadada, yo contra el viento, yo contra el fuego. Sin dilación preparo el contraataque. Me he cansado de tanta historia mal contada, de esas canciones que no saben a nada, de las normas que jamás se aplican.

De pronto, una salida. Aprovecho un segundo de tregua y escapo como puedo. Atrás dejo aquella sonrisa, ese aroma a fresa y a esos labios que tuve tan cerca. Ya llegará el tiempo de revancha. De nuevo a mi encierro. A mis planes, a todas esas tonterías que te roban una sonrisa, a esas noches en vela pensando en caricias furtivas que dejan huella. Algún día. - pienso - Algún día, conseguiré escapar. Aunque hasta ahora me ha resultado imposible. Caigo una y otra vez en el mismo anzuelo. No estoy seguro. De vez en cuando, por probar no pasa nada. Tentando a la suerte o a quien primero se cruce.

Papel mojado, hasta que lo tenga claro. No hay más remedio... hasta que llegue ese momento permaneceré aquí sentado, tranquilo y acorralado.

lunes, 8 de diciembre de 2008

La Tinta, el Tintero y... la Cortina

Atención: Relato Corto.
Un ligero perfume a hierbabuena lo impregnaba todo. Siempre le había gustado a su esposa. Desde que se conocieron usaba esa fragancia cada vez que tenía la oportunidad. Simplemente se fue acostumbrando a él, y terminó por formar parte de su vida. Por esa razón cada quince días un ramillete fresco aparecía en el jarrón de su mesilla. La puerta se abrió suavemente mientras él contemplaba la ciudad desde la ventana. No se molestó en darse la vuelta. Sabía perfectamente quien era y qué había venido a hacer.

- Buenos días, Señor Romero. Es la hora de la pastilla. - Comentó suavemente la enfermera al tiempo que empujaba suavemente una mesilla.
- Hola, Ana. - respondió él.

La enfermera paró en seco. No era posible. Aquel anciano jamás se acordaba de nada. Era imposible que supiera como se llamaba. Por lo poco que sabía se encontraba solo. Como casi todos los ancianos de la residencia. Nadie le visitaba, sus hijos lo dejaron por imposible hace mucho tiempo. Les resultaba demasiado doloroso ver como su propio padre no se acordaba de nada. Al principio se lo tomaban con resignación pero al final... Eran ellos los que cambiaban la hierbabuena de la habitación. Hasta que un día lo dejaron de hacer. No hubo palabras de despedida. Dejaron de visitarle. El primer día que entro a trabajar le vio llorar porque ya no olía ha hierbabuena. Era ella quien la cambiaba cada semana, cuando dormía. La sensación era extraña, muy extraña. Cada vez que realizaba la ronda y entraba en cada una de las habitaciones hablaba con una persona distinta cada vez. Para algunos era su nieta, su hija, su esposa, su amiga del instituto... e incluso fantasmas del pasado que llegaban para atormentarles.

Hoy no habrá más pastillas, Ana. Hoy no. No quiero volver al olvido. - hablo el anciano, fijándose en las arrugas que recorrían su rostro reflejadas en el cristal. - ¿Sabes? No tengo ni idea de porque me he vuelto a acordar. Cuando me he dado cuenta estaba mirando la calle y he recordado todo. Lo bueno y lo malo. El porque estoy aquí. De toda mi vida, de cómo empecé a ser un estorbo para mis propios hijos. De casa en casa porque ninguno me soportaba. Mis despistes, mis alucinaciones... mis enfados de niño pequeño. Recordé perfectamente el día que me llevaron aquí. Mi hija lloraba mucho, pero yo no le hice caso. Algo no me gustaba de este lugar. Me tuvieron que engañar para que entrase.

El día que murió mi esposa y regrese a mi casa. Lo primero que hice fue llorar. Estuve toda la noche llorando. Todas las lágrimas que no derrame por ella en su funeral las derrame parado en la entrada de mi casa. No sé porque lo hice, supongo que nunca le demostré lo mucho que la amaba. A ella y mis hijos. He cometido muchos fallos en mi vida. Muchas meteduras de pata. Por mi cabezonería algunas salieron bien y otras mal. Ahora hecho mucho de menos la forma que tenía de enfadarse conmigo. No me hablaba durante días hasta que conseguía que se riera. - una sonrisa triste se dibujó en su rostro. - Que curioso, ¿verdad? Hasta que no la hiciera reír... luego hablábamos durante horas hasta que se salía con la suya. Era única para eso... cuando murió... no sabía hacer las cosas sin ella. Era incapaz. Me fui abandonando...

Intenté ser una buena persona, dentro de las posibilidades que te da la vida. Algunas veces me deje llevar, porque la vida por mucho que digan no sabe a nada. Que no te engañen, la vida en sí misma es gris. Sólo unos cuantos momentos la salvan y poco más. Con mis hijos intenté que esa llama, esa esperanza jamás se apagara. Pero fracasé, como tantos otros. No puedes luchar contra eso. La vida siempre se lleva el bocado más grande. Y al crecer dejan de soñar, incluso con lo más sencillo. Aunque jamás me rendí... hasta que me empezó a suceder esto. Al principio pensé que era por mí. Siempre fui un despistado. Hasta que un buen día me encontraron de madrugada paseando solo. No reconocí sus rostros. Mi hijo lloró. Creo que fue la primera vez que le vi llorar.

Por eso no quiero volver al olvido. No he sido el mejor. Pero la vida que me ha tocado vivir es mía. No quiero que se pierda como si jamás hubiera ocurrido. No quiero más pastillas... no quiero... - cerró los ojos y respiró profundamente. - Por favor, Ana. Prométeme una cosa. No dejes de cambiar la hierbabuena, ¿quieres? Me recuerda tanto a ella... - Se llevó las manos a la cabeza. Algo no iba bien. Le dolía mucho, demasiado...

Se giró muy despacio... - ¿Por qué estas en mi casa? -

- Es... es la hora de las pastillas, Señor Romero. - respondió la enfermera mientras una lágrima recorría su mejilla. Un ligero olor a hierbabuena impregnaba suavemente la habitación. Un ligero olor que le recordaba tanto ella...

lunes, 1 de diciembre de 2008

La Tinta, el Tintero y... el Zoológico

Cuántas veces has llorado en una esquina de tu habitación, cuantas veces has visto como simplemente se escapaba entre los dedos. Todo aquello que creías justo, que necesitabas a tu lado. Demasiadas veces has usado tu propio corazón de escudo. Tus propios sentimientos no han valido para nada, eres un perro de presa a la espera de la siguiente victima. Una paranoia tan inútil y obsesiva mina lo poco que ha quedado de la persona que algún día fuiste. Aprendiste muy bien la lección. Cambias de bando para obtener el máximo beneficio. Es un sabor agradable ¿cierto? Cuando vuelves a casa y sientes que has desperdiciado de nuevo 24 horas de tu existencia. Esa pequeña bolita en el estomago, esa sensación de vacío ha crecido incontrolable. Piensas que de algún modo lo que haces esta bien, sin importar en absoluto el precio que has de pagar. Es lo que te piden, es tu deber.

Me pregunto hasta cuando soportaras esa carga. Cuantas miradas asesinas has lanzado porque la gente que tienes por debajo no ha hecho ni puto caso. Lanzándote a la carga para mantener una posición, un estatus, un modo de vida, contra unos enemigos invisibles. Las ojeras que cargas son más que evidentes y esa sonrisa falsa que tan fácilmente ofreces. Resultas tan patético que me figuro que te darás pena a ti mismo cada vez que te miras al espejo. Lo he notado, por eso razón me odias, porque aun conservo esa vitalidad con la que me puedo reír de todo y de todos. Porque soy uno de los pocos que todavía te cuestionan. Que frustrante debe de ser. Reflejado en una persona todo aquello que te pone enfermo. Ver que da lo mismo que gane o que pierda, que me eches a los lobos o que tus palabras biensonantes no surten efecto sobre mí. Te revuelve las entrañas cada vez que ves que como me salto tus jodidas reglas a la torera. No se si lo sabrás pero me encanta. Hace tiempo que asumí lo que fui, lo que soy y lo que iba a ser y como buen amante del Arte de la Guerra no tengo porque luchar contra ti para derrotarte, no. Por esa razón, cada día pones más barreras, más trampas con la ilusión de ver si caigo directamente sobre ellas. Una pena que no lo haga, que no me deje guiar como el resto de los corderos.

Con absoluta sinceridad, ¿cómo eres capaz de aguantarte todas las noches? Me gustaría hacerle esa pregunta a tu familia. Bueno, mas concretamente a tu mujer, puesto que a tus hijos ya los has aleccionado bastante. ¿Es esto lo que esperabas de la vida? Yo no, esta claro. Pero eso ya lo sabes muy bien, me gusta perderme entre la gente, me gusta probar nuevos labios y esperar sentado mientras veo al Destino llega tarde a todas partes. No es que me tenga intrigado pero no es aplicable eso de que la curiosidad mato al gato. Quiero conocer todos los sin sabores de una vida que hace tiempo deje de lado. Tú en cambio la has atrapado con los brazos abiertos. ¿Cuánto tiempo hace que no juegas al escondite? Yo lo suelo hacer a menudo, en cualquier rincón donde me dejen un poco de lado. Es fácil, no te confundas que yo también pago mis facturas. Es mas, hace tiempo que me dije que si me quedo despierto hasta tarde seria por una razón que no viene a cuento. De lo poco que me queda sereno, no voy a hablarte porque ni yo mismo me acuerdo. Ahora bien, se que tu también me lees la mirada y como ya habrás supuesto el cargo que ocupes me resbala bastante. Soy yo el que si puede encortar una salida, si no doy con ella da igual. Te aseguro que no me voy a desesperar.

Me juego el cuello a que por el camino soy capaz de perseguir labios, faldas, estrellas... sombras al fin y al cabo, que mas da mientras tu sigues llorando y gritando porque una vez te dijeron como seria la vida y como te engañaron por un pedazo de dignidad.

miércoles, 26 de noviembre de 2008

La Tinta, el Tintero y... el Alfanje

Sigo vivo, aún a pesar de sus expectativas... sigo respirando. Como puedo, sigo esquivando las cuerdas lanzadas por los maestro titiriteros. Algunas veces resulta más fácil, algunas que otras tropiezo y las que menos me dejo caer. Ya sea en tus brazos o de cabeza en un agujero, lo importante es no estarse quieto. Esta vez me ha tocado bailar solo, ni mal acompañado ni con la más fea. Atragantándome en cada paso con los desplantes y los discursos acicalados de todos aquellos que me intentan vender la moto. Esto se ha convertido en una competición. Por la calle número dos: todos aquellos infelices que vendieron sus sueños. Por la calle número tres: los que fueron capaces de vender su humanidad - y las del resto - por una bonita corbata y un pelo engominado. En la calle central: yo y mi absoluta certeza de que esta vez sí me quedaré por el camino.

Ya no tengo fuerzas, por más que echo sueños a la caldera esta máquina no da más de si. Seguiré con mi ritmo y que Dios - o quien quiera - reparta suerte. La sensación no es de velocidad vertiginosa, de formas y colores difuminados. Todo lo contrario, con movimientos torpes intento reaccionar, de manera grotesca me mantengo despierto, expectante para poder esquivar un golpe que seguro recibiré. En algún momento, la carrera ha comenzado. Lo sé porque a mi alrededor todo el mundo grita fascinado, alentando a todos esos que sin remordimiento aplastarán sus vidas a la primera ocasión. Veo, como era de esperar, a unos y otros ayudándose a ganar, en cambio, yo ni siquiera he dado un paso. Ni me importa ni quiero recorrer ese camino. Ha llegado un momento que poco me afectan ya sus embestidas. Con la misma cara que puse al comenzar, doy media vuelta y busco alguna razón de más para usarla como en el tren de los hermanos Marx.

Porque señores, no nos engañemos, esto es la guerra. Así, sin más.

miércoles, 19 de noviembre de 2008

La Tinta, el Tintero y... la Yugular

Como todo buen animal acorralado he dejado a un lado todo lo superfluo y me dedico a sobrevivir lo mejor que puedo. Gracias a un horario de trabajo - de esos en pos del progreso empresarial - de 14 horas - y media - veo el mundo con otros ojos, más raros de lo habitual. Aunque parezca mentira - y eso que únicamente son dos semanas -. Con lo cual dejaré de lado un poco la prosa rara con la que suelo escribir. Escribiré y punto.

