viernes, 30 de diciembre de 2011

La Tinta, el Tintero y... el Roce


El fin de año se acerca. Tradición o no, aquí va la última entrada de este año.

¿Un resumen? No sabría decir. ¿Una palabra o un sentimiento? Los buenos/malos deseos son para gente que busca algo.

Hace un tiempo investigaba cual podría llegar a ser mi lugar. Si en verdad podría dejar de escribir, ser una persona normal. Dedicarme por entero a llenar mis noches con copas rebosantes de alcohol, discotecas, de rondar los bares hasta ver salir el Sol.

Si me adaptaría a una vida sin curiosidad, sin tardes en silencio, sin eso que llaman “pararse a pensar”. Dándole esquinazo a mis libros, a mis aventuras en soledad, a mis hojas en blanco que gritan para que les eche una mano. El mundo es un lugar extraño para hablar de sentimientos a los cuales ya nadie hace caso. O cierran bajo llave en lo más profundo de un sótano.

Resulta que no puedo, soy incapaz. Un confinamiento que muy pocos saben apreciar. A nadie le interesa que hoy casi no lo has podido superar, cuando esperabas una llamada que no tuvo lugar. Que al decidirte, te prefirió ignorar. Durante meses si hace falta, para más tarde reaparecer creyendo que puede jugar contigo sin mediar palabra, pura diversión. Alguna que otra confesión y cada uno a su casa porque la amistad duró lo que dura un cigarrillo ahogado en un rincón.

Con total sinceridad, este año ha sido el año del olvido. El abandono de ilusiones que cortaban como el cristal. El descuido de sonrisas dibujadas sobre un reloj de arena para que el tiempo se encargase de borrar mientras las dibujaba una y otra vez con la esperanza de no verlas desaparecer.

Sin embargo, al darme cuenta de estos pequeños descuidos se han abierto puertas que mantenía cerradas sin ningún motivo.

Tan solo me resta decir que ahora me toca seguir mi camino, y quien quiera que intente seguir mi ritmo.

domingo, 25 de diciembre de 2011

La Tinta, el Tintero y... la Bifurcación

- Y por qué no. -, me pregunto.

En esta ocasión me uno al coro de felicitaciones navideñas. Mi afición a este tipo de celebraciones es más bien escasa. Lo reconozco. Muchas "obligaciones" sociales que ni me van ni me vienen. Demasiadas caras alegres, aunque te importe un comino cinco minutos después y otros tantos mensajes de personas que ni te saludan por la calle, los cuales lees sin pena ni gloria y que respondes por responder.

Desde hace un tiempo me pregunto por qué se usan estas fechas para ser mejor persona, para intentar mantener el contacto con gente a quienes el tiempo hace mucho dejo atrás. ¿No sería mejor no escudarse tras un calendario? Una misión difícil, por lo que parece. La sonrisa forzada y los puñales cargados de buenos deseos son la nota dominante.

O tal vez, y para mantener el equilibrio en la balanza, no sea el resto del mundo sino yo quien se salga por la tangente estos días y piense más de la cuenta.

Sea como fuere, dejaré a un lado toda esta amalgama de sentimientos contradictorios y pensamientos dicotómicos.

¡Felices Fiestas a Todos!


lunes, 12 de diciembre de 2011

La Tinta, el Tintero y... el Robo

De entre las muchas manías que tengo, una de las más peculiares es mi afición por las linternas. En efecto, ese aparato que al pulsar un botón ilumina una pequeña porción de oscuridad. Esta afición, por llamarlo de alguna manera, va de la mano por la terrible atracción que tengo por los lugares tétricos y deshabitados.

Desde un desván, pasando por casas abandonadas, laberínticos trasteros, incluso bosques apartados de la civilización. Todos ejercen una influencia en mi difícil de explicar.

En cuanto tengo la ocasión, mi corazón y mi mente me empujan a explorar dichos parajes. Linterna en mano, si puede ser y si es noche cerrada es la guinda del pastel. En busca de algo que ni yo mismo sé. Tal vez sean las ganas de explorar, de vivir esa pequeña aventura que nadie más conocerá. Tratando de cazar sombras esquivas de seres abominables que sólo mi imaginación es capaz de crear.

Y sin embargo, no es la última excentricidad que guardo bajo la manga. El pasado fin de semana, me perdí un rato por Madrid. Un agradable y frío paseo cruzando mi vista con un sin fin de vidas, de ojos con prisas. De sonrisas forzadas y risas contenidas. De esperas interminables para comprar, descambiar o devolver regalos, deseos y, tal vez, algún beso robado de ese amor olvidado en quien no llegaste nunca a creer. El camino desde Callao hasta Cibeles tiene mucho que ofrecer.

Cumplí, al tiempo, con un deseo que venía rondando desde hace un tiempo. Uno tan extravagante como sencillo en su manejo. Entré en una tienda y compré una Brújula. Tras una pausa observando como la aguja me señalaba el Norte, como un niño que descubre que al mezclar Amarillo y Azul todo se vuelve Verde, me note a mi mismo contento. satisfecho porque a partir de ahora sería incapaz de perderme.

Seguro de que ocurriese lo que ocurriese, podría regresar a mi casa aún cuando esas caricias se desvanezcan como la niebla de aquella fría mañana.

viernes, 9 de diciembre de 2011

La Tinta, el Tintero y... el Diapasón

Convencido o no, toca representar una función. Ponerse una careta e interpretar al son de una orquesta cadavérica.

Con cada paso que marca el metrónomo todos los actores recitan su papel, sin misericordia, sin mirar a quién. El sonido, tic tac tic tac, se instala en tu cabeza y golpea sin piedad. Tic tac tic tac.

Echo a correr como alma que lleva el diablo, salgo de escena, salgo del teatro, salgo tu vida como si nunca hubiera estado. Pasan los años y aún recuerdo ese café al cual nunca fui invitado. Un bicho raro, una definición perfecta para la contracorriente que nunca tuviste el valor de nadar ni yo de navegar.

Esta bien ahora, mientras las telarañas se adueñan de los momentos que nadie supo aprovechar. La tranquilidad de una taza de té mientras observo a aquellos que luchan hasta el final por una vida normal. Una en donde todo encaje, cada palabra, cada sentimiento, cada amante, dentro de un marco perfecto que poder mostrar a su grupo de amigos al tiempo que comentan: “Yo tuve el valor de seguir los dictados de mi corazón.”. O puede que me fije en esos otros, quienes pelean por imponer su punto de vista, dejando a un lado una existencia tan trivial como las sonrisas que me regalaste sólo para no quedar mal.

En cualquier caso, todos somos perros y todos somos amos. Público, crítico y actor que no tienen ni idea sobre qué trata la función.

Dejo la taza de té, miro el reloj y me preparo para salir al escenario. Es hora de interpretar mi escena en un escenario de un teatro vacío de público hace ya incontables años.

lunes, 28 de noviembre de 2011

La Tinta, el Tintero y... la Atalaya

Si os contase que cada día que pasa me cuesta más escuchar a mi corazón, ¿os lo creeríais? Si os dijese que me he perdido en una lúgubre mansión construida sobre los cimientos de mi imaginación, ¿os convenceríais?

Husmeo de habitación en habitación. Buscando misterios y maldiciones que la realidad dejó tras de si en su huida hacia ninguna parte. Me asomo por los ventanales, observo y un ejercito de árboles aguarda en silencio evitando que los gritos de desesperación se alejen más allá de la puerta de entrada.

Hace tiempo que tengo miedo de mirar hacia atrás y convertirte en una estatua de sal. O peor, pues me perdí en un mundo que nadie comprendía, con el objetivo de luchar contra fantasmas que sólo yo veía.

Soy a la vez prisionero y carcelero en esta tétrica cárcel de papel.

domingo, 13 de noviembre de 2011

La Tinta, el Tintero y... la Estatua

Ráfagas de viento esparcen sonetos, panfletos, hojas de una obra de teatro. Miradas, susurros y lecciones nunca aprendidas. El Otoño lo pinta todo de ocres, de anaranjados marrones, de días en los que salir de casa, de quitarte la manta, suponen toda una aventura.

Como todo buen hijo de vecino tengo una vida entre bambalinas. Una vida detrás de estas letras, de estos extraños poemas. Resulta, que intento no ver la vida demasiado gris. Ni con demasiados colores, el exceso de confianza mata tan rápido las esperanzas como una bala.

