viernes, 31 de diciembre de 2010

La Tinta, el Tintero y... la Funda

Se supone que todos los blogs se llenan con entradas referentes a fin de año. Deseos y esperanzas se mezclan con palabrería llena de ilusión. Pero no es mi caso.

Tal vez sea porque para mi es un día normal, obligado por las normas y las etiquetas a brindar con champang, a sentarme en una mesa mientras mi mente se encuentra deambulando por esta pequeña gran ciudad. Luego me tocará ir en su búsqueda, miraré por parques y por avenidas a la vez que observo cómo los sueños con los que a muchos se les llenó la boca han desaparecido tras la última copa que se tomaron en aquel bar.

Me aferro a realidades tan sólidas como las cenizas de un cigarrillo consumido de tanto esperar. A sonrisas tan cálidas como el mármol y a palabras que podrían caber en la palma de mi mano, listas para echar a volar.

Según dice la gente, hoy es un día especial. Sin embargo, recuerdo tus ojos y no puedo pensar en nada más. Me vienen a la mente cuentos que una vez soñé, historias que una vez tallé con mis propias manos para, más tarde, plasmarlas sobre el papel. Y ahí se quedaron, a la espera de ser liberadas de su prisión por un carcelero cruel.

Hoy brindaré, no para recordar, como tampoco lo haré para olvidar. Brindaré para llenar un hueco que nunca supiste entender.

jueves, 16 de diciembre de 2010

La Tinta, el Tintero y... el Arpón

Otra etapa se ha cerrado, no sin antes acumular casi cualquier tipo de sensanciones, fantasías e ilusiones.

Vacía, es la palabra que describe ahora mi nueva situación. Literalmente cuatro paredes vacías y una vida por delante para pagar lo que en breve llamaré hogar. Me han mareado, hasta la saciedad, bancos y gestores. Con sus papeles, sus condiciones y demás menesteres.

Unas cuantas semanas en las que todo se ha ido acumulando, por mi decisión de poner ambos pies en el territorio de la Realidad. Hasta que llegó el momento de la liberación, y la olla a presión estalló.

Esto no es un cuento de hadas y de mi cabeza no salierón ni arco iris, ni hadas repipis ni osos pasetolosos. No, salío algo con lo que llevo compartiendo mi vida más de lo que me hubiera gustado: La ansiedad. Si esto fuera un baile de disfraces, se engalanaría como Jinete del Apocalipsis, más concretamente La Guerra.

Con un simple chispazo se produce la reacción en cadena, y tu mundo se tambalea. Se desmorona si le dejas, os lo aseguro. En esta ocasión, todo quedó en unos bonitos fuegos artificiales dentro de mi cabeza y una charla con una amiga, la cual fue más que necesaria – tanto la charla como la amiga, que quede bien claro.

Esto es así, damas y caballeros, pues detrás de cada entrada siempre existe una vida que, de cuando en cuando, es conveniente liberar. Ya sea charlando, escribiendo o con lo que te haga dar a ese maldito interruptor de apagado.

lunes, 29 de noviembre de 2010

La Tinta, el Tintero y... la Batalla

El final del día no me indica nada, ni una señal de lo que esperaba. Dejo mis pertenencias en una esquina, me despojo de mi careta de oficina y una bofetada suspendida del eterno tic-tac me da la bienvenida.

Algo se me olvida, no sé muy bien el que. Tras la ducha, una cena más bien fría, un poco de música y un libro que esboza una media sonrisa. ¿Qué se supone que debo hacer ahora? Ni la más remota idea, ni tan siquiera me salen las palabras que le suelo dedicar a esta fiel sombra mía. Mucho he dejado atrás y mucho me queda por caminar, y como de costumbre, mi manía de permanecer en silencio mientras dura el viaje.

Hace tiempo que se me olvidó cómo eran las tardes en las que me quedaba mirando la lluvia rondar por mi ventana, tardes en las que el Sol se iba a la cama gritando buenas noches mientras yo me perdía entre secretos que guardaban tu nombre.

El papel y la tinta han sustituido a las caricias que nunca mujer alguna se atrevió a brindarme, la estilográfica tiene miedo de escribir, de relatar historias oscuras de noches sin Luna en donde mis sueños se suicidaron hartos ya ver como no encajaban en los planes que tiene reservados para mi la vida.

Retiro el capuchón... Abro la libreta y deslizo el plumín. Algo se me olvida, algo echo en falta... Miro a mi alrededor y caigo en la cuenta, descubro llorando en una esquina un sentimiento perdido, uno que la gente suele llamar Amor.

domingo, 21 de noviembre de 2010

La Tinta, el Tintero y... la Huida

Mis encierros mentales no son una novedad, tirarme las horas muertas dentro de mis propios mundos reales o imaginarios suelen ser el plato del día en muchas situaciones. Pero lo de esta ocasión no tiene nombre.

Pues persigo nubes de humo con mis manos abiertas, se resquebrajan en miles de palabras al intentar atraparlas. El sonido que producen contra el suelo me recuerda a un ahogado silencio, a miradas mordaces de gente encerrada en sí misma, incapaces de ver la realidad que nos esquiva, que nos evita en un absurdo intento de darle sentido a nuestra vida.

Y justo ahora cuando los días son más extraños, cuando ya no sirve mirar hacia otro lado. Ni tan si quiera me seduce la idea de pasar ni un minuto más a tu lado.

Al ponerse el Sol, me quedo en silencio cuando lo que más deseo es contarle a alguien como me siento, porque de lo único que soy capaz es de arrancarme sentimientos y lanzarlos a los cuatro vientos, o plasmarlos sobre cuadernos que nadie se molestará en leer. Sin embargo, en los peores momentos no logro cerrar la boca, con el único propósito de ahuyentar mis miedos, mientras te miro a los ojos sin tener muy claro que es lo que estoy buscando, si una salida o una muerte digna. Incluso me espero el portazo que ya se empieza a formar tras tus pupilas.

Entonces me despierto y miro las muescas de la pared que me recuerdan que una vez yo logré soñar con algo más que con un destierro entre barrotes de papel.

sábado, 13 de noviembre de 2010

La Tinta, el Tintero y... el Marco

Vaya, según veo tengo todo esto un poco descuidado. No me extraña, con la temporada Otoño-Invierno que llevo me sorprendería que lograse concentrarme en algo que no sea mi presente más inmediato.

Una parte de mi, la que sigue pensando en mundos de fantasía, en terribles aventuras que más tarde mis manos se esfuerzan por escribir, se encuentra aletargada, aguardando su momento. Aquel en el que se libere de las ataduras impuestas por una mente que no desea perder el control de una situación un tanto delicada. Una situación que incluye palabras como hipoteca, amueblar, pagos y cancelaciones... En resumidas cuentas, independencia.

Independencia, que palabra tan extraña y al mismo tiempo deseada.

Si os soy sincero, esta es una de las pocas veces en las que realizo el esfuerzo de contener mis ganas de imaginar, concentrándome en el mundo que me rodea. Debo reconocer que me resulta sorprendente, ajeno. No estoy acostumbrado a esto, a fijar mi atención en las situaciones cotidianas que vivimos cada día.

Despertarme con el sonido del despertador, ir a trabajar, regresar y revisar punto por punto aquellos objetivos que me vinieron impuestos al tomar la decisión de meterme en un piso. Realizar mis cuentas, cálculos y cábalas, dejarlo todo preparado para el día siguiente y vuelta a empezar.

Sin embargo, no todo es así, aún guardo un as en la manga: no dejo de lado el sonido del plumín al rozar la hoja en blanco. Continuo escribiendo en mis pequeños diarios, anotando, grabando en tinta azul o negra cada uno de mis locos sueños, describiendo las increíbles formas que se desdibujan bajo la sombra del viento.