Sin ir más lejos, ayer tuve que reprimir dos deseos, justo cuando el anormal de mi gerente - o comercial o como hostias se quiera autodenominar - me hizo entrega de un maravillo ladrillo electrónico de esos que pesan un quintal. Con un - Qué tal, cómo lo llevas. - que me revuelven las tripas, sólo porque no han tenido las narices de pagar un curso con su material y todo. Me imagino dándo clases en la autoescuela conduciendo mi propio coche. El primero de los deseos que mastiqué a conciencia y trague despacito fue el de estamparle la cara con lo primero que tuviera a mano. Aunque creo que su capa de grasa hubiera amortiguado el golpe. El segundo fue el de vomitar. En su - puta - cara a ser posible. Se me están hinchando los mismismos porque me acaban de meter de lleno en un puñetero juego que odio a muerte. Sus "por y para el futuro laboral" se los metía yo de canto - y a hostia limpia -. No sé si pasar luego varios años compartiendo celda con el "makinavaja" de turno lo compensaría. Un rato después de quitarme la máscara de "mira que contento estoy porque gracias a mi sobreexplotación estoy pagando a tu putita de dieciocho años y 700 pavos la mamada - mientras tu mujer se folla al vecino de 2º A -", me acerco al servicio e intento despejarme lo mejor que puedo. A ver si por un casual todo este odio se va cañería abajo.

Va a ser que no, sólo me queda una esperanza: ese puntito de luz que al que persigo como un auténtico anormal. Ese puntito con el que sueño todos los días, ese al que le sobresale ligeramente el tanga del vaquero y que por casualidades de la vida juega conmigo como si fuéramos dos completos desconocidos. Me gustan las reglas. Como también me gustaría quitarme las ganas con sus caderas. De momento, nos quedamos como estamos porque mi siguiente paso va a ser cagarme en el colega que inventó la llave Forküsen para apretar los tornillos Guibur del módulo Histoffen. Mientras realizamos una huída en toda regla de lo que fue mi hogar - dulce hogar - durante unos cuantos largos años, no podía ser de otra manera. No hay tiempo para una retirada organizada, no quiero tenerlo. Bien mirado, con la trampa casi preparada y al terminarla, veremos cuanto tiempo pasa para que te vea durmiendo a mi lado... pero esta vez será en mi propia casa - en alquiler, eso sí -. Lo que todavía no me queda demasiado claro es si esta pequeña intringa se maquina bajo mis condiciones... o las tuyas.

domingo, 16 de noviembre de 2008

La Tinta, el Tintero y... el Vacío

¡Alto todo el mundo! He dicho que os estéis quietos antes de que me cabree de verdad. Gracias, menuda tranquilidad, ni tan si quiera un vaso de agua me puedo tomar sin que el resto del mundo quiera agarrar más de lo que realmente es capaz de abarcar. No es extraño que cada día me cueste más despertar, al oír ese maldito despertador te juro que si dependiera de mí... voy a tranquilizarme un poco, aún viendo como el tiempo se agota.

¿Alguna ves os habéis parado a pensar(lo)? Somos los mayores hipócritas del reino. Nos encanta jugar a las escondidas, cómo si no hubiéramos podido soportar todo esto y buscáramos refugio en el primer agujero al alcance de nuestra mano. Toda la maldita basura que se acumula a los pies de nuestro hogar - dulce hogar -. Si tuviéramos un minuto para pensar, sinceramente pienso que la mitad de nosotros se lanzaría al vacío y la otra mitad nos daría ese empujoncito final. Buscando siempre una excusa, otra mentira con la que poder sacar fuerzas y no parar de caminar. A ninguna parte en particular, tal vez con la fría esperanza de que la siguiente recámara del tambor permanezca vacía al menos veinticuatro horas más. Yo simplemente prefiero pensar de qué color tendrás hoy la ropa interior. No es nada personal, sólo es una pequeña obsesión.

Tal vez sea hora de cambiar, de intentar mirar más allá o simplemente darnos un minuto para reflexionar - sobre si seremos los que saltemos o los que empujemos... o miremos sin más -. La situación no ha mejorado mucho ¿cierto? Las perspectivas se mantienen firmes al igual que nuestros sueños. Únicamente cambian de estación para continuar el viaje, sin servicio de catering ni hilo musical - por supuesto, olvídate de una buena película para pasar el rato -. Aunque ahora mi visión ha sufrido ciertos cambios, por fin... con la esperanza de sobrevolar el páramo. Inicio mi propio viaje, en breve y - espero - sin demasiados problemas. Conozco los sacrificios que debo realizar pero las recompensas los ganan con creces. Miro el camino que me llevará a la gloria o a la ruina y esta vez - por primera vez - no me da miedo, ni rabia, nada. Simplemente está ahí, esperando a que den el pistoletazo de salida y me despierte sin tu calor, sin tener que recoger tu ropa esparcida por toda la habitación. Sueño con encontrarte durmiendo en el sofá de mi salón. No es un sueño extraño, ni siquiera trato de pensar demasiado en eso. En estos momentos, por más que me pese estoy obligado a olvidarme un rato de jugar al ratón y al gato.

Cada vez que me lo recuerdan no sabes las ganas de apretar el gatillo que me entran. Gracias a todos esos bastardos que juegan con tu tiempo, con sus formas acicaladas, con sus píldoras doradas, con sus palabras de sacrificio por el bien común. Ellos que no han conocido ni conocerán la mitad de los sabores de esta maldita ciudad. Con sus trajes bien planchados y sus ojeras bien disimuladas gracias a lo último en cosmética. Esos... que prefieren vender su alma por un porcentaje de los beneficios, esos mismos beneficios que dilapidan en la cocaína necesaria para mantenerse en la cumbre. Si realmente supieran cómo sería capaz de manejar sus vidas... de cómo las sacrificaría en pos de mi propia satisfacción personal... no me miarían de forma tan condescendiente. Como quien mira a un chiquillo al cual la lección de hoy le viene demasiado grande. Dios, no sabes cuanto lo odio... pero bueno, basta de cháchara. Esta píldora la voy a tener que tragar, dorada o sin dorar, con agua o sin ella. Cuando antes me haga a la idea, antes podré pasar página.

Y ten por seguro que cuando esto acabe... cuando pueda volver a tener algo de tiempo, me quedaré analizando la mejor jugada, la mejor táctica. Esta vez será una auténtica sorpresa. Por que ahora lo he comprendido todo... no soy el cazador, ni tan siquiera la presa... pero he de moverme lo mejor que pueda por este siniestro campo de batalla.

martes, 11 de noviembre de 2008

La Tinta, el Tintero y... la Lluvia

Simplemente ya no está. Le llegó su hora o se le adelantó el reloj, lo mismo da. No habrá recuerdos para él. Únicamente un triste papel en las puertas de algunos portales anunciando el día de su muerte. Tampoco necesitaba más - o eso creo -. Los que habéis vivido en mi barrio supongo que le conocíais, aunque sea de vista. De entre todos los putos pirados de los alrededores siempre ha sido uno de los más "amables".

Con amabilidad me refiero a que al menos te respondía cuando le saludabas, sin saber siquiera quién eras o qué leches querías de él. Al menos no te intentaba partir la cara, vender droga, soplarte en la oreja o preguntarte la hora llevando encima unas dos docenas de relojes. Su barba característica, su perro fiel y su gorro de lana le definían perfectamente. Le conocíamos por 'Guillermo'. Siempre le veías o paseando o hablando solo o ambas cosas a la vez. Que yo recuerde, únicamente se estaba quieto en los bares. En ninguno de ellos le negaron la entrada y en todos le esperaba una jarra helada de agua, a veces un café que jamás le cobraron. A parte, en todos los bares ayudaba a los camareros a limpiar las mesas, nadie le decía ni mu. Los que lo hacían recibían como respuesta un batiburrillo de palabras inconexas y una risa como ribete de oro. En el fondo sería una buena persona, o al menos lo fue... a quien le importa ya.

No conozco nada de su historia, siempre hubo rumores sobre su locura. Algunos decían que siempre había sido así, otros que tuvo problemas con algún tipo de fármaco - legales o ilegales, poco importa -, los más sórdidos que tuvo un accidente de algún tipo que le dejó como las maracas de machín. De vez en cuando, al cruzarme con él le saludaba y él me respondía con un: Hola, majo o algo por el estilo. Ni siquiera me conocía, ni como me llamaba. Simplemente estaba ahí, te saludaba y continuaba con su charla interna, fuera la que fuese. No es que considerase sus conversaciones demasiado cortas, tal vez las nuestras son demasiado largas. Tan vacías que un simple saludo y voy a donde me sale de los cojones nos parece desagradable.

Poco más he de contar, hará un par de días o tres me dijeron que había muerto, que la última vez que lo vieron fue en un parque hablando solo y con su perro fiel. Menuda novedad ¿eh? Tampoco estoy muy seguro de por qué le dedico unas palabras, tal vez porque en el fondo si tengo que echar de menos a alguno de los putos pirados del barrio, el tendría todas las papeletas. Que cojones, las tiene o las tenía. Poco importa ya...

jueves, 6 de noviembre de 2008

La Tinta, el Tintero y... el Ojo

Un trago largo de café. De esos de máquina, demasiado aguados, demasiada cafeína, demasiadas fantasías diluidas que te ayudan a mantenerte sereno. Creo que hoy llevo cuatro, o cinco, hasta arriba de sustancias que acaban en '-ina'. No quiero dormir, hoy no, pero mi cuerpo se niega. Por mucho que me esfuerzo, que intento creer, no puedo. Salir a que me de el aire fresco, tal vez eso me ayude.

Supongo que con el tiempo uno se cansa de perseguir sueños y sombras. De intercambiar caricias frías y discusiones calientes. Lo mejor será dejar de navegar entre nubes, de asaltar castillos imaginarios... lo mejor será transformarse en uno más. Pagar mis impuestos, comparar precios, no tener tiempo. Evitar despertarme en brazos ajenos, beber demasiado y reírme de la forma grotesca reflejada en el espejo. Que mis manos ya no se pierdan por tu espalda, ni que mis cosquillas se conviertan en caricias. Ni planchar tu ropa interior un día de lluvia mientras únicamente vistes una camiseta.

No me apetece descolgar el teléfono para escuchar la voz de mi madre preguntando si esta vez me lo he comido todo. Ni tampoco quedarme dormido mientras espero ese estúpido mensaje. Algunas veces, me gustaría que todas esas luces dejaran de girar. Esa canción que tanto me gusta, hoy voy a escucharla sin parar. Sin fuerzas para terminar todos esos libros que nunca han poblado mis estanterías. Paso de que mi conciencia me ponga zancadillas, ahora voy a ir yo directo a la espinilla. Veamos qué tal le sienta. Porque después de dos cerveza, no voy a dejar que me dejes tu impronta con la lengua, y si vuelves a hacer eso. Mira paso, no me voy a controlar. Pase lo que pase... me iré a la cama caliente.

Pse, no es tan malo como tú te crees. Ahora después de unos cuantos cafés, de esos con demasiada cafeína, demasiadas risas... demasiado aguados. Puede que porque me guste cambiar. La llamada que esperabas, pues no lo sé, comprueba si estoy en la ciudad. Si no lo estoy, pues mala suerte. Aunque lo más seguro que te esté esperando en aquella barra de bar. Sin ganas de hablar, veo que se agota el tiempo, mirando como un lelo hacia ningún lugar. Mientras otros me pinchan, me estafan o simplemente les entran ganas de jugar. Creo que la imaginación se ha caído en algún lado, no recuerdo bien; en estos momentos la he dado un poco de lado. Me han comentando que lo único que debo hacer es sudar un poco, llorar un rato y sangrar lo justo, no son argumentos que vayan conmigo pero si por una vez funcionan, ¡que diablos! Ya esta bien de buscar siempre en los bolsillos de pantalones que no son míos.