Durante ocho horas y media intento sobrevivir lo mejor que puedo. Lo mejor que me dejan. Pienso que es por mi carácter inconformista, porque no me conformo con una respuesta simple a mis preguntas, ni a mis dudas. A mi forma de ver la vida.

De cuando en cuando, intento encajar las piezas. Me quedo en el intento porque los rompecabezas nunca se me dieron bien. Me inclino por pensar que si bien en ocasiones no quiero encajar porque no comprendo las reglas del juego, en otras tantas no entro a jugar porque sencillamente ni sabía que estaba jugando.

La fuerza que me impulsa a continuar es de una simpleza aterradora. Quiero ver que hay más allá. Saber si podré soportar un día más, una tarde fría delante del ordenador escribiendo, o si por el contrario sucumbiré ante los cánticos de sirena que te arrastran a una vida apacible, sin necesidad de buscar soluciones a problemas que jamás te encontrarás.

Singular forma de pensar. Con tantos proyectos en la cabeza a medio comenzar, medio terminar o medio moldear. Deseando leer mil y un libros, escribir cientos de historias. Hablar y quedarme en silencio porque no encuentro una conversación con la que charlar. Mirar a los ojos de las personas y adivinar sus sueños, sus pensamientos. Sonreír cuando tengo ganas de llorar y repartir lágrimas entre las sombras de mi soledad.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

La Tinta, el Tintero y... el Cabestrante

Resulta que el mundo se está yendo al cuerno. Que bien, ¿no? Los unos por llenarse los bolsillos y los otros por que quieren hacer lo mismo.

Mientras el mundo se afana por avivar esta extraña lucha de clases, de capital, de aferrarse al poder, de hacerse escuchar, yo me conformo con que me dejen en paz. Pero resulta que ahora, incluso con estas, a uno le cuesta no luchar por soñar. Bombardeado a conciencia por ambas partes, lo único sensato que se me ocurre es mirar la lluvia resbalar por el cristal mientras estás a mi lado.

Cierro los ojos, disfrutando de ese ligero escalofrío que te recorre el cuerpo, los abro y el sueño se ha terminado. No hay cristal ni lluvia ni nadie que esté a mi lado. Abro el libro por donde lo había dejado y continúo leyendo. Tejiendo historias que se irán directas a un papel en blanco, gritando por tener más tiempo, por tener más ganas, por ponerle más empeño.

Con el frío, miro el mundo desde el otro lado. Con el sonido de fondo de mis dedos sobre un teclado o del plumín danzando sobre un cuaderno arrugado.

sábado, 22 de octubre de 2011

La Tinta, el Tintero y... las Alas

Atención: Relato Corto.

El sol se pone, dejando tras de sí un oscuro cielo enmarañado de nubes. De su bolsillo saca las llaves electrónicas de su coche. Pulsa un botón y los cuatro intermitentes parpadean al mismo tiempo. A dos pasos de abrir la puerta comienza a chispear, el viento arrecia.

Introduce las llaves en el contacto. Un suave repiqueteo suena por todo el coche. Pequeñas gotas de agua se deslizan por todo el parabrisas. Respira, ese sonido le relaja. Vuelve a respirar, sus sentidos más calmados. Se encuentra tan cansado, hoy será un día difícil de olvidar.

Mira el reloj, un poco tarde. Arranca, mira por el espejo retrovisor y se incorpora al tráfico. Acelera poco a poco y las luces se mezclan con el agua de lluvía mientras el limpia-parabrisas crea pequeñas catarátaras alrededor del cristal. En carretera el tráfico es lento. En cada parada mira la ciudad, ahora tan lejana. Con sus edificios dispuestos en orden, cada uno con una historia, con una vida particular. Como la suya, hoy será un día dificil de olvidar. Alguien pita, se centra, arranca y pide perdón para sus adentros. La fila de coches desfila con ansia de velocidad contenida. A él le da igual, duda entre poner la radio o no. Siempre se imaginó que el rumor de la lluvia era el sonido de miles de sonrisas, de besos, de caricias.

Toma su desviación, como siempre vacía. Acelera y todo a su alrededor se difumina. La luz de las farolas se convierten en sinuosas lineas y la lluvia ahora es un fino telón que atraviesa el único actor sobre el escenario de asfalto. Gira en una curva y ante él se abre la oscuridad. Ya no hay más farolas, no más luces de ciudad. A los lados los árboles y arbustos le miran con curiosidad. Más lejos, más lejos ni se atreve a imaginar lo que le puede llegar a esperar.

Este tramo no le gusta, rodeado de tanta soledad lo único que se interpone entre él y sus pesadillas son los faros del coche. La única luz que corta las tinieblas con una determinación angustiosa. Otra desviación más, otra vez la suya. Rodea una pequeña colina, a su paso le asaltan media docena de edificios bien alineados,. Le dan la bienvenida mientras unos destellos anaranjados le arropan con calidez. Serpentea por las calles. Se detiene en un semáforo y observa como una pareja corre a refugiarse de la incesante lluvia. A través del crital oye sus risas. Corren, sí, pero no tienen prisa. Les da lo mismo llegar a su destino empapados hasta los huesos. Él esboza una sonrisa al tiempo que un destello verde ilumina su rostro.

Llega a una avenida amplia, flanqueada por una fila de árboles. Guardianes verdes que aguantan estóicos el embate de la lluvia. Un relámpago, segundos después, un trueno. El viento anuncia con fuerza desmedida la inminente tormenta. El agua golpea el coche y el suave sonido de las gotas deja paso a un aluvión de impactos sobre el parabrisas. Avanza unas decenas de metros y gira, al fondo de la calle ve su casa. Un edificio entre tantos otros. Algunas luces surgen de ventanas al azar. Al fin ha alcanzado su destino. El día se queda atrás. La oficina, la discusiones, las ganas de escapar, son un recuerdo que comenzó con el sonido del despertador. Como cada día, de Lunes a Viernes ha de esconderse tras una careta, un traje bien planchado y una corbata.

Nada de soñar despierto, nada de expresar tus opiniones. Se pueden encontrar con la sonrisa sin escrúpulos de alguien que no desea otra conversación que no hable sobre beneficios, gestión del tiempo, tareas por realizar... Suspira, por mucho que quiera, no lo puede cambiar. Algunos días pasan sin darte cuenta, metido en tu trabajo cuando quieres darte cuenta es hora de comer. Un poco más tarde estás saliendo por la puerta que te vió entrar. Otros, cuando les ves aparecer sabes que no tendrás escapatoria. Su mirada te busca, mientras avanzan a toda prisa por la oficina. Al dar contigo hablan a toda prisa. Contándote sus problemas, como si la vida les fuera en ello. En parte tienen razón. Salvo los grandes "peces", nadie está a salvo. Un paso en falso, una queja del cliente, un retraso inevitable... Y estás fuera. Sólo cuentan los beneficios, el resto es prescincible, carne de cañon.

Con un parpadeo olvida todo eso, por hoy ya es suficiente. Sin embargo, el día fue diferente. Recordó los viejos tiempos. El instante en que se conocieron. Cuando salía con sus amigos a tomar una cerveza y se encontraba regresando a casa al tiempo que salía el Sol. ¿Qué fue de todos esos amigos de los cuales ya no sabe nada? Su imaginación le contesta, le dice que todo va bien, que siguen con sus vidas. Algunos son padres y otros se perdieron entre el humo de los bares. Otros perdieron su empleo y salieron adelante. Los menos, el tiempo y el olvido se ocuparon de sus nombres.

La tristeza se hace un hueco al recordar a un par de amigos que ya no estarán. Nunca les volverá a ver. Un día, la mala suerte desplegó todo su arsenal. En el lugar y momento equivocados y se vió en mitad de un funeral. Evoca cada instante que pasó con ellos. Sonríe, aún no les ha olvidado y es el mejor homenaje que jamás les ofrecerá. Ni flores, ni visitas a lápidas de piedra con sus nombres cincelados con frialdad.

En un par de semanas, se juntarán todos. Todos los que puedan, claro está. De nuevo entre risas, historias y cervezas, les recordaran con una melancólica alegría. Junto a sus novias, mujeres, esposas, por una noche volverán a ser aquellos novios que no tenían preocupaciones. De regreso, se olvidarán de sus arrugas, de que ya son un poco más viejos, de pagar las facturas. Del colegio de los niños. Se surrurán palabras de amor al oído y recordarán entre risas y caricias el momento en el que se conocieron. De la primera llamada, del primer beso. Aquellos que continúan solteros se dejarán llevar por las luces de los bares, por un par de copas de más. Volverán a la carga e intentarán cerrar algún que otro bar en una noche repleta de historias, de momentos que no quieren dejar pasar. Hasta que el cuerpo aguante, aunque ya no sea como antes.