Con el tiempo, el letargo se convertirá en animación suspendida. Ese momento llegará cuando toque firmar las escrituras y abra las puertas por primera vez de las cuatro paredes que me acogerán – espero – durante el resto de mi vida. Sin embargo, cuando el ciclo se complete, esa espera se convertirá de nuevo en palabras, textos y poemas escritos todos ellos de mi puño y letra.

Antes de que se me olvide, he vuelto a recibir un premio de mi amiga Sophie (
http://ciudadgriscontintesazulados.blogspot.com/). Esta vez relacionado con el mundo Manga. Sé que ya lo he dicho, pero me parece que voy a tener que inventar mi propio premio para todos y cada uno de vostr@s.



Aquí van las cinco normas del premio.

1. Poner el premio en una entrada en tu blog: Hecho.
2. Poner el nombre y el link del blog que te lo ha otorgado: Hecho
3. Poner tus 5 MANGAS favoritos:
  • Video Girl AI. Tengo la colección al completo, es mi MANGA favorito. De hecho, es la única colección MANGA que logré completar.
  • Alita, Angel de Combate.
  • Orange Road.
  • Robotech. ¿Este vale? Fue una co-producción entre Japón y EEUU.
  • Ojos de Gato.
4. Poner tus blogs o paginas de Internet favoritas: No tengo páginas favoritas, salvo los blos que leo. Suelo usar internet para navegar sin rumbo fijo.
5. Nominar a los blogs que tu crees merecedores de este premio:

miércoles, 27 de octubre de 2010

La Tinta, el Tintero y... el Zarpazo

Bloqueado, mentalmente bloqueado. Sí, damas y caballeros, digo esto mientras preparo el almuerzo para mañana. Como muchas historias de terror, todo comienza con el protagonista en su casa, tranquilo, relajado leyendo un libro en el salón. Lo que no sabe es que le están observando.

De reojo miro la eterna planta del salón, esa que no se muere ni a la de tres. Cuando entró por primera vez en la habitación sabía que tenía algo extraño, que no estaba bien. No necesita que la rieguen, ni que la cuiden las hojas, por no necesitar, no necesita ni realizar la fotosíntesis. Y por alguna razón que no llego a comprender, cada año que pasa la ves más llena de vida – o de no-vida en su caso. Se está haciendo con el control del salón, lo sé, a mi no me engaña. Aunque lo peor de todo es que por mucho que la mires, te devuelve la mirada con un “Sí, que pasa...Y no te creas que me vas a enterrar ¿eh? Así que ojito con lo que hacemos, que te estoy vigilando chaval.” o un ”Cerebrooos”... Mejor me imagino que ha dicho lo primero, ¿vale? Por mi salud mental, ya sabéis.

Trago saliva e intento no llamar la atención cuando paso por delante de la Planta-No-Muerta, pero está vez no cuela, se ha fijado en mi. Toca salir a la carrera, o todo lo que puedo correr en un pasillo de algo menos de tres metros. Cuando de repente (*Spaannnk*) recibo un sartenazo con todo el cariño y la comprensión de mi Mente Bloqueada.

Al recobrar la conciencia, veo el techo en el suelo y el suelo en el techo. Planta-No-Muerta me mira desde el resquicio de la puerta. Salvado por la campana, al menos esta vez. Enfoco la vista y Mente Bloqueada carraspea para llamar la atención – un poco más – mientras desenrolla una lista de interminables de tareas por realizar. Con voz grave va enumerando todas y cada una de ellas. Me incorporo e intento por todos los medios no hacerle caso pero, incluso mientras me arrastro hacia la cocina con un inexplicable dolor de cabeza, sigue erre que erre. Que si mira esto, que si llama a tal o a cual, que si revisa lo de más allá, que no te olvides de eso que es tan importante... Al cabo de un tiempo se queda congelada, bloqueada más bien (de ahí su nombre, que no porque sus ancestros sean los Nativos Americanos, no, es que cuando me lo propongo soy un lince), en una pose ridícula. La boca medio abierta, señalando la lista con toda la intención del mundo.

Lleva así un par de semanas, Planta-No-Muerta también, y yo me estoy empezando a mosquear – por culpa de Mente Bloqueada – y a acojonar – por culpa de Planta-No-Muerta. Porque cuando me ocurre esto, no dejo de pensar en la lista de las narices, hasta que me saturo y me uno al club de los bloqueados, como miembro honorífico número dos.

Como aún me esperan unas cuantas semana de intensa actividad, estoy por devolverle el sartenazo a ver si con eso se despierta. Aunque pensándolo mejor, casi que no. Mi mente – ¿o era mi cabeza? No estoy seguro – ya lleva encima bastantes golpes como para que le añada una muesca más. Calladita está más guapa, en verdad. Así aprovecho y ordeno un poco a Mis Ideas que están manga por hombro y por su culpa no me puedo concentrar.

Antes de terminar, quisiera añadir que justo al cerrar la puerta de la nevera Planta-No-Muerta me observa desde el final del pasillo (¿?), no sé si es que ha olido la comida de mañana, si quiere acojonarme – algo que ya ha conseguido – o es que ha tomado la decisión de acompañar a Mente Bloqueada mientras dure su letargo. Lo único que me ha quedado claro es que esta noche voy a dormir con la puerta bien cerrada.

miércoles, 13 de octubre de 2010

La Tinta, el Tintero y... la Frase

Llevo tropezándome con el Tiempo unas cuantas semanas, y no porque yo quiera, no. Me tropiezo con él porque el muy cabrito me hace la zancadilla cuando mi imaginación se detiene en la primera sonrisa que pasa junto a mi.

Si no fuera porque todos los proyectos que tengo entre manos están tirando cada uno por su lado, me importaría un carajo que el tiempo me pusiera la zancadilla, me diese una colleja o intentara robar mi cartera.

Y es que damas y caballeros, esto ha cambiado. Mi cosmo-visión – que suena así como muy chulo – ya no aguanta más las largas letanías de entradas y letras con ese regusto a melancolía. Hasta tal punto, que cuando lo intento me arrea un puntapié en la espinilla de mi conciencia, recordándome que mi querido Tiempo no está ni para chanzas ni para bromas. Que esas bonitas historias de amor - o desamor - han pasado a mejor vida y mejor que me centre en lo que tengo entre manos. Ya tendré un lugar para que mi mente sueñe con todo lo que le de la gana, como si se quiere pasar días enteros tomando café con chica que ni siquiera sabe que existes o que te ha visto pasar por delante una sola vez.

Ante todo, que no cunda el pánico, porque ya es lo último que me tenía que cundir para que mi querido maestro de ceremonias se diese por satisfecho. Más que nada porque podría imaginar que se está fraguando una conspiración en mi contra con una trama tan retorcida como los rulos de la vecina del 5º A. Una de esas - conspiraciones, que no vecinas, pero que también existen - que cuando abres la puerta un día cualquiera te grita: “¡¡¡Sorpresa!!!”, y del susto ves como tu corazón se va de fiesta con tu lengua por matasuegras dejando el portón de tu boca abierto de par en par.

Mientras tanto yo sigo con mi sopa de letras - de qué iban a tratar mis proyectos si no –, deleitándome en formar palabras y frases al borde del plato, rehuyendo la mirada de aquellos profetas falsos que intentan venderme a toda costa una vida ordenada, corporativa, llena de trajes y corbatas. Una vida que ya han vivido otros antes que yo y que por mucho que se esfuercen ni me apetece ni me quiero seguir los pasos de gente que le gusta no tener corazón.

miércoles, 6 de octubre de 2010

La Tinta, el Tintero y... el Cuatro

Hoy toca jugar un poco. Me lo ha dicho mi amiga Sophie y para estos temas lo que dice va a misa. :)

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1. Una vez nominad@ tienes que poner el link del blog que te ha nominado.

http://ciudadgriscontintesazulados.blogspot.com

2. Nominar a cuatro personas:

Como soy así de espléndido me voy a saltar este punto. Si queréis cuento hasta cuatro, pero por mi parte nomino a todo el mundo que quiera jugar.