Lo más probable es que acabe como siempre, caminando por alguna calle sin detenme a pensar en lo que sucede. Con el único deseo de no quedarme dormido, no esta vez. Si me quedo dormido volverán a acosarme todos esos sueños, todas esas fantasías. Quiero que de una vez se terminen, que me dejen en paz. Escuchar por fin el ruido de esta gran ciudad. Observar por un instante como se ve la realidad. Con esos prejuicios que tanto nos gusta admirar. Porque esta vez no me quiero dormir, no quiero soñar, pues de sobra me es conocido que es en mis sueño en el único lugar donde te puedo encontrar.

domingo, 2 de noviembre de 2008

La Tinta, el Tintero y... el Renglón

¿Te acuerdas de cuando tenías todo el tiempo del mundo? Te pertenecía única y exclusivamente a ti, a nadie más. Nunca rendías cuentas. Lo administrabas a voluntad, sin pensar en el ayer o el mañana. Simplemente estabas ahí, ni más ni menos. El mundo se moldeaba a tus deseos, a tus caprichos. Todos hemos pasado por esa época. Todos sonreímos de manera paternal - y estúpida - al ver que incluso ahora no cambiamos. Por mucho que nos obliguen, por mucho que nos empujen.

¿Te acuerdas cuando la nostalgia era pura ficción? Cuando los días de lluvia no impedían absolutamente nada. Cuando los cambios de estación únicamente suponían un cambio de ropa. Un lavado de cara. Una sonrisa nueva, sin necesidad de guardar ningún rencor entre bolas de alcanfor. Ni siquiera los charcos te recordaban aquellos momentos en los que no supiste decir que no.

¿Te acuerdas de todas aquellas fotografías? Que nunca nos hicimos. Con esas medias sonrisas, esos juegos extraños que nunca terminaron bien. Recuerdos poblados de: ¿Y si...?, no se cumplieron. De tardes, de miradas perdidas, de manos entrelazadas y de calles que no llegan a ninguna parte. Todos esos momentos de los que no tendremos recuerdo.

¿Te acuerdas de que el cielo siempre podía esperar? O el infierno, daba igual. No tenías prisa por llegar. Ni siquiera cuando toda la maldita gente te intentaba convencer de lo contrario. La última y nos vamos, y que digan lo que quieran. Si voy midiendo las calles, o me quedo frito en el hombro de cualquier desconocido. No será la primera ni la última que me echen a patadas de este asqueroso bar.

¿Te acuerdas cuando los sentimientos los podías coleccionar? Sin exigir nada a cambio. Simplemente eran para ti y de nadie más. Las explicaciones no existían, nadie te las pedía. Llorabas si te daba la gana o reías por cualquier tontería. Un saco lleno para dar y tomar. Cuando te cruzabas conmigo, únicamente me pedías los que yo no tenía, aquellos que no te podía ofrecer. Tú en cambio me lanzabas todos los que no querías. Todos esos que reposan en el fondo del cenicero. Los que se han consumido sin que nadie los haya probado.

¿Te acuerdas? Sinceramente, espero que sí... porque a mí, la verdad, no me quedan recuerdos de este lugar.

viernes, 24 de octubre de 2008

La Tinta, el Tintero y... el Abrazo

Intentaré tranquilizarme, respirar hondo. La lluvia lo empapa todo y el viento se encarga de esparcir las pocas lágrimas que me quedaban. Al otro lado del cristal aguarda la ciudad, impasible, gris y fría, en cualquier época del año. Todas sus risas, todas sus borracheras y todas sus histerias se acaban de transformar en un rugido, tan sobrecogedor que incluso a mí me provoca pánico. ¿No lo sientes? ¿Acaso estas tan sumamente ciego? Es imposible, perdiste tu propio corazón, tu propia alma, únicamente por perseguir un ideal colgado de una cuerda, como un asno que esta obligado a seguir adelante. No has comprendido absolutamente nada de este juego. Te has dejado llevar, sin más, sin pensar. Como yo. Como todos. Mientras, la lluvia continúa arrastrando todos los mitos y leyendas que una vez poblaron los sueños.

El reflejo de la ventana sigue llorando por mí, por todas las cajas de Pandora que una vez se abrieron. Liberando todos esos males que tan rápido abrazamos. En ese instante el propio cielo comenzó a llorar, la tierra a gritar, los árboles a susurrar historias hace tiempo olvidadas. ¿Os puedo contar un secreto? En el fondo de la famosa Caja de Pandora aún guarda el más temible de todas esas desgracias: la Esperanza. Pues es la única que sin medida puede acabar con todo lo que hemos construido, aunque mirándolo fríamente, tampoco es tan malo ¿verdad? Sólo aquel que la conserva continua luchando hasta el fin, persiguiendo sus sueños - por terribles que sean -, arrastrar hasta su agujero a todo el que contagia. El brillo de mis ojos - de tus ojos - me delata, sabía que llegaría el día, que lo tendría que reconocer. Estoy infectado, sobredosis de Esperanza, supongo - espero -. Este maquiavélico juego que hemos inventado posee las reglas más crueles que uno pueda imaginarse. - Aquel que posea la antorcha de la esperanza alimentará el fuego de la desesperación. - susurran inconscientes todas esas imágenes huecas. Pues jamás se nos recordará. Los pasos que demos serán borrado - la tierra se encargará de ello -, las palabras que digamos serán silenciadas - el viento las arrastrará lejos -, las historias que contemos o vivamos serán deformadas en nuestro perjuicio - los bosques seguirán hablando entre ellos -.

He dejado atrás la imagen del espejo, sentado en el banco de un parque cualquiera hojeo las páginas de mi vida, intentando sacar algún sentido, alguna trama que sirva de combustible. Noto una presencia a mi lado. Me susurra historias obscenas de finales retorcidos, fábulas de fantasía con miles de giros a gusto del consumidor, vidas encasilladas con sus sueños y sus esperanzas. - Quién eres - pregunto sin dirigirle la vista. Pero Destino nunca revela todas sus cartas, simplemente continua con su monótona lista, tampoco me mira. De vez en cuando, se ríe entre dientes, me analiza de arriba a abajo y prosigue, me tienta. Me lo sirve en bandeja de plata. - Esta vez, no. Ahora, no. - y desenfundó mi fiel H&K, cruzo la primera y última mirada con él y le vuelo la tapa de los sesos. Demasiadas mentiras, demasiadas veces has intentado confundirme, tirando de mis hilos. Intentando que crea en una vida mejor, como si no tuviera suficiente con el peso de mis propios pensamientos. Pse, si pudiera verse ahora mismo... no ha cambiado absolutamente nada. - No sé quien seguía creyendo en ti. - pienso, - A lo mejor el Maestro de Marionetas sea otro. -. Ya da igual, no puedo volver sobre mis pasos, ni extraerle la bala de apatía que tan fríamente he alojado en su cabeza.

Durante mi breve encuentro con Destino, el viento furioso ha decidido arrancar las pocas páginas que formaban el diario de mi vida. Las ha robado para entregárselas a los árboles, así podrán continuar con sus cotilleos y confabulaciones. Mis manos sólo sujetan un par de tapas negras. - Tendré que empezar de nuevo, como siempre. - suspiro al tiempo que saco una nueva libreta y desenrosco la caperuza de mi pluma. - Veamos, por donde empiezo...

Alguien me susurra, el sonido surge debajo de mí. Es mi propio reflejo, me ha seguido hasta aquí,. Cruzamos las miradas. Sonreímos. - Detén tus pasos y disponte a seguirme. Pues ayer yo fui lo que tú eres hoy... y mañana serás lo que ahora soy. - me dice.

- No me vengas con gilipolleces… todavía me quedan 14 balas en el cargador. -

miércoles, 15 de octubre de 2008

La Tinta, el Tintero y... la Niebla

Recoge tus cosas, tienes exactamente cinco minutos para preparar una mochila, una donde únicamente te quepa una muda de ropa - esa que siempre te deseo quitar -, un juego de sonrisas de usar y tirar y algún que otro manual de 'Como configurar nuestros sueños para entrar en guerra con la realidad'. Esta vez te prometo no portarme mal, sólo lo suficiente para que no te olvides de respirar. ¿Preguntas qué es lo que llevo en mi macuto? Ya sabes, lo de siempre: secretos olvidados, que te iré contando para no aburrirnos demasiado, una cantimplora llena de lágrimas que nunca derramé y un aislante para poder dormir en todos esos lugares en donde te perdí.

Parece que el tiempo acompaña, serán dos o tres días más aunque en mi trabajo ya he dicho que no se aburran demasiado si deciden esperar. Que llamen todo lo que quieran, que busquen hasta hartarse entre el cielo y la tierra. No pienso aparecer, ni siquiera para recoger lo poco que me olvidé mientras jugaba a ser una persona respetable. El dinero no me preocupa, allá donde vamos te aseguro que vale menos de lo que cuesta hacer reír o llorar, bueno, ya me entiendes. ¿Que por qué tantas prisas? No sé, recibí un mensaje, una señal que me gritaba - ¡CORRE HASTA QUE NO PUEDAS MÁS! - y decidí que por una vez, todo podría salir bien, que me sentaría bien poder paladear el sabor de la felicidad. Una sola vez, no pido nada más. El resto, si quieres te lo puedes quedar como recuerdo, algo que enmarcar y cuando pase un tiempo simplemente forme parte de las estanterías o este acumulando polvo en el fondo de algún cajón.

El tiempo no espera a nadie y nosotros no vamos a ser la excepción. Te ayudo con la mochila, y me pregunto que puñetas habrás metido para que pese tanto - y cómo lo has hecho sin que esto reviente al menor movimiento. -, un detalle que me ha sorprendido: ¿lo tenías todo previsto? Porque nada más llamar a tu puerta, con mis prisas arrasando el lugar, no te has inmutado, nada, simplemente me has sonreído y has desparecido rumbo a tu cuarto. Supongo que soy demasiado previsible ¿verdad? Mejor, así ya sabes por donde voy a salirte, aunque me apena un poco, porque nunca voy a poder sorprenderte. Por más que lo intente, por más que me esfuerce siempre irás un paso por delante, conociendo mis planes y jugando sucio. Como si realmente te asombrases con cada una de mis payasadas. Bueno, supongo que siempre podría ser peor, no habernos conocido por ejemplo, prefiero ni pensarlo, odio sentir ese escalofrío en mi alma cada vez que la idea hace acto de presencia.

Iremos directos a la estación central y pediremos un billete de ida a 'Cuanto-Más-Lejos-Mejor'. Siempre lo quise visitar, me han comentado que los paisajes y sus bosques son ideales para pasear, tal vez para perderse un rato y conocer a las gentes del lugar. La comida, magnífica, pero sin salir con el estomago que te vaya a explotar. Lo suficiente para una pequeña siesta, o que no se paren nuestros sueños por debajo de ese nórdico en el que tantas veces me hiciste vibrar. Además, siempre es temporada baja, creo que al gente no sabe donde está, únicamente has de estar preparado para pagar ese pequeño precio. Me han comentado que el tiempo casi siempre acompaña, únicamente con algunas tardes de lluvia o noches de tormenta - al menos es lo que ponía el folleto -. Ya sabes que no hace falta mucho para convencerme, con tal de saber que tú estarás allí; yo llamaré para conseguir reserva en cualquier hotel... dejar atrás nuestra decencia y ver si puede encontrar el camino de vuelta al amanecer.

Pero el sonido de ese dicho fax me devuelve a la realidad, a mi oficina, a todas las idas y venidas. Con sus sonrisas falsas y sus corbatas sin vida... si sólo pudiera tener en mis manos cinco minutos para nosotros dos... sólo cinco, no pido mucho más.

martes, 7 de octubre de 2008

La Tinta, el Tintero y... la Grapa

Siempre caminando con ese aire de auto suficiencia, creyéndote el rey del mundo. De este pequeño mundo formado por las cuatro tristes paredes de una oficina. Así es el responsable de esta área de desarrollo.

Has aprendido a usar nombres demasiado bonitos para poder esconder tus propias decepciones, las mismas que aprietan cada mañana el nudo de tu corbata. Cada uno de vosotros ha dado el salto de peón a alfil - como mucho a torre - y se puede distinguir a la legua tu frustración por seguir dentro del tablero de juego. Cada mañana, la historia de siempre, te levantas demasiado cansado, sin ganas de afeitarte y aún menos de desayunar. Te enfundas el traje y con media tonelada de gomina ajustas tu pelo y tu conciencia. En los días de reunión importante incluso llegas a usar esa colonia que te regaló tu cuñado. Con una acidez de estómago galopante llegas a tu pequeño despacho, cuando no hay suerte el asco se desdibuja en tu rostro al sentarte en una mesa en la misma sala que el resto de trabajadores.