El resto, seguirán sus vidas, los pasos que conducen a su propia felicidad o a una desdicha mal disfrazada de tediosa normalidad.

El edificio se alza como un gigante, ocupando todo el horizonte. La lluvia no desea pasar la oportunidad y lo envuelve todo a su paso. Frena, de la guantera saca el mando que controla la puerta del garaje y pulsa un botón. Un portón metálico se desliza sin prisa. Un mayordomo flemático que disfruta de su trabajo. El coche avanza cauteloso entre las columnas del aparcamiento. Sus ojos se acostumbran a la penumbra reinante, sin mucho esfuerzo localiza su plaza. Aparca justo cuando el portón se cierra. Sale del coche, el eco de la tormenta rebota por las paredes. Hueco, casi sin vida. Mira hacia los lados y observa el resto de coches alineados a la perfección. A unos pocos metros, la salida. Sus pasos retumban por todo el pasillo, juegan a esconderse entre los coches. A perseguirse entre las columnas mientras avanza. Sin poder evitarlo mira a su alrededor, al igual que el eco a la penumbra le encantan las sombras chinas. Aquí y allá formas escurridizas se abren paso a medida que la salida se acerca.

Justo antes de empujar la puerta, las luces se apagan. Su corazón comienza a latir. De manera insconciente mira en todas direcciones, en un impulso incontrolado abre la puerta y se lanza hacia la ténue luz que indica un interruptor. Lo pulsa. Las luces tintinean y se encienden. Respira profundo. En dos pasos se planta frente al ascensor, aprieta el botón y escucha el sonido de los engranajes. A los pocos segundos, las puertas se abren con un brillo intenso. Una última mirada por encima de sus hombros y entra.

Las puertas se abren, se dirije sin prisa hacia su casa. Las llaves chocan entre sí al sacarlas del bolsillo. Tres pasos y la puerta se abre...

Un momento, ¿tres pasos? Algo no está bien, a estas horas deberían de estar en casa.

- ¿Hola?, pregunta al aire mientras deja las llaves sobre el recibidor. - ¿No hay nadie?

No necesita encender la luz para moverse por su casa, y mucho menos para dejar su abrigo en el perchero. Sólo escucha la tormenta, la única que parece estar deseosa de entrar en su casa.

- ¿¡¡Hooolaaaa!!?.

Un murmullo a su lado, unos pasos sin mucha decisión. Unas manitas se agarran a su pantalón. Se tensa, sonrie, y acaría con suavidad la cabecita que se hunde en su muslo

. Todo se ilumina. De todas las habitaciones comienza a salir gente.

- ¡FELIZ CUMPLEAÑOS! - corean al unísino.

Conteniendo las lágrimas, se agacha, cogiendo en brazos a su hija que se aferra a su cuello. Su mujer se adelanta y le besa. Allí están todos, amigos y familiares. Contagiando de felicidad cada rincón de su casa.

Hoy será un día difícil de olvidar.

miércoles, 12 de octubre de 2011

La Tinta, el Tintero y... la Provocación

Hoy toca una reflexión. Una que me ha rondado la cabeza desde que comencé la mudanza.

En casa de mis padres, a pocos días de la independencia, mi habitación era un constante trasiego de cajas, carpetas, ropa y enseres y recuerdos que se venían conmigo a mi nuevo hogar. Aquí y allá se amontonaban pilas de objetos que se quedarían hasta que terminase de amueblar un mínimo y tuviera un lugar donde colocarlos. Mientras revisaba una vieja carpeta, encontré una docena de cartas recibidas tiempo atrás. Sí, cartas, de esas escritas a mano y depositadas en un buzón de correos amarillo.

Una a una, las abrí. Releyendo lo que me escribieron amigos y conocidos. Algunos han desaparecido por completo de mi vida. Un parpadeo y resulta que han transcurrido casi diez años desde entonces. Otros, con tan sólo girar la vista, ahí están. Como siempre.

La nostalgia entró en mi habitación de puntillas. No por las personas que ya no están, sino por algo muy distinto. Hace tiempo que ni escribo, ni recibo cartas.

En un mundo “globalizado” – esta palabra siempre me ha recordado a los orondos balones de Nivea que se lanzaban desde avionetas en las playas españolas allá por los ochenta. –, donde todo el mundo está conectado, todo el mundo envía correos electrónicos, mensajes multimedia, y realiza video conferencias desde su móvil, resulta que el simple hecho de perder una hora para sentarse y escribirle a una persona es anacrónico. Está pasado de moda.

Ahora se lleva subir fotos de mi perro, mi gato o de como me saco un moco, a un sin fin de redes sociales y páginas web. Todos tus amigos comentan, al instante, cada movimiento, cada palabra, cada pensamiento, cada chiste.

No sé que es peor, que nuestra intimidad se haya esfumado entre tanto “móvil inteligente” y “conexión en tiempo real” o que no tengamos control de nuestro tiempo. Hasta el más pintado usa estas herramientas para hacer oír su voz, y sin embargo nadie parece estar interesado en escribir una sencilla carta.

Recuerdo cuando yo las escribía. Por desgracia, me uno al grupo de los que tampoco escriben una. Sentado delante del escritorio, a un lado media docena de hojas en blanco – por las erratas, que al escribir a mano, unos pocos tachones resultan bonitos, naturales. Con veinte, se parece más al juego del ahorcado o la ruleta de la fortuna –, al otro un bolígrafo

La fecha, el lugar... Y un poco de orden y concentración. ¿Qué contar? ¿Por donde empiezo? Ah sí, por esa anécdota tan graciosa que me sucedió el otro día. O tal vez, por cuanto me cuesta estudiar. O incluso un “Qué tal, cuanto tiempo” puede servir igual de bien.

Sin darte cuenta, llevas escritas un par de hojas. Acabas de contarle todo lo que ha pasado por tu cabeza, sin importar nada. Ahora, le llega el turno al sobre. Confieso que nunca he sabido doblar una hoja para que entre sin que acabe con unas cuantas dobleces de más. El correspondiente sello, el lametón en el borde – aunque con un poco de agua también sirve –, escribir la dirección y un paseo hasta el buzón de correos.

El siguiente paso es esperar. El día menos pensado, al mirar en tu buzón encuentras un sobre que te mira tímidamente a través de la rendija. Abres la portezuela y ahí está. Tu nombre escrito a mano, con tu dirección completa. Por detrás, el remitente. Con un poco de suerte, ya te está esperando en casa. Encima de tu mesa con un “Has recibido una carta.” de tu madre, padre o hermanos/as.

Tu turno. Abres la carta y comienzas a leer. La fecha, de hace una semana. Resulta reconfortante leer una carta escrita a mano. Una en la que te cuenten lo que ha pasado, lo que han soñado, lo que han vivido. Porque eso significa que esa persona ha dedicado un tiempo en sentarse y pensar en ti. En agarrar un bolígrafo y dedicarte unas cuantas palabras.

Pero todo esto está pasado de moda. Ahora con dedicar diez minutos delante de un ordenador puedes escribir todo lo que quieras, a quien quieras, como quieras...

Supongo que por eso continúo escribiendo a mano, aunque sea para mi. En mi pequeña rebeldía contra el mundo. En mi afán, como todos, de encontrar un hueco y comprender qué es lo que sucede a mi alrededor.

martes, 27 de septiembre de 2011

La Tinta, el Tintero y... la Decepción

Encerrado en una prisión escarlata me encuentro.

Sin rejas, puertas ni ventanas. La compañía la obtengo del eco de tu sonrisa, del sabor de cuatro palabras mal dichas. Con mi alma hecha trizas por un verdugo de piel carcomida.

Pasan los días, mi cuerpo se pasea por una ciudad vacía. ¿Lo estaré soñando?

¿Acaso los muros de mi prisión han sido derribados?

No lo creo, tan sólo se han desplazado para mi tortura y desespero.

Pues con la mirada vacía busco y no te encuentro, ya solo me resta abandonarme a mis sueños.

Hasta que venga el verdugo diciendo que ha llegado el momento.

Y colgado de una soga tejida por las lágrimas que derramaron mis sentimientos, le dedique una última sonrisa al viento.

domingo, 18 de septiembre de 2011

La Tinta, el Tintero y... el Cordón.