3. Hacer saber a esas personas que las has nominado.

Una tarea épica, creo que me la voy a saltar también teniendo en cuenta que acabo de nominar a todo el que desee jugar.

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4 Cosas que siempre llevo en el bolso:

¿Bolso? Pues empieza bien este juego... Como mucho puedo decir que o llevo bandolera o ropa con muchos bolsillos.

-Teléfono móvil.
-Las llaves de casa.
-Intento llevar o una navaja multiusos o una linterna (pequeña, eso sí).
-Una moleskine y estilográfica (únicamente si tengo espacio).
-Tabaco.

(Aquí son 5, lo sé, pero una de ellas depende del espacio que tenga en ese momento)

4 Cosas favoritas de mi habitación:

-Mis libretas moleskine.
-Mis libros.
-Mis estilográficas
-Mi HOTAS para cuando le doy a los simuladores de vuelo.

4 Cosas que me gustan ahora mismo:

-Escribir.
-Leer.
-Las navajas multiusos y las linternas.
-El clima frío.

4 Cosas que siempre he querido hacer:

-Pilotar un avión.
-Saltar en paracaídas.
-Explorar un castillo/mansión/pueblo abandonado en mitad de una noche de tormenta (linterna con pilas incluida).
-Visitar todos los lugares que posean algún tipo de leyenda.

4 Cosas que no sabías de mí:

-Adoro dormir con cojines sobre los pies.
-Me encanta el terror y si hay zombies de por medio... Mucho mejor.
-Soy muy, pero que muy, tímido con las personas que no conozco.
-Soy maniático a la hora de organizar un texto. Me gusta tanto que se lea como que se vea bien.

4 Canciones que no me puedo quitar de mi cabeza:

Esta de nuevo me la salto, más que nada porque suelo escuchar mucha música. En especial en el trabajo o cuando estoy haciendo tareas por casa. No sabría decir que cuatro canciones no me puedo quitar de la cabeza.

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Y con esto y un bizcocho... A ver quien se anima a seguir jugando.

martes, 5 de octubre de 2010

La Tinta, el Tintero y ... el Sunshine Award

Mi amiga Susurros de Deseo me ha otorgado un premio, así por las buenas y porque piensa que me lo merezco, todo sea dicho. Tal premio no es ni más ni menos que el Sunshine Award.




Los que me conocen saben de sobra que no sé reaccionar muy bien ante los halagos y cumplidos pero en esta ocasión he de agradecer a Susurruos de Deseo que me haya considerado para este pequeño, y a la vez inmenso, regalo.

Para cumplir con la tradición blogera de este premio, ahora me toca a mi otorgarle el premio a otros 10 Blogs, pero como me parecen muchos, y en esto coincido con Susurros de Deseo, presentaré la lista de blogs que considere oportuna.

- QuiteBrown: Me fascina la manera que tiene de describir el día a día a través de un caleidoscopio muy particular.

- Estefanía Álavez: Por la genial sencillez que tiene de contar sus historias. Fascinante.

- Sophie: Porque es una persona con una energía inimaginable, y porque lo plasma de tal forma que no puedes parar de leer.

- Kinyla: Aunque hace tiempo que no actualiza, de siempre me han gustado su historias y su manera de ver el mundo.

- Liv: Desgarradora prosa, no puedo añadir más porque sobraría.

Sé que me dejo muchos sin mencionar, tan sólo tenéis que echar un vistazo a Mares de Tinta y otras columnas de enlaces para ver que el mundo está lleno de gente que aún tiene mucho que decir.

domingo, 3 de octubre de 2010

La Tinta, el Tintero y... el Chapuzón

De cuando en cuando resulta que a la vida le da por girar 154º con 42', no da el típico giro de 180º porque sería bastante previsible, y te encuentras de cara con situaciones se supone son de las más normales pero que en ese preciso instante ni te atreves a comprobar el suelo que pisas del vértigo que tienes.

La cuestión es que ha dado comienzo una carrera para recorrer bancos e intentar conseguir una hipoteca. Una avalancha de papeleo legal de un día para otro y me siento como si estuviese cantando bajo las leyes, sin entender ni media palabra y para colmo con unas clausulas que me hablan sobre que tengo el resto de mi vida para pagar, ojito con lo que haces con tu vida laboral y ay de ti chaval como no puedas llegar a pagar esto. Entre tanto, como Sinatra, pero un pelín más torpe, mantengo el ritmo del bla bla legal y muevo mis caderas al compás de consejos familiares, de amigos y de cualquiera que se quiera pasar.

Lo cierto es que estoy decidido, pero no dejo de tener esa sensación de intranquilidad. Por un lado, me imagino, por fin, ese espacio tan deseado. Mi pequeño rincón en donde poder disfrutar de todas y cada una de mis manías. Ya sabéis, respirar libertad – libertad bajo vigilancia bancaria, eso sí – y sobre todo, conocer en persona a esa palabra que suena tan rara: independencia. Llegar un día cualquiera, después de una jornada laboral cualquiera, abrir la puerta y notar que un silencio acogedor te da la bienvenida.

Al estar metido de lleno en esta situación he dejado de lado ciertos aspectos de mi vida cotidiana – recordad lo de los dos pies, la realidad y la ficción –, ya que toda mi atención está puesta en cada uno de los pasos necesarios para que al final pueda decir eso de tener una casa en propiedad. No voy a comentar nada sobre lo de estar jodido el resto de tu vida pagando a un banco porque no me apetece y porque es algo que todo el mundo sabe.

Mi imaginación se encuentra a medio gas por motivos obvios. No me gustaría que por un desliz o un despiste – bastante habituales en mi – cometiera algún fallo y todo esto se fuera al traste. A medio gas significa que sólo cuando me he quitado de en medio las lecturas bancarias me permito el lujo de dejar volar de nuevo cada uno de mis sueños. Eso sí, al sonar el timbre del recreo paso lista para comprobar que no se ha perdido ninguno por el camino.

Al otro lado, se encuentran bien cogidos de la mano, la famosa realidad y la intranquilidad que me ha estado rondando estos días. Se cuentan chismes y secretitos y, siendo sincero, no me gusta un pelo. Por su culpa – o por su ayuda – me he tenido que concentrar más de lo necesario, con lo a gusto que estaba yo entre nubes y sueños de papel. Como poco, les he de agradecer esta nueva experiencia, esta nueva situación tan desconocida para mi y que poco a poco estoy aprendiendo a resolver.

lunes, 20 de septiembre de 2010

La Tinta, el Tintero y... la Sal

¿Sabes? Por más que lo intento, por más que lucho contra ello, hay días en los que no puedo evitar recordar aquellas horas en las que todo nos daba igual.

Recuerdo cuando el Sol arañaba sus últimos instantes, rozando la piel de tu cuerpo ahora convertido en un recuerdo deshecho sobre la yema de mis dedos. Recuerdo las lágrimas sobre tardes con olor a café, en como arreglábamos el mundo en silencio, mientras la penumbra ocultaba nuestras miradas llenas de deseo.

Las despedidas, y en esos tres pasos hasta la salida que se hacían eternos y esos besos en tu portal que me sabían a la última cerveza que pides antes de que cerrara el bar. En las idas y venidas por tiendas en las que no teníamos nada que comprar pero jugábamos a ver quien aguantaba más.