No puedes evitarlo, tu mirada te delata, esa misma mirada que destila asco cada vez que te ves obligado a cruzar un simple - Hola, buenos días. - con alguien que sea de un rango inferior al tuyo. Aprendiste a sobrevivir, aún a costa de todos tus sacrificios, llevando con orgullo ese trozo de papel en el que se lee: 'Responsable de...'. Cada minuto que pasa dentro de la oficina viendo cómo el trabajo que organizas no sale adelante es un infierno; - No sé porque no los despedimos a todos. - piensas mientras ves a jóvenes dejándose la piel para poder terminar una tarea imposible. - Y encima, esta maldita empresa no les obliga a llevar traje. -. El mismo 'traje de súper héroe' que te obligan a llevar a ti, ¿cierto? Tus gestos de desprecio van aumentando con el paso del tiempo hasta que llega un momento en el que todo el mundo evita tu presencia como si fueras el portador de la peste. Sólo los demás responsables hablan contigo, de las mismas miserias cotidianas. Ni siquiera puedes emitir juicios de valor porque tu posición te lo impide; pero con que ganas le gritarías a ese que lleva el pelo con rastras, ese que se pasa ocho horas - con suerte - destripando los ordenadores que tú no sabes manejar para intentar arreglarlos de nuevo.

La vida te ha pasado factura, tantas horas sentado, tantas horas discutiendo, organizando han hecho mella en ti. Arrugas y canas aparecen sin tu aprobación por tu cuerpo, mientras el resto de tu cuerpo se encorva por el peso de la presión. Ninguna hora de gimnasio, no has tenido tiempo para eso. Quien no trabaja duro, no llega alto; pero cuando llegas a casa a diez de la noche con un plato frío esperándote - y una mujer que acaba de acostar a los niños - una voz interior te reconcome, te susurra que has perdido el tiempo, que no has vivido lo suficiente. En el otro lado de tu conciencia, otra voz te grita que esto lo haces porque eres un hombre de bien, porque la vida es dura. Cenas rápido, igual que la charla con tu mujer, mañana hay que levantarse temprano que vienen los auditores, pasado una reunión, al otro... has olvidado ya lo que es pasar una tarde con tu familia. La misma que formaste con una mujer que te amaba, con la que discutías, con la que al fin y al cabo compartías una vida.

Ese tiempo pasó, demasiado rápido, las ambiciones reclaman su parte del pastel y estas dispuesto a servirles una buena cantidad. Cuando te jubiles tal vez tengas tiempo, para poder recuperar algo de lo que no hiciste, sin prisas, descubriendo de nuevo el significado de la palabra disfrutar. Aunque los periódicos y las revistas hablan de lo contrario, demasiadas muertes prematuras por algo que llaman 'estrés'. No les haces caso, a ti eso no te va a pasar. Estas demasiado ocupado pensando en cómo subir un puesto más, un peldaño nada más. La competición es dura y no sabes muy bien cuanto has de sacrificar.

Tranquilo, no hace falta que le des más vueltas. Mañana será otro día en el que tal vez tengas un hueco para poder remediar todo este embrollo. Sí, durante la comida con los nuevos directivos, siempre hablan mucho y escuchan poco. Podrás evadirte y, con un poco de suerte, volver a soñar con todo aquello que tuviste que sacrificar. Con el único propósito de dejar atrás toda esa vida mediocre que fuiste incapaz de tragar.

domingo, 5 de octubre de 2008

La Tinta, el Tintero y... la Salvación

Todo es tan difícil de explicar, en especial cuando uno se acostumbra a vivir una vida en zig zag. Entras en la realidad, realizas una finta espectacular y vuelves de nuevo a tu mundo interior. Aquel que técnicamente no puede ser abordado al asalto, a la vieja usanza. Como si te ataran con una cuerda al ojo del huracán. No puedes estarte quieto mientras todo a tu alrededor gira sin parar, puedes intentar escapar sí, aunque dentro de cinco minutos volverás a luchar por conseguir un poco de aire fresco. El juego en sí, al menos para mí, resulta divertido. Mi ritmo particular, mis libros, mis películas, mis tonterías esparcidas sin sentido aquí y allá. Si me aburro, pulso el interruptor de apagado y me hundo en este universo alejado de la batalla principal.

Como todos sabemos, todas las historias tienen un 'pero'. Un '¿Y si...?' demasiado agradable como para ignorarlo. ¿Qué ocurriría sin en uno de esos tirones te estampases contra un muro? A parte del tremendo morrazo, te pararías a pensar en un discreto - Vaya, ¿A mí? ¿Por qué? -. A todo el mundo le llega su hora, quieras o no quieras, por muy despistado que estés, por muy cabezota que quieras ser o por muy rebelde-hippie que seas contra la sociedad. Te llega, es inevitable. En mi mano tenía dos opciones: seguir y derribar aquel muro o plantarle cara. Escogí la segunda. Simplemente porque algo me llamó la atención, tal vez fue esa fuerza que yo no poseo, tal vez esa voz que tiene cuando se cabrea, esa sinceridad o el propio misterio de las historias que no me quiere contar. No lo sé, supongo que eso lo convierte en algo especial. Nunca sabes por qué pero aún así tomas una decisión, la cual después de tantísimos años de aguantar los golpes, las idas y venidas, las ideas locas y ese extraño nihilismo que tanto me caracteriza - armado, dirían algunos - te plantees si serás capaz de darlo todo, como antaño hiciste, pero esta vez no por ti sino por ella. La respuesta, sin duda alguna, es sí. Los caminos de rosas los podrás encontrar en las leyendas, yo quiero una vida normal, una en donde la necesidad de discutir, de hablar, de conocernos, de seguir siempre adelante no se resuma en el sonido de un despertador al lado de una cama vacía.

Los momentos felices e infelices se sucederán, como en todas las buenas historias, las tardes tumbados en el sofá, en silencio, sin decirnos nada más, únicamente acariciando su pelo, perdiéndome en su mirar. En esos días de lluvia y viento donde nuestras discusiones intimiden a los propios truenos. Con nuestros reencuentros en la intimidad, en donde a solas seré yo el único que te pueda saborear e incluso, en esos veranos donde buscarnos se convierta en un juego peligroso, donde ni siquiera el sol se atrevería a rivalizar con el calor de nuestros besos.

Nada será fácil, eso lo tengo claro, pero por nada del mundo dejaría de luchar a su lado. Necesitaré que me cuelguen el cartel de: 'No molestar, estamos ocupados'. Ver por fin el mundo con otro par de ojos e intentar recuperar todo el tiempo que he desperdiciado. Que alguien me haga ver que realmente no está todo perdido, que realmente entre toda esta espesura existe un camino, algo distinto, algo que realmente merezca la pena ser vivido. Sin que sientan la obligación de rubricar mis últimos actos, ni mis últimas palabras. Simplemente por el hecho de saber que está ahí, sin más. De saber que siempre la tendré a mi lado, que siempre podré confiar, en la que siempre me podré apoyar. Supongo que todo adquiere un sabor extraño, uno que hacía tiempo que no había probado. He de confesar que ahora, y aún por lo poco que hemos pasado, no podría dejar de paladearlo.

¡Ah! Antes de que se me olvide, todos los buenos y malos momentos, aquellos por los que jamás te arrepentirías de nada de lo sucedido, tienen nombre y apellidos. Todo esto que os estoy confesando lo encontré en una mujer llamada: Soraya A.C.

miércoles, 1 de octubre de 2008

La Tinta, el Tintero y... el Destierro

¿A qué estas esperando? La cuestión te martillea una y otra vez, ¿a qué estas esperando? Eso mismo me pregunto yo. Cada vez que miro en el espejo, cuando me reflejo en los charcos sobre el cemento, al caminar sin descanso entre mentiras con sabor a beso barato. No nos puede costar tanto.

Se me antoja salir corriendo, quedar contigo en la salida de cualquier línea de metro. Quedar como siempre pero hacerlo como nunca. Con lo poco que tenemos entre manos. Con todas las miradas puestas en nuestros sarcásticos comentarios. El momento ha llegado, las miradas de los demás ya no importan demasiado, ahora sólo me preocupa conocer el color de la ropa íntima que guardas tras tus labios. No puedo esperar ni un minuto más, me he cansado de ver como te has dejado llevar. Ni todas tus manías, ni todas tus luchas han servido de nada. No logro comprender porque has dejado de pelear, en qué instante decidiste que era mejor permanecer que echar a volar con cada nueva brisa que te susurraban mis besos. A cada día que pasa, a cada sol que se marcha, nos resulta un poco más difícil seguir adelante, lo notaba en tus ojos, en tus gestos, en como ibas perdiendo esa sonrisa que te regalo el viento. Un día de estos, te lo juro, me presento en tu casa y como no me abras tendrá que llevarme la policía a rastras.

Ahora me veré obligado a recordarte nuestro oscuro pacto, aquel que sellamos una tórrida noche de vete a saber tú qué año. No está permitido retirarse, no esta permitido huir, ni se te ocurra abandonar, las únicas reglas que mandan son aquellas que jamás serán escritas, aquellas cuyas únicas huellas no duran más que las caricias que dejo sobre tu cuello. Vas a tener que sobreponerte, la única ventaja que tienes se reduce a la hora en la que me dejen escapar de estas cuatro paredes, estas que encierran todas las envidias, todas mis ganas contenidas y todas las broncas porque nunca sacamos el trabajo a tiempo. Vuelve en ti, o es que ya no te acuerdas de lo que fuimos capaces hace tan solo unos meses. En serio, me estoy cabreando, no quiero tener que emborracharte para que comiences a soltar prenda, aunque me resulta gracioso porque esa era nuestra excusa perfecta para terminar metiéndonos mano por debajo de nuestras conciencias y en más de una ocasión de nuestras camisas.

La única oportunidad que tienes es volver a soñar, mientras paseas sin rumbo, mientras te pierdes o te encuentras en todas aquellas barras de bar, sueña que me maldices, que odias todo lo que te rodea, que ningún sueño lo veras cumplido. Con aquellos días en los que el miedo era una palabra vacía en el diccionario. Despierta junto a mí o con quien sea, imagina que te ríes sin parar o rompes en llanto por esa maldita casualidad. Piensa en cómo sería todo, con cuantas miradas te podrías cruzar. En tenerlo todo, una vida tranquila o disfrutando de cada amanecer dibujado en tu pupilas. Oblígame a ser tu cazador particular en nuestra pequeña zona de guerra. Olvídate de mí pero espérame con la mirada perdida debajo de cada soportal.

Sueña con lo que te de la gana... pero sueña con algo, maldita sea.

sábado, 27 de septiembre de 2008

La Tinta, el Tintero y... la Vaina

Supongo que en el fondo soy un poco masoca, necesito echar leña al fuego para que mi propio corazón a vapor pueda seguir funcionando a su ritmo. Después de un tiempo a la deriva he regresado, he vuelto a la marea humana pero esta vez voy a intentar hacer surf, a nadar contra corriente, a odiar los gritos del maldito despertador.

No creo que sea tan malo después de todo, simplemente que aún a pesar de ser un soñador empedernido he de ganarme el pan nuestro de cada día y conseguir que los ricos sean un poco más ricos a mi costa. Con tal de que me dejen soñar tranquilo... lo que sea. No todo va a ser tan malo como lo pintan, míralo por el lado positivo, esa gran caldera que es mi mente volverá a tener combustible de nuevo para desear salir, para quejarme de todo lo que me rodea, de salir corriendo del trabajo e ir a tu encuentro. Únicamente para que me cuentes con que nuevos labios te has topado, solamente para contarte en cuántas calles podemos llegar a perdernos.

Todo, absolutamente todo cambia, se disfruta más de lo prohibido, de lo que te intentan robar, de lo poco que te queda. Interesante me resulta cuando tenía en mis manos todo el tiempo del mundo y era incapaz de derrocharlo adecuadamente. Ahora vuelvo a estar limitado, cortado, cercenado por mis propias obligaciones y en cambio, la máquina se para. Todo vuelve a ir demasiado despacio, puedo ver con claridad el paisaje a través de las ventanillas de mi tren particular. Ya no son líneas difuminadas. Mi manía de quererlo todo ya, ahora y para ayer. Me atragante con un bocado tan grande, alguien me tiene que obligar a comer más despacio, a intentar saborear lo que me llevo al alma.