Mi inspiración se encuentra congelada en el tiempo. Bajo una gruesa manta de hielo. Con su sonrisa y su mirada lánguida me acusa mientras dure su encierro.

Me pregunto como he llegado a esta situación, cómo es posible que llenando páginas y páginas con historias que comenzaban con una simple sonrisa, el sonido de un despertador o cualquier otra chorrada, ahora me encuentre perdido. Sin saber que decir o que hacer.

En esos días, que pueden llegar a durar semanas, me esfuerzo por intentar no caer. Evitando las trampas que bajo mis pies ponen la desidia y el abandono.

Miro a mi alrededor en busca de alguna salida, de alguna respuesta. Cazando interrogaciones en un campo lleno de exclamaciones. Así me siento.

La cuestión que me planteo es la siguiente. Tal vez necesite un cambio, nuevos aires, perspectivas mejor moldeadas. Tratar de evitar que mi singular visión tome el control, imponiendo unos límites acordes a lo que quiero, a lo que deseo. Sin extravagancias, las justas y necesarias para asomarme al abismo y no sentir vértigo.

¿Cómo lograrlo? Aún no estoy del todo seguro. Comenzaré por ordenar mis ideas, mis pensamientos y mis sentimientos. Con calma, sin prisa y sobre todo sin desviar mi atención. Con un poco de concentración estoy seguro de conseguirlo.

Un paso, un pequeño paso. Cambios ligeros, que apenas se noten. Porque ya tengo los ojos cansados de tanto plan estrafalario.

jueves, 8 de septiembre de 2011

La Tinta, el Tintero y... el Caminar

De viajes, de carreteras, de paradas y cafés. Estirar las piernas y descansar un poco.

Los viajes poseen una gran atracción sobre mi. No por el hecho de llegar a ningún lugar concreto. Sólo viajar, recorrer kilómetros y ver el paisaje cambiar. Sin pedir nada más. Es mi particular canto de sirena. Me siento al volante, escucho el motor y las ruedas se ponen a caminar.

El paisaje cambia, sin sobresaltos, sin sustos. El horizonte cobra vida propia y como el mejor narrador cuenta su propia historia con calma. A lo lejos, te habla sobre tal o cual pueblo. Sobre aquella ciudad que nunca visitarás, repleta de historias que jamás conocerás. De ese bar de carretera en el cual te tomarás un café y pasados cinco minutos ya no recuerdan ni tan siquiera como eras.

Detienes tu marcha, llenas el depósito y la mirada se pierde en aquellas montañas de sonrisa pétrea y triste despertar arropan con sus brazos a bosques, a campos repletos de girasoles, de cebada, de trigo, de olivos, que más dará... Sonríes, y cuando te quieres dar cuenta ya no están.

El camino prosigue. A lo lejos, si tienes suerte, atardece y con un sólo parpadeo de ojos te das cuenta de que a tu destino acabas de llegar.

Paro el motor, bajo, miro hacia atrás y pienso, Necesito más.

lunes, 29 de agosto de 2011

La Tinta, el Tintero y... el Embate

Tras dos semanas de inactividad me paro, respiro, pienso y sonrío – o al menos lo intento.

De vuelta a la carga, La rutina diaria a dos días de las vacaciones resulta insoportable. Mientras, el que suscribe se ha retirado del mundo. Angustiado, en parte, por no salir de un pozo en el que se ha metido sin mediar palabra con nadie. Dios mediante.

Le resulta doloroso el simple hecho de pensar en todo lo malo que cree que le ocurre. Cuentos inventados, leña en un fuego tan abrasador y tan blanco como lo es el llanto. En ningún momento nadie le ha señalado con el dedo demostrándole que todo lo que le da miedo es cierto.

Y sin embargo, aquí está. A rebosar de miedo, aturdido por unas risas humillantes cuyo nivel de voz no es más alto que el del silencio.

¿En qué momento perdió el control de sus sentimientos? ¿Cuándo dejó que sus miedos se transformasen en una realidad que nadie más es capaz de ver?

En cualquier caso, llevar puesta una careta cuando lo único que quieres hacer es llorar para demostrarte que aún posees sentimientos, no es una buena idea.

Al cabo de un tiempo, si la careta se funde con tu piel y tus sueños, los sentimientos se vuelven fríos como el acero...

De acuerdo, me paro, respiro, pienso y sonrío – o al menos lo intento.

domingo, 14 de agosto de 2011

La Tinta, el Tintero y... la Cárcel

Es Domingo y me ha dado por pensar.. En las palabras de aliento de los demás, en discursos que nadie se quiere aplicar. En mis tonterías, en mis proyectos que no terminan de arrancar. En todos esos momentos que me invento para soportar la carga de una soledad que ya no sé si quiero, si puedo o si es mi obligación soportar.

Eso de gritarle al mundo quien soy me suena a campaña de marketing barato de algún charlatán obsesionado porque otros cambien el mundo mientras él disfruta de los vicios y los placeres de esa misma sociedad que pretende moldear sin mover un dedo. Viendo como los demás se dejan el pellejo.

Tal vez sea que me gusta demasiado la oscuridad, y en cuanto poseo unas cuantas horas de libertad mi cuerpo huye de la luminosidad de los días, a la espera del silencio brindado por la luna. Ocho horas en donde me paro a pensar.

Tal vez sea que ya no me interesa hablar. Cuando observo lo que me rodea; las sombras y marionetas que se supone juegan dentro de la ciudad con sus hilos que las mueven sin necesidad de hablar, cierro la boca. A nadie le puede interesar. Y qué más, me lancé al vacío sin más objetivo que el de sentir el miedo por no tener el suelo bajo mis pies. Ahora que me encuentro en caída libre, pienso, ¿y cuando llegue al final?

Voces que lloran por el tedio que representan las horas consumidas en el fuego de una vida vacía, yo les digo ¿acaso vacía? ¿O fuiste tú, al igual que yo, quien decidió abandonarse a la espera de un mundo mejor? Como aquellos charlatanes que pretenden que otros cambien un mundo para justificar un resentimiento profundo que nunca supieron ni combatir, ni vencer.

En fin, tal vez sea que hoy, incluso siendo Domingo, me ha dado por pensar. Puede que lo peor de todo no sean las cervezas de más, sino que miro a mi alrededor y no tengo a nadie que me brinde una sonrisa y se lo pueda contar.

Me gusta demasiado la oscuridad...

sábado, 6 de agosto de 2011

La Tinta, el Tintero y... el Souvenir

Hoy no me apetece escribir palabras y frases en las manos del viento. Intentaré ser un poco más prosaico. Pero sólo un poco ¿eh?

Resulta, cada vez que pestañeo se me escapa el tiempo. Ha caballo entre el trabajo y mi casa los días se evaporan. Tan rápido como una gota de agua en mitad del desierto. Sentimientos encontrados, porque por una parte es un alivio no estancarme, sentir que todo avanza despacio. Sin embargo, siento que intento abarcar más de lo que puedo.

Leer, escribir, planchar, fregar, relajarme y disfrutar. De todo esto y mucho más se llenan mis días. A las 6 de la mañana suena el despertador y vuelta a empezar.

Días en los que me desespero porque parece como si no hubiera logrado nada, otros, en cambio, no podría contar todo lo que hecho. Un equilibrio entre lo que deseo y lo que me encuentro. Pasan las semanas y las hojas de mis cuadernos se van llenando con historias, de nunca acabar. De cuentos del día a día. Los escribo para no perderlos, atesorandolos, pequeños recuerdos escritos a mano.

El sol se levanta, se acuesta mientras flirtea con un cielo cargado de estrellas. Entretanto sigo con mis proyectos, mis ilusiones y desengaños enfrascado en un proyecto a largo plazo llamado existencia.

lunes, 25 de julio de 2011

La Tinta, el Tintero y... la Definición

El sombrero me lo quito ante muchas situaciones que he visto, que he vivido. Lo guardo cuando no quiero saber nada del mundo. Cuando me canso de ver como mucha gente es capaz de esgrimir argumentos en contra del mundo para luego no salir de su maldito ombligo.

Hace tiempo que me olvidé cómo es eso de ser un cruzado en pos del “buen hacer”, de ser un gran amigo que ni llama ni se deja ver. De dar lecciones sobre la vida, el trabajo, el amor. Ni puedo ni quiero poder. Las lecciones se ofrecen como moneda de cambio, y mi, si te soy sincero querida, vuestras conferencias desde lo más alto del escenario, me importan un rábano.