Como te quedabas dormida mientras escribía historias sin principio ni final, en tu mirada triste cuando te decidías a leer alguna de mis confesiones prohibidas sobre el frío papel que no tiene dueño ni nombre pero que es esclavo de cada uno de mis lamentos y deseos. Mientras mis ojos se preguntaban si en verdad, las palabras que escribía sin pensar resultaban tan vacías de alegría o llenas de una melancolía que no se quería marchar.

Ahora me resta seguir adelante con esos sueños que se pierden en el horizonte. Alentado por esta imaginación que sólo entiende de aventuras, de combates, de leyendas, de casas encantadas... De fantasmas, como el tuyo, que me atormentan cada vez que cruzamos una mirada y con tus pupilas lamentas que tampoco me quieres olvidar.

lunes, 13 de septiembre de 2010

La Tinta, el Tintero y... el Pañuelo

De viajes y risas va esto. No sólo de los viajes que separan las ciudades miles de kilómetros, si no también de las visitas que hago de vez en cuando a la sala de espera de mi conciencia.

Un fin de semana en donde, casualidades de la vida, me he llevado una sensación a través de un viaje de casi dos mil kilómetros. En otra ciudad, me parecía que al dar la vuelta en una esquina aparecerían por arte de magia las mismas calles y los mismos edificios que perfilan mi barrio. Lo único que me recordaba que estaba un poquito más lejos de donde creía fueron la habitación del hotel y el idioma en el que hablaba la gente.

Como en todo viaje, sin equipaje no se llega a ninguna parte. Y algo que no me puede faltar, uno de mis pequeños amuletos que suelo llevar conmigo a todas parte esta formado por una estilográfica y un par de pequeñas libretas. Sí, las mismas sobre las que he escrito en varias entradas, son reales. Escriba o no en ellas, las llevo encima porque me gusta la sensación de saber que puedo plasmar en cualquier momento todo lo que veo y todo lo que siento.

En esta ocasión no ha sido posible, el tiempo me ha venido justo, pero todo lo que no puedo escribir durante... Lo escribo después. En esta ocasión, escribo sobre viajes, pero en esas libretas hablo sobre muchos temas, algunos de ellos prohibidos incluso para mi conciencia. Comenzaron como un pequeño apoyo, pequeñas historias, entradas sin acabar... Y un buen día empecé a escribir sobre lo que veía, sobre lo que vivía. Ahora son una parte esencial de mi vida.

La tinta habla de viajes, pero también habla de sensaciones. De fragmentos formados por los recuerdos y de palabras que sólo pueden leer los ojos, pues ciertos sentimientos no entienden de distancias, de kilómetros, de lenguajes o de fotografías congeladas en un instante.

domingo, 5 de septiembre de 2010

La Tinta, el Tintero y... la Cadena

Estos días he rechazado varias entradas. Escritas, repasadas y, finalmente, descartadas. La razón no la tengo muy clara. Un ovillo de pensamientos bota de lado a lado dentro de mi cabeza, y yo, cual gato hipnotizado le sigo e intento dar caza mediante inútiles zarpazos.

Pero haré un esfuerzo y lanzaré el ancla de mi conciencia con la esperanza de detener momentáneamente este errático paseo. Una vez detenido, tomo aire y repaso lo sucedido hasta ahora.

Si algo me define, si una característica destaca de entre todas las demás, es mi posición ante el mundo. Con un pie en la realidad y otro en la imaginación.

No suelo mantener una conversación fluida sobre los asuntos que me rodean. Digo no suelo, pero tampoco rechazo una buena charla sobre el tema que sea. Más bien intento que el mundo no me devore. ¿Qué se ha roto el grifo del baño? Bueno, tiene arreglo ¿no? ¿Que mi jefe es un auténtico cero a la izquierda? Me muerdo la lengua, porque está claro que esta especie es legión y no me aplicaré el cuento de “Si no puedes con ellos, únete a ellos”. ¿Que en un despiste me he cargado la sujeción del capó de mi coche? Pse, el mundo no se ha acabado.

Algunas veces me pregunto, cómo es posible que la gente encuentre la felicidad ahogándose en pequeños vasos de agua. Quejándose de que la lluvia les moje, que el Sol les caliente o de que el agua aplaque su sed. Sin embargo soy consciente de que esto no son más que apariencias. Anuncios expuestos en los letreros luminosos de sus almas. De puertas para adentro cada cual pensará y actuará de una forma que ignoro. Aunque no se porque, me da en la nariz que alguien que sólo es capaz de hablar de fútbol, de programas del corazón y se burla abiertamente de las personas que no siguen ese camino, no disertarán sobre la Critica de la Razón Pura durante la hora del té en su salón. O sí, vete a saber.

Este es mi pie en la realidad. Más observador que actor. Miro lo que me rodea y priorizo sobre lo que me interesa – como cualquier hijo de vecino –, con la única salvedad de que mis intereses suelen irse por la tangente pasando de todo el mundo. La gran mayoría de mis opiniones me las guardo y cuando alguien me pregunta pues las suelto, que remedio. Que tampoco soy un observador mudo.

El pie pisa la tierra de los sueños es otro cantar. Me pierdo en historias, cuentos y leyendas. Algunas las escribo y otras, simplemente, pasan, saludan y se van. Las que mas suerte tienen son plasmadas en papel – el de toda la vida o digital –, otras vienen con un poco de realidad debajo del brazo. Y las mejores son las que, con los pies descalzos, saltan con toda la intención sobre los charcos de lluvia que se forman a mi lado. Soy capaz de soñar despierto, pero hasta tal extremo que me cuesta horrores regresar al mundo de la vigila.

Algunos han podido comprobar que ciertos días es muy difícil seguirme el ritmo, mi mente se dedica a saltar de manera aleatoria de un mundo a otro. Y tan pronto estoy hablando de todo un poco como, aprovechando la primera pausa, me quedo callado, con los ojos buscando algo que no se encuentra en el plano en donde nos encontramos. Y, sin venir a cuento, cambio de tema, de estado de ánimo o de conciencia, tan rápido como cambia de dirección el viento.

Me parece que es hora de levar el ancla, que ya me he aburrido de estar tanto tiempo en calma. Porque me he dado cuenta que en uno de los bolsillos de mi pantalón se escondía un viejo mapa, con una gran X dibujada y me está picando la curiosidad...

lunes, 23 de agosto de 2010

La Tinta, el Tintero y... el Bufón

Algunos días me da por pensar, esto de llevar un blog en donde se supone que mezclo realidad con ficción, sentimiento con imaginación, es una tarea más difícil de lo que muchos os podéis imaginar.

El principal problema es que se me acaban las ideas y llega el momento en el que no sé muy bien de que hablar. Porque mi vida es como la de todos los demás. Trabajo, persigo sueños, más trabajo, me enamoro y me dejo de enamorar. Días en los que me apetece ver a todo el mundo y semanas enteras en las que hasta mi propia sombra me parece multitud.

Sin ir más lejos, llevo una temporada que, salvo quedar con un par de amigos no me apetece ver a absolutamente nadie más. ¿La razón? Ni idea. Tal vez esto de estar tardes y tardes en casa escribiendo influyen lo suyo. O puede que no tenga muchas ganas de salir por ahí a pasear mis desventuras y aventuras con lo demás. No me he parado a pensarlo ni lo voy a hacer, la verdad.

Con esto no os penséis que quiero convertirme en un ermitaño o en un lobo solitario. No doy de lado a amistad alguna que quiera charlar un rato, no estoy para actos suicidas tan sumamente simplistas. Soy de los que si alguien se quiere desahogar puede contar conmigo, aunque si se quiere emborrachar, se lo agradezco todavía más porque de penas ya está lleno el mundo y si pasamos de llorar nadie lo va a notar.