Créetelo, a todos nos pasa, somos así, no podemos evitarlo. Cuanto más tenemos, menos sabemos que hacer con ello. Aún así, no estoy triste sino confundido. Volvemos a la etapa de sonrisas falsas, de miradas asesinas, de sumisión en pos del progreso y el estado del bienestar. Curioso, sí, pues en verdad todo esto no es más que un juego, de los que a mí tanto me gustan. La pelea continua entre 'Aquí están mis cojones y mi vida' y 'Yo tengo el poder que me llevará a la tumba'. La personalidad de trinchera, aún a pesar de todo lo que piensas estas ahí, recibiendo los morterazos cargados de soledad, la metralla del día a día y la granizada de balas con punta de normalidad. Lo aguantas todo, simplemente porque eres así de masoca, ves siempre un rayito de estupidez y te aferras a él, te divierte. Al final, me he convertido en un yonqui de estas situaciones, no podría vivir sin ellas, aún odiándolas a muerte.

Cuando suene el pistoletazo de salida, de nuevo analizaré todo, recompondré una historia fantástica, correré a tu lado para susurrarte mil paranoias, mil deseos, mil caricias. Con más ganas te llevaré a rastras por el centro de Madrid, imaginando historias crueles, sin sentido, aventuras tristes... pero que con toda la intención siempre terminen en tu casa, en tu habitación, con nuestras miradas revueltas en aquel maldito sillón.

viernes, 19 de septiembre de 2008

La Tinta, el Tintero y... la Jaula

Supongo que en algún momento perdí el control, algún resorte no debió realizar su trabajo, se jodió o se desencajó. Tal vez, cuando todo el mundo eligió el camino de la derecha, yo me desvié hacia la izquierda... o por el centro o directamente salí disparado campo a través como un animal acorralado que intenta huir de su depredador. Sí, tal vez desperdicio mi tiempo, lo lanzo por la borda con mis paranoias, con mis estupideces, con mis ganas de perderme dentro de tu escote, de ver como esta gran bola de barro nos asesta un contra golpe y nos manda a la carajo a todos.

Aunque sobre todo, ando ligeramente desesperado de ver como no encajo en ningún lado, de observar como mi maldito cerebro no para de imaginar, de pensar en: ¿Cómo sería mejor? ¿Por qué esto o aquello? Paranoias que no me llevan a ninguna parte y aquí estoy, viendo soñando en como sería el mundo desde mi punto de vista, como podrían ser las personas que me rodean, demasiadas preguntas y ninguna respuesta. Me estoy agobiando demasiado, yo solo, sin la ayuda de nadie y eso es lo peor. En este preciso - y precioso - momento no tengo muy claro que debo hacer, que tengo que pensar o como debería de actuar. Me siento un extraño en una tierra donde las ideas que porto no encajan demasiado bien, ¿alguna vez os habéis sentido así? Todas las miradas te analizan, todo el mundo parece señalarte y juzgarte, donde todas tus palabras aunque sin intención suenan mal sonantes, agresivas.

La percepción de la realidad se distorsiona hasta tal punto que no sabes exactamente cual es la línea que delimita su mundo y el tuyo, ¿seré realmente culpable? ¿O por el contrario serán ellos que no quieren ver lo que realmente están construyendo? Sé que no son más que estupideces mías, intentos desesperados de un náufrago que intenta no ahogarse en esta hipócrita sociedad pero no desespero, como tantos otros antes que yo únicamente estoy aquí para dar ese puntito amargo a la existencia de los demás. Intento por todos los medios hacerles señales para que se den cuenta de lo que están - o no están - consiguiendo.

Por supuesto jamás lo conseguiré pues únicamente tengo mi propia imaginación como arma, mis ganas de perderme entre la gente y por supuesto, de las ganas de que me abras la puerta de tu casa justo cuando cae la noche. Nunca ganaré, nunca ha sido mi intención, esa es la razón de que no me mueva de aquí y aunque me veas con distintas caras, en distintos trabajos, con diferentes ojos... únicamente pégame un toque y allí estaré, dispuesto a amarte como si fuera la primera vez.

viernes, 12 de septiembre de 2008

La Tinta, el Tintero y... la Tierra

¡Bienvenidos damas y caballeros! ¡Niños y niñas! El mejor espectáculo del mundo os espera, no importa la edad, condición social, religión, etnia o color de piel. Todos estáis igual de excluidos, marginados, sois meras burlas, los actores principales - y los secundarios también -, ¿pensáis que tenéis la capacidad de reaccionar? ¿De pensar por vosotros mismos? Interesante teoría, sí, me gusta, pensaré en ello mientras veo como os retorcéis, como os humilláis, como sois capaces de destruiros entre vosotros y a lo que os rodea por algo tan sumamente efímero.

Ilusiones, ¿acaso te sorprende lo que te digo? No lo creo, supongo que en el fondo siempre lo has sabido, todos los días te das cuenta, únicamente te auto justificas para seguir adelante, jode ¿verdad? Vivir subyugado por las ideas, por las trampas, por las mentiras. Pero no te preocupes, tranquilo, todo esto da dinero, bueno me da dinero y eso que siempre buscáis: poder. Excusas, las he visto en muchos lugares, en los ojos de muchos de vosotros pero esta se lleva la palma. ¿Queréis poder? ¿Tanto lo ansiáis? La dominación en vida, someter a otros ya sea a través de las palabras, los hechos, las armas... me es completamente indiferente.

¿Os habéis planteado alguna vez vuestra existencia? ¿Hasta donde queréis llegar? Realmente digo, no me valen respuestas como el bien común, la paz mundial o chorradas de ese calibre. ¿Que es lo primero que se te pasa por la cabeza cuando suena el despertador? ¿Y cada vez que recibes la nómina? ¿O pagas una letra de tu magnífico piso/coche/televisor de plasma/lo que sea que te hayas comprado? ¿Y cuando desperdicias tu tiempo? ¿Y el de los demás? ¿Y tu vida? Nunca te lo has planteado ¿cierto? Lo triste que resulta todo, lo desesperante que es, cada brillo de esperanza es apagado por cientos de hechos cotidianos.

No os preocupéis, de verdad, no sé a que viene ahora tanto mal estar, tanta rabia, no conseguiréis nada. ¿Pretendéis siquiera que me moleste? ¿Que me pare a pensar sobre vuestra patética existencia? Vamos, no poseéis un destino, únicamente servir a unos pocos que jamás moverán un dedo. Únicamente se esforzarán en teneros más esclavizados, para uso exclusivo de sus propios intereses. Dais pena, en conjunto, los pocos que han intentando algo, los que realmente lucharon por mejorar fueron asesinados, excluidos, marginados, desterrados. Ignoráis cualquier cambio sólo porque el miedo os domina, ese sentimiento a perderlo todo, al qué dirán, a quedar en ridículo. Parecéis sacados de un chiste. Pero no os detenéis ahí, si algo os molesta los suficiente, si creéis que vuestras posesiones, vuestra dignidad, vuestra estúpida posición se encuentran en peligro... atacáis, sin descanso, sin piedad, hasta destruirlo todo, incluyendo a vuestros hermanos...

¡Enhorabuena! Habéis conseguido lo que ninguna otra raza ha podido... una auto destrucción continua, poco a poco, sin prisa pero sin pausa. Si deseáis recoger vuestro premio - que lo estáis deseando - únicamente debéis pasar por el aro de vuestra propia condición, os aseguro que lo recibiréis todos y cada uno de vuestros días.

Ahm, se me olvidaba, existe otra solución, pero le tenéis tanto miedo que jamás os atreveréis a intentarlo. Al menos espero que cuando vuestro propio entorno ya no os soporte, ya no quiera saber nada más de vuestro progreso, o eche a patadas y en ese preciso instante, cuando más de la mitad de vosotros haya sucumbido os deis cuenta de todo el daño que habéis causado. Tal vez, sea un final triste sí... pero vosotros os lo habéis buscado.

No me busquéis, no hace falta, os he acompañado todo este tiempo, todo este camino... aunque me pusisteis nombre, me etiquetasteis, jamás habéis reparado en mi. ¿Realmente me quieres conocer? Esta bien, mi nombre: Ética, encantada de conocerte y ahora si me disculpas, me gustaría seguir viendo el espectáculo que para algo he pagado mi entrada.

lunes, 8 de septiembre de 2008

La Tinta, el Tintero y... los Dados

El juego ha terminado, como todo lo bueno parece que no ha durado lo suficiente o que no hemos disfrutado lo necesario pero da lo mismo. Pase lo que pase siempre podremos refugiarnos en el último rincón, en ese bastión que creemos inexpugnable, para guarecernos de todo aquello que suponemos malo, que nos hará daño. Menuda estupidez, o al menos eso pienso yo, cuando más seguros nos encontramos más daño nos pueden hacer y se puede demostrar de manera empírica; pero hoy esto de buenas, mira tú por donde, y no me apetece recordarte todo aquello de: 'te lo advertí', 'te lo dije', 'es que nunca aprendes' y demás chorradas.

Voy a proponerte un plan, a la antigua usanza, a dar un paseo, tomar unas cañas - o lo que quieras -, charlar y reírnos de lo que antaño hacíamos. Tranquila, no estoy melancólico ni nada por el estilo, simplemente me apetece ser algo normal, para variar, dejar de lado todas las malditas presiones, esas miradas inquisitivas de la gente, esas malditas campañas publicitarias, esas malditas revistas que se empeñan en grabarnos a fuego un estilo de vida, un físico, unas maneras que por raro que parezca no son las mías.
Quiero quemarme al sol, me quiero morir del aburrimiento, quiero ver pasar los coches... pero sobre todo, quiero - necesito - que me vuelva la caprichosa inspiración.

Después de un tiempo en mi pueblo, rodeado de la poca naturaleza que le queda a este maldito país, de no hacer nada, de enseñarle los peces de la fuente a mi sobrino una y otra vez - y de ver tractores también -, de paladear lo que sería una vida tranquila - pero dura - mi maldita inspiración decidió que ella también se quedaba allí y que ya me llamaría cuando decidiese volver. Cuando aclare mis ideas, cuando todo estuviera en orden... que ironía, teniendo en cuenta que mi concepto del orden se encuentra rozando el puro caos.

Por eso te pido, a ver si contigo a mi lado le entra un poco de envidia, un poco de 'gusa' y decide volver, porque si te soy sincero me siento extraño, como si no conociera la ciudad por la que me muevo, como si todos los edificios ahora me resultaran extraños y recelosos. Supongo que con el tiempo se me pasará, volveré a ser el mismo de antes, loco por perderme, loco por seguir adelante, loco por estar como una jodida regadera y loco por seguir la dirección del viento. Tal vez, con todo este tiempo de inactividad he perdido sangre, he perdido coraje y vea con otros ojos todo aquello que me rodea.

Demasiadas hojas a medio terminar, demasiados archivos a medio escribir, demasiadas palabras a medio acabar, pero no te preocupes, pase lo que pase yo seguiré aquí, alimentándome de sueños, los míos o los tuyos o los de cualquier otro, porque ¿sabes? Los sueños siempre están ahí, esperando a que los atrapes, pacientemente, y si alguna vez dejas de soñar, llámame y ya veremos qué es lo que podemos hacer.

miércoles, 3 de septiembre de 2008

La Tinta, el Tintero y... la Tentación

Todo ha terminado, el ciclo ha llegado a su fin. Me parece bastante extraño puesto que en teoría creía haberme acostumbrado a esto, pero va a resultar que no. Incapaz de seguir por mi propio pie me retiro a un lado del camino para poder descansar un poco, un rato nada más. Los pies me están matando y no sólo los pies, tengo la sensación de haber ido perdiendo partes de mi mismo en este maldito viaje.

Pero es inevitable, algún día tendría que suceder. Cansado estoy de lo que me rodea, de lo que veo, de lo que siento. Cuando te comenté que iba a apartarme del camino no era para tirar la toalla no, era para hablarte de otros caminos paralelos, otros caminos que no terminan en mí, ni en ti, ni en ningún otro lugar pero que merecen la pena ser recorridos. Lejos de toda esta locura, lejos de tus caderas y de tus labios, lejos de mis manías y de mis paranoias estúpidas, lejos de todos aquellos que ansían el poder total, migajas de un gran pastel que jamás llegarán a saborear pero que su frustración les lleva a machacar y destruir todo aquello que se interpone en su camino... sí, su camino pero no el mío.