Me quedo con mis sombras, del pasado o del medio día, con esos amores inventados. Con mis tardes tumbado, leyendo o dibujando nubes en un techo pintado de blanco. Con mi música, mi cuadernos, mis ganas que se duchan por cuarta vez en lo que va día. Y me quedo mudo ante historias de la vida que desconozco como han de ser vividas. Sin embargo, me río de mi mismo, del payaso bobalicón que se refleja cada mañana en el espejo. De ese que no sale de sus libros, que no entiende nada sobre comportamientos sociales más allá de unas cervezas y unas risas en los bares.

martes, 12 de julio de 2011

La Tinta, el Tintero y... el Cansancio

Por una vez, ni me pierdo, ni me quiero perder, ni en este mundo ni en aquel.

Continuo con lo mío, que es soñar con los ojos abiertos y la boca cerrada ante la realidad. Las palmas a la espera de poder contar cuentos increíbles del otro lado del mar de Nunca Jamás.

A pesar de este nuevo hogar, permanezco igual. Inmutable ante las vidas que se dejan arruinar por sueños tan creíbles como los cantos de las Sirenas en alta mar. De conversaciones anodinas, de pensamientos transformados en palabras, tan absurdos, tan vacíos de contenido, tan centrados en vivir dentro de unos límites que se olvidaron de todo lo demás.

Que os voy a contar.

Sin embargo, sigo creyendo que existe algo más. Supongo que por eso me quedo aquí, a la espera o buscando sin cesar, otro camino en el que resuenen tambores de guerra. Uno de esos que dé miedo el mero hecho de pensar en recorrerlo. Una senda que me lleve lejos, donde no tenga que escuchar lamentos arrojados a la cuenta por calendarios que no saben ni en que día están.

Si alguna vez doy con el rastro, no te preocupes que yo te aviso. Por si te has decidido a cortar con los antiguos lazos y prejuicios y te atreves a sonreír conmigo.

lunes, 4 de julio de 2011

La Tinta, el Tintero y... la Vigilia

Me despierto dentro de un sueño. A un lado quedan los restos de un mundo al cual ya no pertenezco. Hace tiempo que siento como mi sombra ya no tiene dueño, ni rumbo, ni ganas de seguir con este cuento.

El viaje, extraño, da comienzo cuando, al fin, me duermo. Cuando todos los ruidos se ocultan tras un velo negro. Cuando mi mente, hastiada de tanta monotonía, de tantas ganas reprimidas, de tantos desprecios y tantas sonrisas que esconden puñales para degollarte por la espalda.

Al abrir los ojos, oscuridad. Camino a ciegas y no se diferencia mucho de cuando tengo los ojos abiertos. Unos pasos más, mis vista se acostumbra. El negro se disuelve en una tonalidad de grises, que van dando forma a ciudades por donde pasean mis pensamientos. Me acerco un poco más y distingo formas borrosas que susurran tu nombre. Apoyadas en siniestros alféizares de moradas que ningún hombre se atrevió a pisar.

El sueño no cambia, acelero el paso. Termino en el borde de un espigón. Enfrentado un mar que atesora con rabia todos esos momentos que no nos supimos dar. Las olas rompen y el agua, que roza mis labios me sabe a sal. A la misma con la que cierro mis heridas para recordarme que no te puedo olvidar.

Transcurrido un tiempo, la Luna me dice que ha llegado el momento de desvelarse. Me levanto, me desperezo... Y al mirarme en el espejo pienso que no estaría tan mal desvanecerse en el tiempo como un maldito sueño.

sábado, 18 de junio de 2011

La Tinta, el Tintero y... el Césped

Reaparezco, sólo un momento. Asomo la cabeza de entre las muchas tareas que asolan mi pensamiento, cojo aire y me zambullo de nuevo.

Sí, sigo vivo pero sin tanto tiempo. Miento, sin tiempo no. Con el mismo pero ahora distribuido entre más momentos. La casa, afortunadamente, me da ciertos respiros. Ahora que está al alcance de mi mano, pienso que es hora de realizar ciertos cambios.

Me resulta curioso, ya que hasta ahora nunca me lo había planteado, al menos de manera tan formal. Siempre deambulando, entre sombras, callejones repletos de momentos que me asaltan en el momento más inesperado. Encerrado entre paredes y situaciones que jamás hubiera imaginado.

Sin embargo, ahora, cada vez que doy el siguiente paso, lo tengo más claro. Da lo mismo, no importa cuantas veces intente negarlo. Incluso sabiendo de ante mano que todos mis miedos anhelan hacerse con el control para que no escape, y sea capaz de dar rienda suelta a un alma agotada de luchar contra tinieblas y penumbras. Hastiada de escuchar las mismas mentiras agridulces de mundos y sociedades distantes y frías como tus miradas los Jueves por la tarde.

Me da igual que ya no quieras agarrarme de la mano, ni tan siquiera que tu sombra se aparte de mi cada vez que cruzo por tu lado.

Después de tantos años, te juro que he llegado a odiar papel en blanco cuadriculado.

domingo, 5 de junio de 2011

La Tinta, el Tintero y... la Casilla

Con esto de la mudanza, que ya se acerca a su fin. Esto va de recuerdos, de revolver en los cajones, encontrarte con una caja o una bolsa cerrada hace mucho tiempo. Abrirla y que decenas de antiguos pensamientos, sentimientos olvidados que se lanzan a tu cuello para darte un abrazo. Reencuentro largamente esperado.

Me he encontrado con objetos que ni me acordaba de ellos. Algunos tan dispares que al sostenerlos de nuevo entre mis manos pensé: ¿Por qué guardaría esto? Otros, sin embargo, me arrancan una sonrisa por todas las historias que han guardado en su interior. Los menos, los dolorosos, pero incluso ellos, con el paso del tiempo les miro con otros ojos.

Cartas, fotos, dados, juegos, llaveros... De todo un poco. Los mejores, y para no ser menos, unos portaminas. Me recuerdan a mi abuelo, de la época en la que sin venir mucho a cuento, me ensimismaba con cualquier elemento que tuviera que ver con robarle palabras al viento.

Tras unos días de abir cajas, revolver cajones y planificar la última huida hacia delante. Caigo en la cuenta que cada uno de esos instantes, cada uno de esos recuerdos forman una tela de araña. Con una seda tan limpia y delicada como el cristal. Pero que tan solo necesitan un poco de luz para volver a brillar, con un reflejo ténue, sin llegar a molestar, sin hacerse notar.

Al final, se vendrán conmigo, ¿Y por qué no? Retomarán un poco del protagonismo perdido, pero sin dejar que me arrastren junto a ellos en su larga soledad. Pues son sólo recuerdos que una vez lograron hacerme soñar.

lunes, 30 de mayo de 2011

La Tinta, el Tintero y... el Traspiés

¡Hey! ¡Hola! ¿Qué tal estás? Hace tiempo te vi pasar, justo cuando compraba tabaco. Ese vicio insano, que como tantos otros me intentaste arrebatar.

¿Tienes tiempo para un café? ¿Un té, tal vez?

¿Sabes? Hecho de menos con quien charlar, las hojas en blanco hace tiempo que callaron para dejar paso a sueños extraños, a recuerdos olvidados de tardes en las que tú y yo sólo nos mirábamos, tumbados en el sofá, y estallábamos en risas mientras veíamos cualquier atardecer.

Hace tiempo que todo eso pasó, que nos alejamos el uno del otro blandiendo excusas tan tristes y tan metódicas que daba la impresión de que la vida nos había ganado la partida.

¿No? Mi vista se pierde entre la niebla que deja tu sombra indiferente, ni si quiera reconozco tu nombre entre los cientos de besos que repartiste a mis espaldas cuando me susurrabas que ya nada te importaba.

Otra vez será, me digo a mi mismo al tiempo que esquivo una sombra formada por esos dichosos fantasmas del pasado, los mismos que empeñan en ahorcar todas y cada una de la sonrisas que pasan por mi lado.

Pero, ¡eh!, no pasa nada. Brindo por ti, por todos mis compañeros y por mi el primero. Bebo un sorbito de café y me pongo a escribir.

lunes, 16 de mayo de 2011

La Tinta, el Tintero y... la Parada

200 entradas, con esta 201. En total 5 años. No soy muy dado a los festejos y celebraciones, aplaudiendo mi tiempo invertido en este pequeño espacio [Gracias, gracias. Sin vuestro apoyo no hubiera llegado tan lejos, bla bla bla bla]. Como mucho, he de reconocer que cada día que pasa me gusta más escribir, a mano si puede ser. Que cada vez que sumo 24 horas lleno mi vida con algún que otro proyecto más y que de cuando en cuando tiro la toalla porque todo me supera.