Entre idas y venidas, como ya he dicho en más de una ocasión, nada me sabe, ni me sale igual. He acumulado demasiado escepticismo, demasiada incredulidad en según que temas como para creer en mis propias historias de amor... A lo mejor cambio el rumbo de este blog, quien sabe, si añado más incógnitas a esa dichosa ecuación tal vez saque algo en claro... O al menos algo más que el querer y no desear que estés a mi lado.

sábado, 21 de agosto de 2010

La Tinta, el Tintero y... la Caricia

Me siento tranquilo, sin nada en lo que pensar. Han cambiado tanta historias de lugar que no sé en donde tengo que buscar. Hay días en los que ni tan siquiera el segundero del reloj tiene ganas de continuar con su lento caminar. Mira a su alrededor y la monotonía de los días le obliga a buscar cobijo bajo el colchón.

Ya no más cuentos prohibidos, ya no más yemas de los dedos que buscan un camino para meterse por debajo de tu vestido. El aire quieto, mudo, opresivo es lo único que resta por desaparecer entre el vacío y yo mismo.

Las tardes con sabor a café y confesiones que se plasmaban sobre tu piel se han hecho añicos, dando paso a horas en las que me dedico a confeccionar mantas de espinas para que me abriguen durante las largas noches en las que se desatan tormentas de pura hiel.

En un aislamiento sin carcelero ni prisión he decidido bajar en un par de grados la temperatura de mi corazón, con la falsa esperanza de congelar aquellos momentos que no me supiste dar. Porque hay veces que me apetece tomar, en completa soledad, una copa de licor mezclado con esos hielos que aun conservan el sabor de tus besos.

domingo, 15 de agosto de 2010

La Tinta, el Tintero y... la Radiografía

Durante unos cuantos meses he tenido la sensación de haber estado jugando al gato y al ratón. No sé si conmigo mismo o como mero espectador.

Algunas de mis ideas chocan sin ningún miramiento contra los pensamientos ajenos como quien juega un partido de frontón, y hasta de esto me he dado cuenta yo solito. La percepción que tengo del mundo me indica unos caminos que, incluso para mi, me resultan extraños y sin sentido. Y por si te estás perdiendo, me explico.

Comenzando por el Trabajo, esa actividad con la que se supone sin ella no estamos completos, me parece un sistema al que poder dejar en sus manos nuestras conciencias. Con el paso de los años, tanto si estás en un trabajo fijo como en uno en el que estés dando saltos sin control, pienso que como no tengas claras tus prioridades te conviertes irremediablemente en un peón. Con o sin galones, pero en una mera pieza del tablero en manos de aquellos que sacrifican a miles en pos de un mañana mejor. Soy de los que cree que un pequeño fuego interior ayuda lo suficiente para no quedarte dormido en un sistema al que parece sólo le importan los beneficios y los porcentajes positivos. He compartido ocho horas de mi vida con gente que parece no tener voluntad propia, gente que encajaría a la perfección como remero de una galera, como el que impone el ritmo a golpe de tambor o el que esgrime el látigo sin ningún tipo de pudor.

Continuemos, por ejemplo, con mi Visión del Mundo. Bastante sesgada, como la del resto de la humanidad. Antaño no tenía claro si era yo el que no quería encajar, si mis ideas se fabricaban con la única intención de nadar a contracorriente. Con el paso del tiempo, y un poco de ayuda al respecto, ahora lo veo como un campo de juego. En el que si quieres puedes intentar ser el rey de la colina o buscar tu propia felicidad con o sin ayuda de los demás. La gente me ha demostrado que su visión permanece inmutable hasta que algo o alguien consigue tambalear los cimientos de sus credos particulares aunque a veces ni con esas. Amor, trabajo, familia, tiempo y/o espacio. Estas son las monedas con las que la gente intercambia pedazos de felicidad – incluido yo que tampoco me libro.

Mis cambios de humor y estado de ánimo responden a una conciencia intranquila, una de esas que busca un lugar donde descansar y encajar y cuando por fin encuentra uno, se aburre. Dándose el piro sin tan siquiera averiguar a cuántos kilómetros está el siguiente bar. Por eso habrá días en los que me deprimo sin ningún motivo – o al menos uno que no me apetece explicar – y otros me quiero comer el mundo, riéndome de mi propia sombra, desnudando con la mirada a la primera que me dedica una mirada adornada con una sonrisa.

Sólo añadiré que a veces me resulta tan gracioso el comportamiento ajeno como el mío propio. Tanto los que se dejan llevar en una balsa de aceite como los que buscan convertirse en heraldos de un cambio social y mental que nunca parece llegar formamos parte de una misma obra de teatro, con nuestro papel a interpretar.

El siguiente paso en esta pequeña escala es el Amor. Algunos de mis amigos y conocidos se sorprenden cuando se enteran que no tengo pareja ni estable ni inestable, a otros les parece lo más del mundo, ya sabéis de todo hay en la viña del señor. Más de uno me ha preguntando cómo soy capaz de escribir esos pequeños fragmentos sin tan siquiera vivirlos, calificándome de escritor maldito, en especial los que leen de vez en cuando este blog. Ante esa pregunta sonrío, no puedo evitarlo. Poseo un peculiar sentido del amor, el tiempo me ha enseñado a desconfiar por instinto de aquellos que hablan sobre amores en los que el físico es sólo relativo. Mientras de puertas adentro buscan amantes o parejas de cuerpos que encajen en los moldes sociales de belleza. Es una tontería, lo sé, lo reconozco, pero en cuanto te ves rodeado de amigos que se han casado, tienen hijos o parecen estar emparejados de por vida te da por pensar quien de todos está andando por un camino que no conduce a ninguna parte.

En estos instantes estoy pensando si después de tanto distribuir y jugar con mi tiempo a voluntad sería capaz de compartirlo con alguien más. Que sepáis que me he enamorado de mujeres que no me han hecho ni puñetero caso, otras que más bien les apetecía pasar el rato, muchas que ni se han enterado porque llegado el momento yo he permanecido callado y algunas que sin venir a cuento me han rechazado con la única explicación de ser un bicho raro. Sin embargo, no me suelo quejar demasiado; como con todo, se echa de menos lo que no tienes y cuando lo tienes echas de menos lo que te falta.

Y para quien no lo sepa, soy Piscis, y no sé si los astros tienen algo que ver pero soy de las personas que antes que tener una pareja con la que convertir mi vida en una linea recta prefiere que esté a mi lado y no sea de las que piense que ir de compras o de cena cada dos fines de semana sean los planes más excitantes que puedas tener en pareja. Alguien que por encima de todo no quiera cambiar, ni cambiarme, alguien que aparte de ser mi pareja, sea mi amiga, mi confidente, mi amante. Aunque todo en esta vida tiene un precio, y aparte de tener la cabeza en las nubes, soy algo tímido – increíble ¿eh? –, e inconscientemente muy expresivo, tanto para lo bueno como para lo malo. Con lo cual soy mal jugador de cartas, algunas veces tan discreto y fino como un bulldozer en mitad de un ballet de Tchaikovsky y otras sin decir absolutamente nada la aludida se da por enterada y la partida por finalizada.

Ah, por cierto, antes de que se me olvide, me gusta escribir. Lo digo para los poco observadores, porque no sé si os habréis fijado pero yo soy el autor de este blog tan sumamente extraño...

lunes, 9 de agosto de 2010

La Tinta, el Tintero y... la Astilla

Casi cuatro años han pasado desde que mi lucha interna se plasmase en historias sin demasiada coherencia en este modesto blog.

Casi cuatro años en los que, bueno, sin querer aspirar a nada más, el escribir cuatro palabras se ha convertido casi en una necesidad. Digo casi porque de vez en cuando también me gusta romper un poco con la monotonía que implica el dejarte llevar por sentimientos propios, ajenos, robados o usurpados, sin malicia, por el simple placer de soñar.