Tal vez, durante todo este tiempo haya conseguido aislarme, evadirme, escaparme pero siempre termino regresando al maldito punto de partida, es realmente desesperante ¿verdad? Nada, ninguno de los sueños, ninguna de las esperanzas vale realmente la pena, a lo mejor le estoy pidiendo demasiado a un mundo hastiado, triste, incapaz de hacer nada a derechas y por eso me da de lado. Deja que navegue a la deriva, sin ningún tipo de guía, únicamente persiguiendo olas de fantasía, espuma de melancolía que aunque se evapore vuelve a aparecer con cada batida del mar. Y al final, haya en el horizonte... tú, en otro barco, con otras velas, con otro viento.

Siempre he creído en ciertas falacias dignas de las más disparatadas novelas, en todo aquello que nos intentan vender sobre la lealtad, el amor, la amistad, en ser buenas personas. Pero a cada paso que doy descubro que todas esas mentiras, todas esas leyes están escritas por gente que, por indeseables que se han inventado dichos términos para poder dormir mejor, pues nada es real, únicamente el odio, el dinero, el quedar el primero, el regalarle la vida a la propia vida. Sin sentido, sin ninguna meta... ¿alguna vez te has parado a pensar en eso? Yo lo suelo hacer de vez en cuando, ¿en qué momento hemos perdido? Recuerdo aún con fascinación las historias de mis abuelos - bueno, de mí abuelo paterno puesto que al materno jamás llegue a conocerle - en todo lo que hacían, en todos sus objetivos, en todos sus sueños perdidos y comparo la vida que llevaron con la vida que nos toca vivir: resulta que son exactamente iguales. Malditas ironías del destino.

Como te iba diciendo, voy a proponerte un pequeño viaje. Si te aburres puedes volver a tu rutina, comienza aquí al lado, justo ahí, sólo tienes que dar un pequeño salto. Si me haces compañía prometo no ponerme demasiado pesado e incluso te dejaré que conduzcas mi vida durante un rato. Porque tal vez, si estamos los dos podamos encontrarle un puñetero significado a este maldito rompecabezas que tengo entre manos.

miércoles, 20 de agosto de 2008

La Tinta, el Tintero y... la Horquilla

Supongo que es hora de confesarse, ahora que todo pasó, que todo terminó. Todas nuestras farsas quedaron al descubierto en el preciso momento en el que decidimos descubrir los ases que guardábamos en la manga. Cuando tú vistes los míos y yo vi los tuyos quedó claro que no estábamos jugando al mismo juego. Mientras yo perseguía sueños imposibles tú preferías perseguir todo aquello con lo que nos están bombardeando continuamente: ropa, amantes, coches... sin importar a cuántos pisabas durante tu cacería particular.

No hubo lágrimas, no hubo palabras de despedida, no hubo nada... simplemente se terminó, como quien lee un buen libro, lo cierra y lo deja de nuevo donde lo encontró. Sin más - ni menos -, y cada cual siguió su propio camino esperando ver o realizar sus propios deseos. Un día me desperté, como siempre todos mis libros, todas mis películas, todos mis trastos me dieron los buenos días... y no fue tan malo como yo esperaba, pensé que echaría de menos tus pases en ropa interior, tus manías o tus desplantes... pero no, no los eché de menos.

Conecté la música, mi eterna banda sonora, la que siempre llevo conectada a todas horas y de la que nunca me he cansado de escuchar. Sin darme cuenta me encuentro en la ducha, momentos después afeitándome, a los pocos minutos... me veo recogiendo, ordenado, organizando y esto me resulta bastante curioso por la sencilla razón de que yo vivo en un caos semi etiquetado. - Cosas que pasan - me digo a mí mismo en un intento de auto convencerme pero pienso que lo estoy haciendo deliberadamente, como si fuera una venganza interna, un: mira de lo que soy capaz de hacer si tú no estas a mi lado.

Pero no todo iba a ser malo, entre trastos acabo de encontrar cantidad de historias de las que me había olvidado, que había desechado y estaban allí, siempre han estado, acumulando polvo. Me tiro horas y horas leyendo, analizando, inventando, imaginando y en cada una de ellas estoy yo, como protagonista de una obra de teatro en la cual no quiero participar pero que de algún modo me siento atraído, fascinado e irremediablemente enganchado. Historias de terror, de aventuras, de amor, cuentos de leyenda que la gente dio de lado en favor de una vida tranquila, sosegada... cuadriculada.

¡Vaya! Menuda sorpresa... buf, que de mierda tiene este cajón, bastante normal, hace años que no lo abro. Me pregunto que guardaba aquí. Lo abro, y las veo: unas cuantas réplicas, un uniforme desgastado, una mochila hidrante, rodilleras y coderas, cargadores, utensilios de limpieza. Con sumo cuidado abro una de las bolsas de transporte y sopeso mi fiel réplica de un revólver de 8mm, calibro la mira, abro el tambor, cargo, amartillo, apunto... ¡BLAM! El estruendo de la detonación del gas resuena en toda la habitación y el pequeño proyectil de PVC se incrusta con violencia en un antiguo CD que salta por los aires hecho pedazos.

Cuántos trastos, cuánto tiempo, cuántas historias y todos ellos convertidos en jirones destrozados por la simple acción de un corazón mal entrenado.

martes, 12 de agosto de 2008

La Tinta, el Tintero y... el Corazón

Ha pasado algún tiempo, más de lo necesario. Ahora te encuentras en un callejón sin salida. No pasa nada, tranquila, mira que te lo advertí (mos) pero no nos quisiste escuchar. Es o era, poco importa ya, el amor de tu vida, aquel hueco que todos intentamos llenar de un modo u otro. Todos éramos felices y a ti se te veía especialmente radiante. Risas, copas de más, tardes interminables... todos aquellos momentos maravillosos, ¿te acuerdas? No importaba nada, ni los horarios del trabajo, ni aguantar al pesado de tu jefe, ni los compañeros gilipollas, nada, el mundo te pertenecía y el tiempo también.

Aún recuerdas cuando le conociste ¿cierto? Más guapo, más alto, más de todo y te robó el corazón en un suspiro, en un guiño, en una caria... en un beso. Supongo que debe de ser normal, cuando amas y te aman, algún día experimentaré esa sensación, te lo prometo pero no viene al caso. Lo que realmente nos empezó a preocupar fue el momento en que un día apareciste llorando, nos dijiste que habíais discutido, al principio todos nos volcamos contigo - con los dos - intentando solucionar el pequeño bache, pero fue en vano, no por nada en especial si no porque los dos teníais un carácter muy fuerte, muy tozudos y bueno, son cosas que pasan en la pareja. Las aguas volvieron a su cauce y de nuevo todos tan contentos... que ilusos, especialmente tú.

Con cada día que pasaba te dabas cuenta de que algo fallaba, algo no encajaba, tal vez era su desarrollado sentido de la 'hombría', sus pequeños detalles misóginos, sus desprecios y su poca paciencia con errores tan absurdos como divertidos. Como caminar por la niebla, no estas seguro de por donde vas, ni qué es lo que hay a tu alrededor, ni cual es el final del camino... ni qué es lo que te vas a encontrar, simplemente estas atrapado y no puedes salir, ya no, tuviste una oportunidad pero como el amor es ciego no viste dónde te metías. Y como viene siendo habitual... ya es demasiado tarde.

Te acostumbraste demasiado rápido a sus insultos, a sus amenazas, las veías tan cotidianas que ya daba lo mismo. Cada día, cada noche, a todas horas, eras tú la única culpable; lo que más nos jodía es que encima tú te lo has llegado a creer. Realmente piensas que tú tienes la culpa y como culpable tienes que encontrar un remedio, no puedes permitir que la relación con el hombre tu vida se haya ido directa por el desagüe por tus estupideces. Serás mejor mujer, mejor persona, intentarás hacerlo todo bien... que gran falacia, que vida llena de mentiras. ¿Acaso no te das cuenta? ¿En qué momento has perdido el rumbo? ¿Por qué no confías una vez más en nosotros como antaño hiciste? No estamos contra ti sino contra él, sabemos de sobra que es una tortura, que está acabando contigo poco a poco - sino lo ha hecho ya - y no quieres escuchar... porque le amas.

Tus ojeras van en aumento, de aquella mirada alegre ya no queda rastro alguno. Aún sigues con él, con ese maníaco que gracias a ti ha descubierto su verdadero rostro, gracias a ti a conseguido algo que ni toda la medicación del mundo hubiera logrado: no sentirse culpable, es más, ahora se siente satisfecho en la cima del mundo, como nosotros hace tiempo. El precio que has pagado - y que aún continuas pagando - es alto, demasiado alto. Resulta lamentable ver como a pesar de todos nuestros esfuerzos ahora tienes que pedir permiso para ir a visitarnos, dios, después de todo lo que hemos vivido, por lo que hemos pasado... y tenemos que suplicar para vernos.

Las pesadillas son mucho más crueles cuando son en vida, cuando no queremos ver, ni queremos poner remedio. Lo malo, lo realmente malo es que a pesar de todo tú te sigues creyendo culpable de todo. Lo lamentable, lo realmente lamentable es que no podemos ayudarte, no quieres, y la última vez que lo intentamos tuve que cruzar algo más que palabras con ese tío mierda... pero los platos rotos los pagaste tú otra vez. Nos sentimos algo impotentes viendo como tú vida se ha convertido en el blanco de las frustraciones de una persona cuya vida no vale absolutamente nada. Maldito niño frustrado con la vida, me gustaría que algún día todo se volviese en su contra... y ver como se lanza desde cualquier sucia ventana, contaría los segundos que tarda y te juro que comería palomitas mientras le veo como se aplasta contra el suelo. De momento, no tenemos esa suerte, creo que nunca la tendremos.

En estos momentos, alguien se esta ganando la entrada al cielo pero te aseguro que nosotros... NO.

lunes, 4 de agosto de 2008

La Titna, el Tintero y... la Negación

Renuncio a todo, todo lo que me rodea, todo lo que escucho y digo, todos mis estúpidos trastos... a todo. Me quiero perder entre las nubes para buscar rayos de esperanza. Pienso esto mientras sudo como si fuera un grifo abierto en el gimnasio, es lo que implica el intentar no perder el ritmo para cuando llegue la nueva temporada de Aikido. Últimamente me estoy dando cuenta que vivo cabeza abajo o que los demás viven del revés, no sé, tengo que aclararme con ese concepto.

Siempre me ha divertido mucho ver la cara de la gente cuando les digo lo que practico, lo que leo, lo que escribo, lo que me divierte o lo que me saca de quicio. Bueno, salvo mis amigos claro está que ellos ya me conocen y no les sorprende en absoluto - es más me suelen animar a que sigua adelante con todas mis fricadas.

La última de ellas: comprarme varios libros sobre supuestas sectas, supuestos mitos, supuesta magia negra... supuestas tonterías. Y es que me supera, no puedo luchar contra eso, una voz en mi interior siempre me susurra que me los lea, que investigue, que indague en ese mundillo - y cuando no, sobre temas de historia, temas militares y un largo etcétera -, al menos le doy gracias al cielo que dicha vocecilla no me diga que queme cosas, que mate a gente, que robe en tiendas o psicopatías de tal calibre. Si existe algo que me guste más que leer esos asuntos es hablar de ellos, hablar hasta que se seque mi lengua y probar con nuevos alicientes que pueden ser desde más libros, más juegos, más estrategias y más tácticas hasta no hacer nada e inventarme cuentos e historias que giren alrededor de esos temas.

En estos momentos creo que podría realizar cualquier estupidez, únicamente por divertirme, por sentir como sería, nada más pero el sol aprieta duro y busco refugio como cualquier hijo de vecino. Así puedo imaginarte, pasando el mismo calor que yo, mientras te busco por los sofás de tu salón, aplastada sobre los cojines, sin ninguna gana de moverte, mientras yo juego con las gotas de sudor que se pierden por tu piel, sin ningún destino claro. Me aburro, estas horas son infernales y tengo que matar el tiempo, contigo o sin ti. Con lo cual, te digo, vete preparando porque tengo sed y lo único que tengo a mano en estos momentos son las curvas de tu cuerpo.

Si quieres luego veremos una película, daremos un paseo o quedarnos aplatanados aquí en tu cuarto, me da lo mismo. Tú decides que ya te he dado suficiente la murga por hoy. Además no quiero volver a casa, a soportar de nuevo la presión de una vida normal, no me quiero agobiar de nuevo, estoy muy bien ahora. Al menos tú te diviertes con mis historias, quién me lo iba a decir a mí ¿eh? Que podríamos tirarnos tardes enteras mirándonos a los ojos, hablando por los codos o jugar a encontrarnos, a rozarnos, a besarnos. Siempre creí que ese brillo que tienen tus ojos se debía a que nunca encontraste a nadie especial, a nadie que te hiciera reír o que te hiciera llorar... aunque lo que estabas realmente buscando era una persona con la que pudieras hablar, no importa el tema, simplemente charlar... en quien confiar.