Transcurridos unos días en los que me dejo llevar, recojo esa misma toalla y me encuentro con las manos llenas de tinta una vez más.

Por supuesto, también he de comentar que cada día que pasa me importa bien poco encontrar un lugar, pues mi lugar soy yo. Los cuentos filosóficos sobre cómo has de encauzar tu vida los tengo muy trillados, poco me convencen porque a mi lo que me gusta es soñar. Con todos los peligros que eso conlleva. En determinadas temporadas soy un completo antisocial. Levanto muros logrando que nadie se pueda acercar. En otras ocasiones no hay muros, muretes, dichos o diretes; e intento husmear en cualquier acontecimiento, vida o milagros de la gente que pasa por mi lado.

Y es que, damas y caballeros, no sé que concepto tendréis de un soñador. Pero puede que esté un pelín distorsionado. No todos los soñadores somos personas risueñas, listas para entrar en acción con un comentario chispeante y gracioso. El cine ya se encarga de todo eso. Algunos vivimos en los peligrosos límites de los extremos, o todo o nada. El punto intermedio lo pongo cuando me siento y sueño. El resto, tal vez sean juegos en los que me gusta ver cómo sería si fuese una persona "normal". Lo escribo entre comillas porque quien se considere una persona normal, por favor, que no se engañe. Todos tenemos nuestros qués y nuestros porqués. La única diferencia la marco, no voy a meter a nadie en este saco, porque mis sueños están en una continua competición con la realidad.

Una realidad que muchas veces me cuesta tragar.

domingo, 8 de mayo de 2011

La Tinta, El Tintero y... la Noche

Atención: Relato Corto Erótico.

02.39 AM.

Abre los ojos, siente el peso del edredón sobre su cuerpo. El calor es acogedor, encoje las piernas. Se abraza, se revuelve inquieta.. La tela se desliza suave por su piel cuando se incorpora. El frío hace acto de presencia. Eriza su piel, mira a su alrededor. En la penumbra distingue el pie de la cama, más allá, un cuadro colgado en la pared. Su ropa sobre la silla.

Despacio, posa sus pies sobre el suelo. Está frío. Mueve los dedos para entrar en calor. Se frota los ojos e intenta tragar algo de saliva. No puede, la boca está completamente seca. Un esfuerzo y se pone en pie. Casi d de puntillas para evitar el frío suelo avanza por el pasillo. Todo está oscuro y no se escucha ningún ruido. Respira profundo, vuelve a mirar a su alrededor. Parece como si la casa estuviera entumecida. Un escalofrío recorre su cuerpo desnudo.

Llega hasta la entrada de la cocina, su mano se posa sobre el interruptor pero se detiene, una luna que ocupa todo el cielo le da las buenas noches. Grande, blanca, le sonríe a través de la ventana. Tiene sed, mucha sed. Abre el armario y coge un vaso. Lo llena de agua. El murmullo se convierte en un cosquilleo es un sienes. Cierra el grifo y bebe un trago largo. Calma un poco su sed, vuelve a beber, saborea el agua.

Deja el vaso sobre la encimera y apoya las manos sobre la mesa.

Shhh... - un susurro en su oído. Su cuerpo se tensa, unos labios besan su lóbulo derecho. Es un beso dulce, siente una respiración contenida sobre su piel.

Esos mismos labios rozan su mejilla. Sonríe, cierra los ojos. Se deslizan, acarician su piel en dirección al cuello. Besan de nuevo. Ella suelta el aire y gira el cuello. No sabe el porqué pero se deja hacer. Describen círculos. Un nuevo escalofrío sube desde su columna al sentir la punta de una lengua que intenta saborear su piel, que enseguida se esconde tras esos labios que no paran de acariciar.

Cambian de rumbo, la nuca. Se toman su tiempo, recorren cada rincón, cada centímetro de piel. Sólo existen esos labios, esa respiración y nada más. Se posan sobre la base de su pelo, dibujan el contorno de su cabello. Se deslizan sobre el lado izquierdo de su cuelo. Describen pequeñas ondas mientras intentan abarcar más piel. Ahora menos, otro beso.

Sus manos no se despegan de la encimera, aunque quisieran no pueden. El juego las mantiene quietas, no desea romper el momento. Su cuerpo se mantiene recto, relajado. No siente frío tampoco sueño. Sus ojos permanecen cerrados. Sus sentidos atentos a esos labios que deletrean la palabra deseo cada vez que marcan su piel con un suave beso.

Respira profundo cuando siente como intentan abarcar su clavícula, la lengua se une y ambos recorren la distancia entre su cuello y su nuca. Esos labios se cierran, muy despacio, intentando medir cada rincón de piel. Un mordisco sin dientes, por cada palmo que han de recorrer hasta llegar los hombros. Forman círculos concéntricos, espirales, decenas de figuras que consiguen que le arda la piel. Fluyen hasta la espalda, dando pequeños saltos hasta su columna vertebral. Un último beso y los labios se retiran.

La punta de la lengua se posa sobre la base de su nuca. Comienza a bajar por su espalda, que se arquea al sentir su presencia. Baja al tiempo que se deleita con cada poro de su piel. A mitad de camino, los labios se unen y juntos recorren el tramo final hasta la base de la columna. Dibujan un corazón, que es borrado con otro beso. Ella responde mordiéndose el labio inferior. Ahora no siente nada. Mueve la cabeza, buscando una sombra en mitad de la noche. Abre los labios y respira profundo.

La respiración se corta, nota el roce de la lengua sobre su cóxis. Está indecisa, los labios, despistados intentan seguir el camino de sus nalgas. Tras unos instantes, comienzan a deslizarse paladeando suavemente el contorno de su nalga izquierda. Calca la forma sobre los labios, repasándola a continuación con la punta de la lengua. Se detiene en el último pliegue y lo subraya.

La respiración se acerca a la cara interna de sus muslos. Ella se tensa ante el momento, que no llega. Los labios suplicantes descienden por la cara posterior del muslo. Sutiles arcos de tentación son bordados en su pierna por unos labios que no paran de descender. En su rodilla, el juego cambia e intentan abarcar todo el muslo. Se intercalan pequeñas mordidas sin dientes.

Dos besos sobre su pie izquierdo y no necesita saber más, se gira sobre sus talones y los labios saltan a su pie derecho. La adoran, sumisos escalan su pierna derecha. Cada paso que dan lo cubren con decenas de dóciles besos. Su muslo es medido con el rastro de deseo que deja la punta de la lengua. La respiración, ahora se detiene en su ingle. Ella lo sabe, no tiene porque abrir los ojos. Aguardan intranquilos, consumidos por el deseo y la pasión. La espera termina cuando nota un beso suplicante en su ingle. Describen una media luna sobre su bajo vientre. En el centro, un beso. Un único beso por encima de su vientre, y ella se deja llevar. Los labios desdibujan el contorno de su sexo, la lengua plagia su deseo y marca con su rubrica cada centímetro de su vulva. Como acto final, traviesa, se hunde ligeramente y recorre toda la extensión los labios hasta llegar a su clítoris.

Ella gime, el placer le ha superado y respira profundo, como si le faltase el aire. Su boca se entre abre y para de respirar cuando los labios abandonan su sexo y comienzan a esbozar olas sobre su vientre. La espuma del mar la pone la lengua sobre su ombligo que actúa como un faro para esos labios que lo besan aferrados al deseo. Su vientre les recibe agitado, tenso, terso. Como respuesta le cubren de besos sin manos. La lengua aspira a robarle todo su sabor. A pequeños saltos llegan a su pecho.

El primero en recibir las caricias, el izquierdo. Los labios se afanan en perfilar su contorno, con delicadeza. La lengua, tímida, intenta no perder el ritmo con pequeñas acrobacias sobre su piel. Su pezón escucha el piropo de unos labios que lo abarcan, que al alejarse parece que no quieren despedirse de él. Deslizándose como un niño por un tobogán llegan a su pecho derecho. El cual es colmado de mimos. El juego continua, y los labios que se creen ahora pintores se detienen en seco. Escuchando el latido de su corazón. Marcando el compás al ritmo de Te-Quiero y Te-Deseo. No se separan de la piel, respiran por última vez y le dicen adiós con un dulce beso sobre su pezón.