Y hoy es uno de esos días, en los que tras perseguir un momento de calma, un instante que pueda dedicarlo a mi persona, he decidido tirar por la borda la entrada que iba a publicar.

¿Por qué? No lo sé, puede que no esté con las ganas a flor de piel, puede que en mi interior se hayan vuelto a liberar las antiguas pesadillas que hacen que me vea como una abominación cuando me veo reflejado en un espejo así sin más. O porque sencillamente tras unas cuantas semanas de puro estrés mental, mis sentimientos se hayan ido de vacaciones mientras a mi me toca pringar.

Hoy es uno de esos días en los que me he cansado de este rompecabezas que representa mi vida. De ir buscando piezas, maneras y manías e intentar hacerlas encajar en un mundo, en el que aparte de los libros, ya nada me sabe igual. Ni si quiera estoy dispuesto a encajar, ni a romper todos esos malditos espejos que tantas veces me han hecho sentir tan mal. Porque seguir los pasos que tantos pies han trillado ya me empieza a saber un poco mal.

Mira, si algún día te encuentras con la puerta de mi conciencia cerrada, ni te molestes en llamar, tal vez ese día no me encuentre en casa o incluso no tenga ganas ni de charlar con alguien más que no sea mi propia sombra, porque seguro que tiene historias más interesantes que contar.

Cuatro años dan para mucho, o para poco, según como lo quieras interpretar.

domingo, 1 de agosto de 2010

La Tinta, el Tintero y... la Arena

Hoy he vuelto a mirar por la ventana. Hace mucho tiempo que no lo hacía, con un café en la mano. Sin esperar nada a cambio. Observando como el tiempo se va consumiendo con cada trago amargo, del café por supuesto.

Cuántas veces he soñado que me marchaba volando, que lo dejaba todo atrás y sencillamente me despedía con la mano. Un nuevo nuevo trago y los posos del pasado se han quedado en el fondo. No más historias consagradas con el único propósito del fracaso, no más charlas en las que supone tengo que ser quien no soy para recibir una sonrisa falsa como moneda de cambio.

Ahora ya no me apetece quedarme sentado, mirando como desapareces de mi vida mientras me obligo a recorrer las calles como un perro en busca de una correa en la que sentirse atado.

No más tardes que empiezan con un café, el mismo que me estoy tomando, y termina comprándome las caricias porque ese día no has sabido empeñar tu corazón y tu cuerpo tal y como exigía la partida.

Me quedo aquí, entre mis libros y mi tinta, haciendo lo que mejor sé hacer. Soñar con historias perdidas, viviendo con la sonrisa de quien no tiene ya nada que perder. Pues con el último sorbo de café, querida, yo me abandono a mi vida, cansado pero contento de no haber regalado mi corazón a quien no supo mirar más allá de sus propios miedos.

miércoles, 21 de julio de 2010

La Tinta, el Tintero y... las Tijeras

Al acabar el día todas y cada una de las miradas, fijas en tu sonrisa, se van a la cama. Despacio, sin prisa. Se despojan de las falsas apariencias y traidoras muecas, cansadas de aguantar bravuconadas vendidas por un puñado de monedas de plata. Así, sin pedir permiso mientras busco desesperado el hilo que me guíe hasta mi destino. El sol se pone y noto como me corto las manos al recoger los fragmentos de labios de cristal que se hicieron trizas justo antes de poderlos besar.

El horizonte engulle con ansia los últimos restos del ocaso, dando paso a una noche perlada con la luz de cada una de mis esperanzas. Todas las lancé al cielo para poder recogerlas en las frías tardes de invierno. Arrancadas una a una por las codiciosas gotas de lluvia caen sobre mis manos abiertas, cicatrizando viejas heridas que aún permanecen en carne viva. Ocultas por envidiosas nubes que sólo desean arrastrar el veneno que desprenden tus ojos azules por esta ciudad sin luces.

Y este juego termina en el mismo instante que el sol se abre camino y me descubre con una de esas sonrisas que tú te empeñaste en hacer añicos con tus mentiras.

miércoles, 14 de julio de 2010

La Tinta, el Tintero y... el Espolón

Hoy va de tinta que se seca sin contar nada más, de portazos que gritaban por siempre jamás adornados con un guiño al final, de sueños que se ahorcan en los péndulos cuyo tic tac marcan las horas en soledad, de sonrisas perdidas en las bodegas de un barco hundido junto a tesoros que ya no se podrán recuperar. Incluso de risas y abrazos de esos que no vienen a cuento, de días perdidos sin ningún sentido pero con el camino de vuelta a casa con el sabor del último cigarrillo.

También es de atardeceres eclipsados por historias que te hacen sonreír y nunca pronuncian una palabra de despedida, de cervezas bien frías sólo o en compañía, de perderse en sus ojos o de comprar una tontería para escuchar su voz y regresar otro día, de calles repletas de escaparates, tiendas y disfraces, de manos infantiles que juegan al burro sobre un puñado de miradas tristes, de canciones que desearías que nunca terminen, de pasar inadvertido cuando sabes de sobra que te está quitando la ropa con la mirada.

Y todo esto lo digo sobre una hoja en calma, cansada de tanto correr y nunca decir nada.

lunes, 5 de julio de 2010

La Tinta, el Tintero y... el Suelo

Las nubes se abren dejando paso a cielo sin sol y a una noche sin estrellas ni luna. Camino por esquivas calles que a mi memoria traen recuerdos de tiempos que ya no sé si fueron mejores. Escribo, sí, escribo lo que siento, lo que veo. Pues en estos momentos mi vida la plasmo en tres libretas de color negro. Cada una de ellas repletas de instantes cincelados en blanco y negro, a golpe de plumín y corazón que no ceja en su empeño.

En tres cuadernos, tres, narro mi vida. Tres páginas blancas me aguardan siempre al acabar el día, con sus brazos abiertos y sus miradas esquivas. En todos ellos escribo mis fantasías, locos pensamientos de niño pequeño, de sombra de Peter Pan que no quiere regresar al cuento. Cada uno posee una parte de mi, inconfesables pedazos de mi alma guardados en los torreones de castillos tan inexpugnables como mis propios sueños.

En el primero, mi vida gotea día a día, narro todo lo que se digna a pasar por delante de ella. Desde mis angustias hasta las más profundas rutinas, pasando por sueños que me dibujan una sonrisa y recuerdos pegados como un collage de luces y sombras, de victorias y derrotas.

En el segundo, un esbozo de mi gran anhelo; historias sin dueño, cuentos y fábulas para mantenerme despierto.

En el tercero, invento amores que hasta ahora sólo ha vivido el cielo, mezclados con las verdades de lo que siento. Todas las ensoñaciones de un corazón que no ha conocido otra cosa que el raspar contra las hojas frías y duras que no parecen tener fin. De un corazón que aprendió a secarse las lágrimas que no derramó en toda su vida sobre estos tres cuadernos.

Tres por tres hojas en blanco repletas de una vida llena de miedos, de esperanzas, de risas, de magia y de encantamientos. A rebosar de sentimientos que, tal vez, sólo mis ojos lleguen a leer.

Tres cuadernos en los que no paro de escribir ni un momento.

martes, 29 de junio de 2010

La Tinta, el Tintero y... la Fragilidad

Mi mente está en blanco. Una sensación de vértigo me sube desde la boca el estómago, como quien se pone a prueba acercándose demasiado al borde de un precipicio. Un grito ahogado que se queda colgando de mis labios, una palabra que se niega a abandonar mis manos.