Y es que a veces, cuando te miro a los ojos... simplemente me pierdo y entonces no existe nada más.

miércoles, 30 de julio de 2008

La Tinta, el Tintero y... el Motor

Soy capaz de imaginar mil historias, de soñar con cientos de lugares ¿te extraña? Supongo que no, me encanta dejar volar la imaginación, adormilado en el sofá, escuchando el tic tac del reloj, de esa puñetera máquina que se afana en recordarme que con cada paso mi tiempo, tu tiempo, se esfuma. Pero me da igual, adoro esta sensación que nada importa, que nada tiene sentido y que ocurra lo que ocurra siempre habrá alguien que nunca me abandone: Mi conciencia.

¿Alguna vez te has planteado por qué a todo el mundo le salen bien las cosas menos a ti? Resulta curioso que prácticamente todo el mundo piense en eso. Una paradoja interesante, a todo el mundo le sonríe la suerte salvo a tu persona, si esto fuera cierto, la suerte nunca le sonreiría a nadie... entonces es cierto, al menos en ciertas capas de la sociedad. Mientras tu sigues comiéndote la cabeza porque el aquel tipo, que lo único que quería era echar un polvo contigo y olvidarse de que si quiera existes, yo estoy sentado a los mandos de un BF 109/G-2 sobre los cielos en guerra de Europa de 1942. Adicto al tema paladeo cada segundo, la escuadrilla divisa a lo lejos una columna de cazas Spitfire, giramos, ascendemos, nos acercamos sin ser vistos y caemos. Uno, no, dos cazas británicos caen envueltos en llamas, ni si quiera sabían que estábamos allí. El resto de la columna se dispersa en un vano intento de protegerse del ataque pero nosotros estamos ascendiendo de nuevo. No me alejo de mi líder, le cubro, divisa otro blanco y se lanza a por él. La sensación de la caza, de volar, del combate. Podría estar leyendo libros sobre el tema hasta morir de viejo, y te aseguro que no me cansaría. Aquella época en la que el mundo cambió, tanto para bien como para mal, un tiempo que muchos han preferido ignorar, simplificar en buenos y malos, entre los que escriben la historia y los que son descritos por ella. Gracias a esa nefasta guerra - pues ninguna guerra en sí es buena - el mundo es tal y como lo conocemos ahora, con sus balances de poder, con sus guerras empresariales, con sus políticos ávidos de dinero. Pero yo sigo sentado a los mandos de mi BF 109/G-2 y me cobro una nueva víctima antes de ser abatido por un inglés con ganas de revancha, esta vez no me da tiempo a saltar de mi avión, los depósitos de combustible se incendian y muero achicharrado en la cabina. Me da igual, en breve volveré a salir en un aeródromo cercano. Es lo bueno de los simuladores de vuelo, de todas formas creo que el piloto que me ha derribado ni siquiera es inglés, de China creo, pero carece de importancia.

En cuanto esto acabe, me pondré a leer un rato, un poco de historia que nunca viene mal o tal vez ese libro de misterio que todavía ni he ojeado pero que compré en una de mis muchas incursiones a la Casa del Libro. Tú sigue comiéndote la cabeza por tu próxima cita, qué ponerte, qué decir, qué hacer, a dónde ir. No te molestes demasiado, en cuanto te vea comenzará de nuevo la función, pero supongo que por mucho que lo niegues a ti te encanta, acabareis en su casa, un polvo rápido - que la cosa no esta para muchos trotes - y te volverás a quedar con las ganas de algo más que cinco míseros minutos, dos palmaditas en el trasero, un te llamaré y un 'te juro que no vuelvo a llamar a ese gilipollas que me trata tan mal'. Ni tu te lo crees guapa, la vida es así, entraste en el maldito juego en el momento que leíste las instrucciones y dijiste: 'Bueno, por probarlo no pasa nada'. Ahora jódete, no puedo decirte más, no puedo - ni quiero - ayudarte que ya eres mayorcita para saber lo que quieres y con quien te acuestas.

Que interesante, este libro creo que lo compre... no me acuerdo donde pero trata sobre Dioses Oscuros, Sectas, Sociedades Secretas, Ritos, Mitos y demás chorradas. ¿Te imaginas que todo lo que cuentan fuera real? Toda una conspiración global en tus manos, con nombres y apellidos al fantástico precio de 10,95€, las rebajas que no se te olvide. Increíbles historias y leyendas de seres impíos, de bestias terribles, de humanos chiflados que únicamente ansían el poder - vaya, esto último no es tan increíble ¿verdad? - y todo mezclado con sacrificios a dioses que sólo aceptan sangre en su honor, con espíritus vengativos que atormentan a los vivos en noches oscuras, con bestias de fantasía, de sangre y vísceras, de pesadillas en calles de ciudades olvidadas. Y allí me encuentro yo, con una maldita linterna - menos mal que es de esas que no usan pilas -, una mochila, un par de chicles y el corazón que se me sale por la boca. Mira que te dije que no abrieras ese puñetero sótano que me importaba un pimiento los sonidos que procedían de él y que hubiera sido mejor irnos de allí, pero no, tuviste que hacerlo, tuviste que entrar ahí y mira en donde nos metido, y las armas en el maletero de tu coche... tengo la sensación de que esta noche va a ser muy, muy larga. ¿Has oído eso? ¿No ha pronunciado mi nombre? Dios, me quiero ir a casa...

¿Ya has vuelto? Divertido ¿eh? No te pongas a llorar que te lo advertí, te lo dije, pero claro... como es tan guapo. Bueno, yo me voy a afeitar que estoy hecho unos zorros, prepararé una ensalada para cenar ¿te apetece? Con este calor no pienso cocinar. ¿Sabes que puedo soñar con miles de historias? Sí, con miles de historias menos con una... la nuestra.

viernes, 25 de julio de 2008

La Tinta, el Tintero y... la Nieve

Cuál es el precio a pagar, que pedazo de alma estaremos dispuestos a regalar felizmente. ¿Alguna vez nos lo hemos preguntado? Yo no, simplemente porque soy de las personas que adoran las sorpresas - inclusos las malas - y puede ser que cuando llegue el momento de abrir la maldita carta, que la sociedad te envió hace tiempo, me alegre saber que la deuda que mantengo o ya la pagué hace tiempo o me meterá tal hostia que no levante cabeza en lo que me queda de vida.

Me da absolutamente igual, hace algún tiempo comprendí que no importa una mierda nada de lo que hagas, nada de lo que digas o nada de lo que pienses. Con un poco de suerte encontrarás a esa media naranja con la que compartir sueños vacíos, ilusiones rotas y noches de sexo – y cruza los dedos para que las disfrutes algo más que dos veces por semana -. Ahora mismo me encuentro bien conmigo mismo y con todos esos pequeños vicios que sé de sobra que me están matando poco a poco. Mi corazón vuelve a sonreír por unos labios que casi ni conozco y que me presentaron durante la fiesta de cumpleaños de la novia de un amigo, sigo sin trabajo y las luchas intestinas con mis queridos progenitores aumentan cada día que pasa.

Aún con todo, disfruto de todos los subproductos que esta sociedad me ofrece, embotellados, plastificados, con un estudio de mercado previo y por supuesto sin conservantes ni colorantes, faltaría más. Mis sueños se reducen a mínimo indivisible, tampoco quiero mucho más, no me apetece ser el rey de ninguna jodida multinacional, ni ver como mi patética existencia de desvanece entre reuniones, viajes para lamerle el culo al cliente de turno, ni comprarme el último coche deportivo que por supuesto no disfrutaré porque no tengo tiempo ni para mear tranquilo.

Pero la vida, como suelen decir, está llena de sorpresas - y ya he dicho que me encantan - con lo que no sé lo que me puede estar aguardando detrás de la siguiente esquina, el siguiente trabajo o la siguiente borrachera. Puede que acabe como todos esos personajes de los que he estado renegando toda mi vida, sentado en un despacho mientras mi mujer se cepilla a su entrenador y yo hago lo mismo con la nueva secretaria que apenas llega a la veintena o puede que sin quererlo disfrute de un trabajo con el cual sacar a mi familia - o no - adelante, continúe con mis sueños, enseñe lo poco que aprendí a mis hijos sobre esta gran mascarada, que todos insistimos en llamar vida - o no -, puede que convierta en el viejo del cuento, eterno soñador, y al final de mis días algún curioso me encuentre tendido en la cama sin más compañía que mis libros y mis películas.

De momento - y como siempre -, no me paro a pensarlo, si lo hiciera lo más seguro que la angustia por ver como mi futuro es un horizonte bastante difuminado acabaría conmigo y automáticamente comenzaría una loca carrera por buscar curro, por buscar una novia estable, por comprarme un puto dvd y por pensar en el color de la habitación para el nuevo miembro de la familia - pasando o no por la vicaría o el juzgado primero -. Como nunca he sido bueno en las competiciones creo que me voy a quedar aquí, viendo como los demás se matan por ser el primero, por ser el último o por no quedar en ridículo delante de un público indiferente. Cuando todo termine puede que sea el momento de abrir esa maldita carta y ver que es lo que me perdí por tomar la decisión de no participar en esa competición sin sentido, ¿será bueno? ¿Será malo? No me importa, nunca me ha importado, incluso si estoy de humor colocaré mi cámara en automático y me sacaré unas cuantas fotos para luego reírme a base de bien de la caras que puse al leer todo lo que le debía, todo lo que me perdí y todo lo que gané.

Pero mientras esto ocurre, voy a seguir disfrutando de mis simuladores de vuelo - que los adoro, por cierto -, de mis risas en el gimnasio con los compañeros de Aikido - los sudores van incluidos en el paquete -, de mis amigos con sus aventuras y desventuras, de mis libros, de mis risas - y también de las tuyas -, de mis ganas de meterte mano mientras preparamos la cena, de tus lágrimas - y también de las mías -, con mis ganas de sacarle fotos a todo lo que se menea - tú incluida - y en definitiva, de todas esas tonterías que consiguen que por un momento me olvide de esa maldita carta que todavía espera en la mesilla de la entrada.

lunes, 21 de julio de 2008

La Tinta, el Tintero y... la Nube

El sol se vuelve a encontrar en lo más alto, el calor vuelve a apretar su nudo con tal fuerza que la gente corriente se esconde bajo la primera sombra que encuentra o directamente ni sale a la calle. Todos salvo yo que me emperro en ir por donde me de la gana, después de unos cuantos días en donde comencé a sentir que el tiempo se esfumaba, más bien que se evaporaba y es que acabo de llegar a un callejón sin salida, un perfecto túnel hacia ninguna parte.

Al contrario de lo que se suponía, me ha encantado el lugar, es acogedor, nunca pensé que lugares así me fuesen a gustar pero mira tú por donde creo que me voy a quedar aquí una temporada. No por nada en especial, simplemente porque mi imaginación echó a volar hacia ninguna parte, a ningún lugar y me vi persiguiendo fantasmas entre dunas de cemento. Si me quedo aquí algún tiempo es porque necesito volver a pensar, volver a ordenar todo el desastre que noto a mi alrededor, y es que me veo sin fuerzas, sin ganas, tal vez sea este maldito calor o puede que sean mis ganas de complicarlo todo hasta el punto de no tener solución.

Comencemos por darle un poco de color, que para algo el sitio lo he elegido yo. Cada vez me gusta más, es un lugar apartado, sin ruidos, ni gritos, ni el bullicio de lo que no quieren escuchar su propia voz. Sentadito voy a seguir con mis historias ahora que el sol se ha cansado de lanzarnos sus agobiantes abrazos, mira por fin, la querida luna lunera hace acto de presencia y con ella se enfrían todos esos sentimientos, todas esas sensaciones que nuestra maldita vida se afana por sacar adelante. No existe nada como todos esos momentos de estupidez refrescante, de conversaciones interminables, de miradas cargadas de ganas.

Por eso me voy a quedar y no insistas más que ya te he dicho que necesito ponerme a ordenar todos aquellos momentos que tan insistentemente me haces recordar. Me encuentro a gusto, me encuentro bien, sin nadie que me de la paliza por no seguir los pasos hacia una vida felizmente anodina, de veranos calcados a los anteriores, de discusiones en la oficina o donde quiera que trabaje, de que todo sea igual porque una vez no le eche cojones a meterte mano en tu portal.