Los besos dirigen sus pasos en dirección a su cuello. Ella no ha abierto los ojos en ningún momento, nota como se abren paso entre su erizada piel. Hecha la cabeza hacia atrás y vuelve a gemir cuando le colocan un collar de caricias unidas por pequeñas perlas talladas por una la lengua ávida por robar hasta la última gota de su sabor.

Un beso en el mentón y los labios se separan. Ella se recupera, volviendo a buscar sombras en la oscuridad. Finalmente, descubre la dirección y esos labios se funden con ella en un beso lento mientras las lenguas se afanan en beber la pasión del otro. No hay prisa, ya no. Poco a poco se transforma en un beso apasionado, salvaje, lascivo y sin embargo, pausado, tranquilo...

Por una noche, hasta el mismo cielo se morirá de envidia, porque por primera vez... Será él quien tendrá que esperar.

sábado, 7 de mayo de 2011

La Tinta, el Tintero y... el Precipicio

Me veo incapaz de parar, metido en mi mundo, casi aislado de la sociedad. ¿Alguien sabe lo que cuesta mantener el ritmo de trabajo-casa-trabajo-casa? Porque si conocéis el secreto para aguantar, decídmelo, por favor.

El comienzo de esta entrada no ha sido casual, cada vez que me siento muy ahogado por la rutina, mi mente se va. Coloca el cartel de “Cerrado por Reformas”, hace el equipaje y se toma unas buenas vacaciones. Esto parece una tontería como la copa de un pino, pero resulta que si me hablan no suelo prestar mucha atención. Al pasear, el mundo desaparece a mi alrededor. Al escribir, paro, leo lo escrito y siento que está hablando un yo interior.

Me muerdo la lengua y ahorco mi corazón para evitar saltar de conversación en conversación sin ningún sentido, sin ninguna intención. Miro a los ojos de la gente, sonrío y sigo mi camino. Ni tan siquiera me detengo para averiguar si quieren algo más.

Por eso, en estos días me siento ajeno en cualquier acto social, en cualquier lugar en donde la gente pise mi sombra sin preguntar.

domingo, 24 de abril de 2011

La Tinta, el Tintero y... el Tacón

Que no aprendo, que me es imposible controlar el Tiempo. Aparte de ver como corretea sin collar y sin dueño, todo lo que puedo hacer es intentar evitar es perderle de vista para que no se esconda de nuevo.

Aunque parezca que tengo todo esto un poco abandonado, no es así. Como hasta la fecha desconozco si existe alguna oferta para añadir más horas al día me resulta imposible abarcar todo lo que deseo hacer. Las semanas se pasan volando, tan rápido que lo único que me recuerda que he cambiado de mes son las cuotas de mi hipoteca y alguna que otra factura.

La mudanza, a falta de más dinero, va sin pausa pero sin prisa. Mirar y volver a mira tiendas, hacer mis cábalas y mis números para evitar que mi economía se vaya al pique llenan mis horas. Cuando no estoy de tiendas. Estoy con mis tonterías, ya sabéis. Ahora me ha dado por mejorar mi caligrafía. Aquí el que se aburre es porque quiere.

Las peores semanas, no levanto cabeza. Más que nada porque alguien inventó una palabra llamada Cansancio. Y, a parte de inventarla, me la está aplicando a base de bien. Trabajo, mi casa, mis aficiones. Me estoy estirando tanto que no doy más de mi.

Por contra, y para quitarme una espinita que tengo clavada, estoy preparando otro relato de corte similar al Vestido. Espero poder terminarlo en un tiempo prudencial, aunque lo tengo avanzado.

A todo esto, ¿sabéis lo que me gusta de mi nuevo hogar? El silencio. Podrá parecer un poco anti social, pero cuando tienes unos vecinos cuyo nivel de conversación es similar al grito... No os podéis imaginar cuanto se agradece un poco de paz y tranquilidad.

lunes, 11 de abril de 2011

La Tinta, El Tintero y... la Letra

Mis pensamientos continúan mezclándose con el humo de noches en vela, con las letras de cartas de amor que nunca que te envíe sin que te dieras cuenta.

Estoy tan cansado que hasta el brillo de la Luna me pesa, se convierte en cadenas de miradas frías que no quieren saber nada de vidas ajenas, en donde todo se resuelve con en canción que no dice nada. Ya me harté de bares que visitar en solitario, prefiero ahogarme entre palabras escritas de mi puño y letra, entre mis cuatro paredes. Matando el tiempo, limpiando un suelo que reluce más cuando no está obligado a verte.

Cansado de ver mi reflejo en un espejo que ya no es como el de los cuentos. Que ni responde a las preguntas que lanzo y ni recoge las lágrimas que por mis sueños he derramado.

¿Preocupado? En absoluto, puede que intranquilo me definiría mejor. Como un preso cuya vista desde la ventana es el cadaslo quien le susurra que no pierda la esperanza cada madrugada.

miércoles, 30 de marzo de 2011

La Tinta, el Tintero y... la Piedra

Que sí, que sí, que sigo vivo aunque ni mi sombra quiera ya bailar conmigo. Que me sigo perdiendo por el mismo camino mientras mis estilográficas continúan con un doble y laberntíco juego de “Lo confieso ahora que no estás atento.”

Con sus cálidas letras, con susurros llenos de deseo, con sus historias de amores incompletos. De miedos, pensamientos que levantan muros de hielo mientras recorro de puntillas el borde del precipicio que separa ensoñaciones rebosantes de lujuria de la sencilla mirada que tanto te busca.

Hablan también de historias de terror, de pánico mezcladas con algún que otro proyecto que sigue creciendo apartado, escondido, aguardando a que llegue el momento. Con sus dioses malditos, hechicería de final incierto y ciudades en las que, al ponerse el sol, se pueblan con seres que creen que la luz del Sol es un mito, un cuento de viejas para inspirar temor.

He de decir que mi casa, poco a poco se llena con mi inspiración. Cada fin de semana, o cuando el tiempo suelta su correa, me acerco para dejar mi huella. Con una discreta librería, con un cuadro, con mis libros que tantas leyendas me han contado... Con las ganas de encontrarme tu ropa interiror esparcida por el salón.

lunes, 21 de marzo de 2011

La Tinta, el Tintero y... la Embarcación

El tiempo de esconderme entre la sombra que deja tu pelo se ha terminado. No más asaltos corsarios en el rellano de portales cuyo nombre he olvidado. Puede que sea porque porque estoy cansado de buscar pedazos de mi corazón entre los bordados de tu ropa interior.

O puede que ya no me conforme con esas medias tintas con las que riego las despedidas, las mismas que me reciben con los brazos abiertos nada más abrir mi nuevo hogar. O quizá sea porque mis ojos deseen mirar más allá, más lejos de lo te puedas llegar a imaginar. A lugares construidos con la tela de mil mares, la misma con la que soñaba arroparte; y al despertar buscar una sonrisa que lograse eclipsar todo lo demás.

El reloj apremia, y es hora de explorar regiones que nunca existieron y nunca existirán. De adentrame en ciudades malditas, en las que si te atreves a poner un pie dentro, te condeas con la misma facilidad que me condenaron tus besos. Lo primero, repasemos el equipaje: ninungo de tus recuerdos. He de moverme ligero. Algún cuaderno, y la brújula que cambia cuando lo hace el viento.

Y si alguna vez, la brisa me devuelve el perfume con el que mis labios recorrian tu cuerpo, lanzaré una moneda al aire. Si sale cara puede que me haya quedado dormido entre la llema de tus dedos, si sale cruz, entonces... Entonces mis besos continuan buscando los tuyos, pero se abandonaron entre tu cabello...

miércoles, 9 de marzo de 2011

La Tinta, El Tintero y... la Cadena de Amistad

Con un poco de retraso - esto de no tener tiempo es un asco. - vengo para colgar otro premio más, sí de nuevo mi amiga María Observa  me ha otorgado el premio: Cadena de Amistad.


Y es que gracias a esto de Internet y el pequeño mundo de los Blogs, llegas a conocer a gente, tanto a través de sus escritos como en persona, con las que creas vínculos especiales. No sólo por tener en común este pequeño vicio de escribir, si no por muchos otros.