Pienso en todo el tiempo que poseo, en todas las locas ideas que cruzan por delante de mis narices y a quien a pocos parece sorprender. Me lanzo una y otra vez contra paredes de cristal, contra espejismos que se ríen de mi cuando les intento alcanzar. La carne de mis labios se pega cada vez que te quiero besar y mi mirada busca dentro de tus ojos un alma que no me quisiste mostrar.

El papel en blanco se ha convertido en una cárcel de la que ya no estoy seguro si deseo escapar, sobre sus paredes relato mi vida, tachando los días que ya no volverán.

sábado, 19 de junio de 2010

La Tinta, el Tintero y... el Corcho

Calma e intranquilidad se pasan el relevo estos días. Intento no ver mi vida ni como un cúmulo de de objetivos por cumplir ni como como una avalancha de sentimientos sin control. Tales extremos no representan nada para mi.

Lo que sí es cierto es que parece que sigo dando bandazos de un lado para otro. Cada vez que intento focalizar mi atención sobre un punto concreto, el resto del espacio se convierte en un torbellino furioso que acaba por absorber mi único punto de referencia. ¿Consecuencia? Paso las horas absorto en mis propios pensamientos, buscando una salida. Ni tan siquiera me apetece hablar con el resto de la gente. Resulta paradójico que en cuanto me dan carril sea capaz de hablar durante horas y horas y, sin embargo, en muchas ocasiones prefiera mantener la boca cerrada y limitarme a observar a mi alrededor.

En este estado pienso sobre cómo ponerle un freno, pues no es una situación demasiado agradable. Cuando asomo por casualidad no me apetece hablar, no quiero se el centro de atención y cuando paso mucho tiempo solo, salir se convierte en una necesidad.

A mi memoria vienen recuerdos de días pasados, algunos más cercanos en el calendario que otros. Momentos en los que no he sido yo mismo y momentos en los que lo he dado todo por darme a conocer. No me gusta quedarme con aquellos en los que no he sido como me gusta ser.

Hay quien califica mi actividad - o mi propia vida - de bohemia, pasada de rosca, pero para mi es la suya la que falla. Centrar tu vida en la banalidad, en las frías apariencias no me llena. Habrá quien ese tipo de vida le resulte fascinante, no lo pongo en duda. Vivir dentro de una película, en donde todo el mundo posee un papel que representar: el guapo, la guapa, el feo, el malo, el traidor. De esta manera, todo está en orden, nada se sale de contexto y quien lo hace sufre el destierro, la etiquetación social - aunque de por sí ya estaba etiquetado -, la burla a manos de quienes dan forma a esa clase de mundo.

Si te contase que sin hablar contigo sigo pensando en ti, ¿cuál sería tu opinión? Sabiendo que tienes todo mi apoyo aún permaneciendo temporadas en silencio mientras me cuentas tus sueños, aún sin contarte los míos porque simplemente no quiero. Incluso cuando no paro de hablar de los míos, de mis planes para un futuro que no existe, de cómo pierdo el tiempo o como lo aprovecho para malgastarlo en cualquier juego.

En esos momentos, tanto con la voz como con el silencio, debes saber que no estoy huyendo, sólo estoy tratando de decirle al mundo que me gusta saber que existe otra forma de vivir y de sentir. Una que no está descrita en ningún papel.

lunes, 7 de junio de 2010

La Tinta, el Tintero y... el Margen

Mi pensamiento ha tomado un desvío equivocado, ahora mismo se encuentra en mitad de un páramo, un desierto completamente congelado. Mientras, mi cuerpo continúa moviéndose, respirando, caminando...

Y es que estos días me siento fuera de lugar, nada de lo que me rodea es real, ni familia, ni amigos, ni sueños con los que soñar. Cierro la boca porque te quiero gritar, porque me siento abandonado después de escuchar mentiras, cuentos de hadas que inexplicablemente me hacen vomitar. Cierro los ojos porque me he cansado de los reflejos deformados, de palabras amables que me saben a hiel y a castillos en el aire...

martes, 25 de mayo de 2010

La Tinta, El Tintero y... el Tímpano

La realidad resulta muy dura cuando eres un soñador. Demasiado dura, tal vez. Desde que el despertador comenzó su cantinela mi cabeza se ha ido a tomar viento fresco, como suplente a tiempo parcial la junta directiva ha contratado una magnífica máscara de porcelana. Inservible, pero que da el pego perfectamente.

Siempre estás con lo mismo, me dicen algunos. La vida es así, otros. Resignación chaval, resignación.

Me he cansado, sin más. La gota que hubiera colmado el vaso nunca llegó a caer, porque el puñetero vaso ha terminado estampado contra la pared en donde la vida se gestiona a golpe de nudo de corbata y trajes caros que ocultan una triste fachada.

Predicar, con el ejemplo propio o ajeno, intentando cambiar el mundo en un intento tan fiero que a las primeras de cambio se lo lleva el viento. Qué decir, qué comentar a tal respecto. Nada, si total, lo mejor es sentarse a ver cómo luchas por los sueños de los demás, ¿verdad?

Los labios se calientan y llega el momento en el que poco importa si sueñas despierto o si cuentas tu verdad entre lamentos.

miércoles, 12 de mayo de 2010

La Tinta, el Tintero y... el Reencuentro

Mi vida no pertenece a las grandes corporaciones, multinacionales ni compañías, ni se encuentra encadenada por horarios estrictos, míseros sueldos o gerentes que venden su alma por cerrar un suculento negocio.

Nada de todo eso, mi vida se rige por una marea de sentimientos, una avalancha de sensaciones que, cada minuto que pasa, colman y sacian mis sentidos y alimentan mi imaginación.

Decepción al sentirme rechazado, por agobiarme en el trabajo, por no comprender las razones y explicaciones tras las cuales se ocultan los mayores. Acorralado por un mundo de corazones vacíos y expresiones huecas que visten inmaculados trajes y corbatas al más puro y decadente estilo que imponen todas esas grandes empresas.

Ilusionado por una simple sonrisa, por perseguir mis sueños, por saber que alguien permanecerá junto a mi contra todo pronóstico. Por una invitación y poder comer a tu lado. En una encrucijada de miradas que, si la imaginación se pone de mi parte, acaban desnudas en tu cama.

Mi corazón ladra de pura alegría y con la voz muy bajita me susurra escenas de deseo en estado puro, de tardes compartidas, de broncas que nunca duran más de un día. De risas al verme hacer el payaso mientras te espero a la salida de tu trabajo. Con atardeceres vistos a través de unas lágrimas que surgieron cuando me atreví a decirte te quiero. Por ilusiones compartidas con una simple caricia.

Curiosa es la vida, mi vida, en cuanto me cierran una puerta a dos centímetros de mis narices; sin que nadie se dé cuenta me doy la media vuelta abandonando esa dichosa habitación para cobijarme entre las costuras de tu pantalón.

De esta manera, puro mirar debajo de tu colchón sin miedo a que aparezca el hombre del saco y me sorprenda jugando con el cierre de tu sujetador, al tiempo que mis labios buscan en los tuyos un lugar más acogedor.

martes, 4 de mayo de 2010

La Tinta, el Tintero y... la Traición

Una vida que dura una mirada fugaz, una sonrisa esquiva, unos labios y un cuerpo que deseo acariciar.

Una vida competa de sentimientos que no dejan de azotar los acantilados en donde el viento se detiene a descansar, a llorar por todo lo que ha visto, por todo aquello que no ha podido saborear. En sus maletas, relatos de encuentros en bares apartados, de lamentos y deseos deshechos a causa de justificaciones dictadas por corazones enfermos y mentes condicionadas.