Demonios, ahora tengo por vecinos al maullar de los gatos, al ladrar de los perros y a ese extraño vagabundo que no para de contarme lo que un día fue, que todo lo perdió por una mala mujer, una mala gestión y una mala mano durante una timba en los barrios bajos. Resulta bastante extraño que ahora que debería de empezar a preocuparme por mi situación lo esté dejando todo por hacer, porque necesite aún más espacio, más tiempo, más de todo para que pueda desperdiciarlo, para que pueda tenderlo en lo más alto y ver como se va secando poco a poco hasta quedar acartonado y así poder usarlo de posa vasos. Te juro que intento entenderlo pero llega un momento en que ya paso, me importa un comino cual sea mi destino.

He llegado a un punto de no retorno, y del cual no me arrepiento en absoluto, puedes quedarte ahí donde estas junto a tu puñetera vida normal que yo me tragaré las ganas, me acurrucaré junto a esos cartones y por una vez voy a escribir todo aquello no fui capaz de vivir.

martes, 15 de julio de 2008

La Tinta, el Tintero y... el Pétalo

Por favor, pasa y ponte cómodo/a, ¿te apetece algo de beber o de picar? Voy a contarte una historia, una pequeña fábula de alguien que perdió la razón. De alguien que sin ningún motivo murió por buscar un sueño, por seguir los pasos de un deseo incontrolado, por no tener el valor de confesar sus pecados.

La historia comienza unos años atrás, ¿te acuerdas de ese señor que siempre veíamos al salir del colegio? Parecía que siempre iba a algún lugar, que tenia prisa por llegar. Con esa rosa en la mano y su sonrisa de enamorado. Creímos que era mucho más viejo cuando en realidad aún estaba en la flor de la vida. Nunca supimos a donde iba o de donde venía, a veces le vimos acompañado, riendo o llorando, hablando o callado, pero en su mayoría, sólo, arrastrando su sombra pero siempre con esa sonrisa en los labios.

Cómo nos fascinaba, inventamos mil aventuras en torno a su persona, qué haría, dónde viviría, en qué pensaría y el tiempo fue pasando. Nosotros crecimos y de persona fascinante se convirtió en adulto desagradable. Los mismos rasgos que vimos cuando éramos pequeños se convirtieron en motivo de nuestras burlas, de nuestras risas, de nuestros cotilleos. Las arrugas comenzaban a surcar su cara, siempre tan sonriente, tan amable y su sombra detrás ahora empujando su caminar. Siempre con esa rosa en la mano sólo o acompañado. Comenzamos a saber de su vida, nosotros y el resto del barrio, dicen que fue una persona normal hasta que se dejo el corazón olvidado dentro del buzón de un portal olvidado, esperando que alguien lo abriese, que lo leyese y por esa razón siempre lo estuvo ocultando. Para cuando ese alguien lo leyó, el amor de su vida rompió todo lo que el le había dado. La mujer, a la cual le entregó todo lo que poseía, se burló de él, lo despreció pero incansable cuentan que nunca se rindió.

Por eso siempre estaba contento, risueño, esperando que alguien le ayudase a recomponer los pedazos que fue encontrando desperdigados por cada rincón, por cada esquina, en cada habitación. De cuando en cuando, alguien le ayudaba, con el pelo largo y negro como el carbón, de faldas alegres y caderas infieles. Nunca pudo demostrarle a ninguna cuánto le podía llegar a dar, pues al intentar hacerlo se marchaban con el alba con un pedacito de su mirar. No eran más que habladurías, por supuesto, pero qué más da. Jamás lo quisimos comprobar, tampoco nos importaba demasiado ni nos molestamos en averiguar por qué siempre llevaba esa maldita rosa en la mano.

El tiempo siguió pasando, y nosotros ya casi adultos fuimos tirando cada uno por su camino. Aquella persona de la que tanto nos habíamos reído se fue desgastando, ahora nunca estaba acompañado. Su actitud fue cambiando y dicen que lo podías ver esperando en un parque durante toda una tarde, sentado mirando como jugaban los niños, como paseaban los enamorados. Podía estar así días enteros y cuando alguien le preguntaba siempre te respondía con un: 'Creo que he quedado con una mujer pero otra vez me han vuelto a dejar plantado'. La gente le empezó a tomar por loco, por un pirado, pues una vez le encontraron toda la noche bailando bajo la lluvia, se lo tuvo que llevar la policía. Después de aquel momento me contaron que lo habían medicado, que perdió el juicio pero como no tenía a nadie, le tuvieron que dejar por imposible. Incluso en el hospital siempre parecía estar esperando a alguien, con esa sonrisa, con esa rosa en la mano.

Cuando regresó, ya no era el mismo, un viejo triste y solitario, nunca le vieron con nadie, nunca quiso ir a aquella residencia, decía que poseía un aura de tristeza, que estaba esperando a alguien, que simplemente se habría retrasado. Del tiempo de las burlas y la indiferencia pasamos al tiempo de la pena. A mí por lo menos me pareció injusto, nadie se merecía un final así, fue entonces cuando cada vez que lo veía en el parque me paraba a hablar con él. Me contaba historias increíbles, de amores prohibidos, de aventuras y desventuras por las calles de Madrid, de cartas apasionadas pero noches frías, incluso de todos los viajes que hizo. Entonces fue cuando me di cuenta de que en sus ojos ya no había brillo, pues todo por lo que había luchado, todo lo que había querido se había perdido en las implacables arenas del tiempo.

De repente, dejó de aparecer por los parques, por las avenidas, y nadie se preguntó que pudo haberle pasado. Pasaron dos o tres días, la gente ya se había olvidado aunque a mí, no sé por qué me dio por preguntarle a aquella señora que siempre le tendía una mano cuando le veía más necesitado. Nos presentamos en su casa, nadie contestaba. Llamamos a la policía y lograron echar la puerta abajo... un olor rancio nos dio la bienvenida.

Lo encontramos en su casa, tendido en la cama solo y olvidado, con una rosa en la mano, esperando a ese amor que nunca le había llegado.

viernes, 11 de julio de 2008

La Tinta, el Tintero y... el Fuego

Atrapado en un sueño tan sumamente raro que no consigo saber si es verdad o mentira. Resulta extraña la sensación, como si no tuvieras el control de nada de lo que hicieras. Se reduce a cuatro paredes, a cuatro palabras, a cuatro gestos. De pronto, todo vuelve a cambiar pero tienes la impresión de que nada ha cambiado, todo está ahí, en su lugar, en su sitio. Las mismas caras, las mismas sonrisas, los mismos gestos y sin embargo... todo ha cambiado.

Supongo que no puedo vivir otras vidas, como tampoco arrancarme la mía, no puedo cambiar ni lo que soy ni lo que he sido, pero algo dentro de mi cabeza me grita que tampoco cambiaré lo que seré. Entre tanto la vida continua, no se detiene, no le importa nada; aunque sea mentira, aunque realmente si haya alguien ahí fuera que le importemos siempre usaremos este recurso para auto justificarnos, para creer que ya nada tiene sentido. De nuevo el cambio, desde mi ventana acabo de ver otro atardecer, otro más, he visto a toda esa gente ir y venir, la mayoría de fiesta, otra a sus quehaceres. Siempre hemos creado la necesidad y la solución a todos nuestros problemas. Pero, ¿qué ocurriría si alguna vez tú mismo formases parte de la necesidad y nunca de la solución? O fueses la solución a todo ese montón de problemas que no sabes donde están, ni que talla de pantalón ni el perfume que usan.

Comienza a refrescar y mis pensamientos se retiran para dejar paso a la triste oscuridad. No me gustaría creer que todo es inventado, que he desperdiciado mi vida, que tal vez escogí el camino equivocado. No, ninguno de esos pensamientos me invadirá esta vez. Yo soy quien soy, para bien y para mal, estaré solo o acompañado, pero seguiré siendo yo mismo. Atrapado en esta preciosa telaraña salpicada de gotas de rocío, es preciosa, magnífica pero esconde un secreto letal, nunca me lo hubiera imaginado, el mal esta ahí esperando un fallo, un error, un traspiés. En mi mano esta el evitarlo realizando malabarismos para escapar de ese abrazo mortífero, de quedar atrapado en una preciosa sábana de tela a la espera de ser devorado.

Tal vez, estoy pensando demasiado, tal vez estas cuatro paredes se estrechan hasta convertirlo en insoportable. Cuatro palabras, cuatro gestos, cuatro emociones y por supuesto, cuatro sabores. Un momento, son cinco nuestros sentidos, las cuentas no salen, nunca han salido. Y a quién le importa, quién esta seguro, quién desea realmente bajarse y ver como se alejan los demás. En algún momento eso fue precisamente lo que hice yo, o eso creo, nunca me ha gustado pensar sobre ese tema porque cada vez que lo hago todo a mí alrededor cambia, pero parece igual que antes.

Porque todo se reduce a cuatro paredes, cuatro palabras, cuatro gestos, cuatro miradas y… dos corazones.

miércoles, 9 de julio de 2008

La Tinta, el Tintero y... el Calcetín

Mientras estaba en la consulta del médico alguien ha entrado en mi habitación. Alguien que no sabía muy bien lo que buscaba pues lo ha dejado todo patas arriba. Mis libros desordenados, bueno, un poco más desordenados, las películas tiradas por el suelo, los cajones de la ropa completamente revueltos y la cama sin hacer - ¡ah no!, eso no, ese he sido yo -.

Cuando me disponía a recogerlo todo me he dado cuenta de un pequeño detalle: ha encontrado el cajón de tus recuerdos y parece que se ha entretenido bastante. Ha esparcido todas tus cartas, todas esas cartas de conversaciones interminables, de sueños que se quedaron en la cuneta, de sueños inconfesables, ocultos a miradas indiscretas, afianzados con nuestro puño y letra. Las ha ido dejando por toda la habitación, revueltas entre mis sábanas y algunos aplastadas contra ese rincón. Una por una las he ido leyendo, recordando todos aquellos momentos que una vez decidimos enviarnos con el matasellos de a cincuenta pesetas la ilusión. ¡Qué barato era! Y ahora que las leo desde un punto de vista distinto consigo ver como poco a poco todo se convirtió en humo, en cenizas, en noches de amargura pero lo peor de todo es que pasó sin que yo quisiera darme cuenta.

Después de recoger las cartas junto a un montón de trastos, descubro que también ha esparcido tus fotos, todas forman un divertido collage por encima de mi colchón. En cada una de ellas he visto el reflejo de lo que nos perdimos, de lo que ganamos, de lo que todo lo que nos costó. Y al final, de lo extraño que me pareció verte sin el brillo de tus ojos aquel día de finales de mayo. Todo fue tan rápido que no tuve tiempo de reaccionar, aunque algo dentro de mí me lo venía advirtiendo pero yo, soñador sin remedio, me negaba a escuchar, me negaba a creer que todos mis sueños se iban a acabar. Aquí estoy, devolviendo todos esos momentos a su rincón, pensando en todo lo que pudo haber sido pero jamás sucedió.

Ahora que te he terminado, ahora que todo vuelve a estar en su sitio me quedo pensando en quién pudo haber sido, tal vez deba llamar a mi Conciencia o tal vez pudo ser la Melancolía; lo pienso mejor y voy a lagar a Resentimiento de mi habitación que siempre esta chinchando esperando ver mi reacción. ¿Pues sabes lo que te digo? Mira, ¿ves todos estos recuerdos? Directos a la basura, que ya estoy cansado de ver como disfrutas echando sal y vinagre en la herida. Me toca mover ficha, y sé muy bien a quien voy a llamar que tengo ganas de dar una vuelta, de quemar mi dinero junto a alguien que no me conozca, que no sepa de donde vengo, ni le importe a donde iré. Si quieres te quedas ahí donde estas, pero esta vez, te lo juro, no me vas a acompañar. Ya veré donde amanezco, y al menos por una vez quiero ver la sonrisa de una mujer que no conozca... sólo por variar.

Un momento, suena el teléfono - ¿Ahora? Está bien, en tu casa a menos diez. No sabes lo que me acaba de suceder, no te lo imaginas. Bueno luego te cuento que tengo que sacar una bolsa de basura llena de mis antiguas penas. -