Personalmente siempre me ha sorprendo esto de "conocer gente" que se encuentran a cientos de kilómetros de ti y que están como quien dice a un click de distancia. Este premio lo podéis colgar todos aquellos que se pasen por mi blog, pero aún así pondré una pequeña lista de agraciados. :)

- Susurros de Deseo
- La Soledad en las Trincheras
- Estefanía Álvarez
- Quiet Brown
- Haciendo las Américas
- La Estela del Mig
- Sin Melatonina
- Yemaya
- Me dijeron que en el Reino del Revés nadie Baila con los Pies

miércoles, 2 de marzo de 2011

La Tinta, El Tintero y... el Sinónimo

Resulta que me he levantado con el pie izquierdo. Y ya no creo más ni en tus cuentos, ni en sus besos, ni en profetas que me digan que todo es un sueño.

Suficiente tengo con cargar el tormento que dejan atrás las largas noches de invierno. O con acabar de una vez el rompecabezas de las duchas frías y las cervezas medio vacías. Digamos que me he cansado de tener que dar explicaciones a los gestos ajenos que nunca entendí. De descifrar miradas sobre un papel no llegue a escribir y de contartelo todo con una sonrisa que, sin venir a cuento, despreciabas porque me perdía entre las páginas de los libros que daban forma a tus sueños.

Si intentas llamar a esta puerta, no conseguirás nada más que el eco mudo de una despedida. Aunque me encuentre a tan sólo un paso de tu conciencia divina, de tu arrogancia y tu soberbia que tantas y tantas veces me tendían la mano para enjuagar un poco esa conciencia que tan rápido se diluía en cuanto pasaba el primero vendiendo leyendas sobre cuerpos perfectos y amores tan eternos como un pestañeo.

Mis libros, mis historias sobre casas encantadas, sobre espíritus que agonizan entre los vivos y los muertos, sobre héroes de medio pelo, sobre heraldos y sobre caballeros. Mis letras en cuadernos negros, junto a mis esilográficas que no tienen tiempo ni para el bocata del recreo. Todos ellos serán los encargados de contar mis secretos y de velar por mis sueños.

miércoles, 23 de febrero de 2011

La Tinta, El Tintero y... el Stylish Blogger Award

¡Vaya! Semana de sorpresas, no sólo ha sido mi cumpleaños y han terminado mi cocina - bueno casi -, si no que María Observa (os recomiendo mucho que la leáis) me ha premiado con el Stylish Blogger Award.


Todos estos premios llevan asociados un pequeño juego. Algo que por otra parte me encanta, en esta ocasión toca confesar 7 secretos. Que no 7 pecados, no confundamos.

(1) ¿Os he hablado de mi pequeña obsesión con las Linternas?
(2) ¿Y con las Estilográficas?
(3) No tengo por costumbre celebrar mi cumpleaños. Si invitó a algo será porque quiero, no porque me obligue una fecha del calendario.
(4) Sueño despierto, hasta tal punto que en ocasiones pierdo el hilo de las conversaciones.
(5) Poseo un muy peculiar sentido del humor.
(6) De cuando en cuando digo las cosas sin pensar. Con todo lo que eso conlleva.
(7) Soy un comprador compulsivo de libros, y si son de terror mucho mejor.

Ahora me toca a mi nominar a 7 - vale, 8+1 - blogs, tanto para recibir el premio como para que nos cuenten algún que otro secretillo. (He actualizado esta parte porque se me olvidó incluir a una amiga... Que cabeza la mía, la verdad).

- Susurros de Deseo
- La Soledad en las Trincheras
- Estefanía Álvarez
- Quiet Brown
- Haciendo las Américas
- La Estela del Mig
- Sin Melatonina
- Yemaya

(Venga y uno más de regalo)

- Me dijeron que en el Reino del Revés nadie Baila con los Pies

lunes, 21 de febrero de 2011

La Tinta, el Tintero y... el Objetivo

¿Hola? ¿Hay alguien por aquí?

Esto de no tener tiempo me resulta curioso. Cuando no tienes tiempo resulta que todo sucede más deprisa, tan rápido que ni te das cuenta de lo que está pasando. Siendo sincero no estoy acostumbrado a esta situación, a que el dichoso tiempo se escurra entre mis dedos y que cuando quiera reaccionar ya sólo quede la sombra de un beso. O el reflejo de un sueño oculto entre los dibujos de un niño pequeño.

La situación es la que toca, mientras intento estabilizar mi vida por un lado, por otro voy a toda prisa para evitar que mis fantasías se escapen con la luz de un nuevo día. Al menos espero que se queden dormidas sobre el felpudo, esperando que regrese con la compra, a rebosar de historias escritas en las servilletas de aquel bar en donde servían cuencos llenos de romances, de esos con demasiada sal para las heridas.

Mientras, escribo como puedo, sueño como puedo... Y por supuesto, comienzo a llegar a final de mes como puedo, con o sin tus besos. Eso sí, cada vez que me pierdo, vuelvo a tejer la realidad con el perfume de tu cabello, ese con el que me emborrachaba nada más despertar.

domingo, 6 de febrero de 2011

La Tinta, el Tintero y... el Recuerdo

Realizo malabares en el borde de un precipicio mientras el vieno me grita que la hora del cambia ha llegado. No le hago mucho caso, muchas fueron las veces que me incitaron a perseguir tus labios cuando todo a mi alrededor se convertía en humo.

Miro con desprecio el fondo del abismo que durante tanto tiempo se burló de mi, le observo como quien mira sin pestañear las nubes de cualquier cielo que me dió la espalda nada más llegar.

No tengo miedo, sobre mis hombros pesan lágrimas de rabia que escupió el marel dia en que decidí perderme en un sueño para no regresar jamás.

Resbalo y ya no me importa si caigo sobre tierra firme o me acogerán los oscuros brazos que me esperan tras este largo final. No grito, no abro la boca. No lo hice cuando mi corazón se moría ahogado entre tus caricias no lo haré ahoroa que tan sólo son unos ojos, unos labios los que me quieren condenar en esta maldita celda de cristal.

lunes, 24 de enero de 2011

La Tinta, el Tintero y... la Tenaza

Estaba escribiendo una de mis innumerables entradas, de esas con cantidad de giros y sentimientos en espiral, cuando he decidido comenzar de cero.

Más que nada porque no me siento muy inspirado. Es más, mi inspiración está ahora mismo dando la segunda capa de pintura al techo de mi habitación y como asome los morros por allí me lanzará un brochazo y no sin razón. Y aunque parezca emocionante, ,que tampoco lo es, me encuentro metido de lleno en un mundo de colores tan absurdo que cuesta creer que alguien se dedique a ponerles nombres de ese calibre.

Esto de jugar al gato y al ratón con el Tiempo es algo que nunca me ha llamado la atención. Llega un momento en el que no sabes quien es el gato, quien el ratón o donde está la salida para poder respirar un poco de aire fresco.

miércoles, 12 de enero de 2011

La Tinta, el Tintero y... el Cenicero

Primera entrada del año. Tras pasar las vacaciones dedicadas exclusivamente a mi casa regreso a la normalidad. O lo que se supone que es la normalidad.

Debo decir que, aunque parezca mentira, en esas dos semanas, sin que haya vivido grandes acontecimientos, mi forma de ver el mundo ha cambiado un poco. Terminé el año un poco agobiado por la situación. El piso, la hipoteca y hacer frente durante algún tiempo a todos los gastos relacionados consiguieron que mi perspectiva se tornase un poco más gris.

Un tiempo después, dos semanas para ser exactos, logré centrarme y salir de esa extraña niebla que me envolvía. No voy a caer en los tópicos fáciles y recurrentes sobre afrontar una nueva etapa, ver la vida de color de rosa o sobre la búsqueda de la felicidad está en levantarte de la cama dando un salto mortal.

No, por el contrario no voy a esperar nada, seguiré como me gusta ser, y si cambio será porque yo quiero cambiar. Seguiré rodeado de libros, de historias de terror, de mis estilográficas y mis libretas para contar todo lo que vivo y todo lo que me surge del corazón. Para el resto, mi fiel blog, que ya he perdido la cuenta de las entradas que publiqué en nombre de esa desconocida que aún no me ha prestado su corazón.

Si alguien todavía dudaba, esa desconocida ni tiene nombre ni tiene apellidos, pues me gusta imaginar historias tras un cristal y escribirlas sobre el vaho que empaña mi soledad. Historias mezcladas con la realidad, removidas, que no agitadas con no poca fantasía.

Si te quedas con ganas de más, puedes intentar buscar una mirada triste entre la gente de la gran ciudad. Una mirada que, tal vez, salga a tu encuentro. Esta vez para jugar a Beso, Verdad o Atrevimiento.