El tiempo pasó, sin pausa, sin tan siquiera saludar, desde la última vez que mi corazón se rompió; esperanzas hechas añicos esparcidas por el suelo de cualquier habitación. Vi como se alejaba de mi vida, consumida por un fuego que engullía toda mi pasión. Cada parte que se negaba darte la razón era pasto de las llamas y reducida a cenizas, sin resentimiento, sin compasión

Vendí mis sentimientos al mejor postor, los ofrecí sin condición; y ahora me veo que igual que cuando comenzó a desnudarse por los pasillos que conducían a los bares de su perdición.
Qué es lo que realmente ofrezco. ¿Una vida de ensueño? ¿Delirantes momentos que ni el tiempo sabe como poner freno? O tal vez una vida llena de deseos, la de un niño que se niega a creer que el mundo ya no está bajo sus pies.

Me deje llevar por manos y palabras que nunca pierden nada, pues el mundo de otros el que se desmorona. Ni yo mismo me entiendo, sin ningún rumbo a seguir y persiguiendo cualquier sonrisa que por un instante me haga feliz. Obligado a lidiar con alcahuetas de sonrisa fácil y espaldas cubiertas que dilapidan consejos que nunca se aplican.

Desde una colina apartada contemplo lo que una vez fue una tierra desolada, en donde antaño me atrevía a plantar sueños y esperanzas. Ahora miro hacia atrás sin ver signo alguno para la esperanza o la felicidad. Sin más miramientos el viento recoge sus pertenencias y levanta el vuelo, dejando atrás dolorosos recuerdos que se niegan a olvidar; hasta que encuentra otra sonrisa, otra forma de soñar. Nubes de polvo arrastran con desgana los últimos lamentos de mi alma hace tiempo asesinada.

La vida a mi alrededor sigue, continúa a marchas forzadas. No entiendo como las personas se conforman con tan poco o seré yo quien lo pide y da todos sin límites ni condición. Una de las muchas razones por las que mi corazón tiene miedo e ilusión de entregarse a unas manos y una vida que no comprenda que para mi las emociones son el único motor de toda esta creación.

domingo, 18 de abril de 2010

La Tinta, el Tintero y... la Canción

¿Alguna vez has escuchado el sonido que produce un pensamiento al ser ahorcado? Merodeando entre la oscuridad de las calles existen peligros a los que se han acostumbrado los seres humanos. Bien vestidos, perfumados, rondan detrás de mesas en un despacho bien iluminado. Obsesionados por una vida que poco a poco han dejado de controlar, no me explico cómo las personas han podido llegar a una situación de perpetua agonía, de ver como los días se abandonan, tirados en cualquier lugar. Discursos bien preparados que defienden un estilo de vida manipulado, justificado por un dinero que nunca ha sido capaz de comprar ilusiones ni de redimir pecados.

Mientras tanto, yo no me resigno a quedarme sentado mientras otros se conforman con jugar a ser oráculos en un mundo donde los mitos y las leyendas se han convertido en un producto líder en ventas. Todo tiene un precio, y en cualquier bando que elijas antes de comenzar la pelea, has de saber que nadie sería capaz de lanzar la primera piedra. Así es el mundo que entre todos hemos fabricado, sueños comprimidos, torturados pueblan los más íntimos pensamientos que prefieren suicidarse antes de ser pronunciados.

Al terminar una de tantas singulares batallas me sorprende un sentimiento ahogado, amargo; me abandono y me aparto de cualquier lugar que me recuerde que una vez el día terminó abrazos, sin decir una sola palabra, consumiendo nuestras vidas entre caricias y sonrisas que avivaron un apetito desmedido por arrancar un nuevo jadeo, un nuevo suspiro. Con un rumbo prefijado termino recostado entre humos, palabras y miradas cargadas de ganas de olvidar tras los vasos medio vacíos de cualquier barra de bar. Cierro un nuevo capítulo y me dispongo a dejarme llevar por los primeros labios que busquen un consuelo tantas veces prohibido.

Horas oscuras para reflexionar, observo la vida pasar por delante de mi portal, llamando insistente, dejando claro sus ganas de seguir adelante, y no tengo fuerzas ni para mirar. Las luces de la ciudad se apagan dando paso a una extraña tranquilidad de la que no puedo escapar. Hasta que, de nuevo, el Sol abra sus puertas y el resto del mundo se ve obligado a comenzar un nuevo día de actividad, pisando a los demás. Con mis propios pensamientos me arropo, docenas de símbolos de interrogación sustituyen a las ovejas que hace tiempo se negaron a salir en procesión. Miedo a la noche, miedo a las preguntas sin respuesta, y a las sentencias que nadie desea escuchar. De este modo bailan las estrellas, entre nubes y un cielo vacío, mientras se intercambian historias que no me ayudan en nada, y menos aún cuando mi único deseo es olvidar.

lunes, 12 de abril de 2010

La Tinta, el Tintero y... el Mito

El mundo se distorsiona creando ángulos fugaces, luces sin sombra, oscuridad radiante. Discernir entre lo real y lo imaginario se convierte en una tarea detestable, respondiendo a llamadas de lobos con colmillos relucientes que me ofrecen una vida sin límites para mi cordura, sin pegas para su cartera de clientes. Palabras amables que esconden cadenas guiadas por un reloj incansable. Casi no puedo creer que todavía piense en cada una de las trampas que no dudan en poner bajo mis pies.

Mientras esquivo dentelladas recuerdo que hace tiempo decidí que mis pasos no volverían a alcanzar la entrada al portal en donde revolotean sus sonrisas para que cualquier incauto las intente atrapar. Me encuentro cansado, sin ganas de avanzar esperando que todo esto acabe, liberándome por fin de una agónica sentencia que tardas en dictar. Mi mente cerró la libreta en la que deseaba plasmar frases, palabras y párrafos cargadas de melancolía sin igual, hastiada de ver como nada de lo que hacía resultaba, ni para bien ni para mal. Recuerdos afilados que se niegan a abandonar las cicatrices surgidas en bares de mala muerte o en días en los que sencillamente pretendía abandonar la dichosa partida.

El viento me ha confesado que ocultó cientos de cartas que nunca te quise enviar, resentido al ver como decidiste cambiar de labios a los que besar y dolido cuando comprobó que mi respuesta no fue otra que dar un portazo en mi mundo, levantando una polvareda de miedos y esperanzas que hasta ahora no se han posado en ningún lugar. No es que me queje de todo aquello por lo que luché, de todas aquellas tardes de frases sin terminar, a la espera de ese simple gesto que confirmase si realmente te daba igual.

Los días pasan, y el tiempo no sólo conseguirá que tales cadenas se pudran sin necesidad de volver la vista atrás, si no que también me olvidaré de los porqués que tantas veces me pregunté y sólo el silencio se atrevió a responder.

domingo, 4 de abril de 2010

La Tinta, el Tintero y... la Maldición

Unas pocas semanas me ha llevado encontrar un letrero en el que se lea la palabra: Salida de Emergencia. No porque me haya perdido, en todo caso porque nunca me he encontrado; ni conmigo ni sin ti. Despistado resulta más adecuado. Decenas de páginas escritas tras un trasfondo de besos en blanco y caricias mudas de espanto. Los temas tratados han sido diversos, variados, colapsados y convertidos en un montón de escombros que intentan hacer sombra a mi propio pasado. Enterrando viejos mitos y rescatando antiguos relatos, cualquier método es válido para saber cual es el puesto que me corresponde en esta locura plagada de gente.

La respuesta ha sido más simple de lo que pensaba. Al principio, me desesperaba mientras cientos de pies caminaban por lo que parecía tierra firme. Los míos, sin embargo, me han conducido por veredas inesperadas. Rebosantes de espinas algunas, otras con el anagrama de una vida sencilla y unas pocas con sonrisas ligeras como mariposas. Incluso días del calendario, en los que se supone me debía vestir con la mejor de mis camisas y recordar fechas señaladas por una mano que no reconocía en muchos de los casos, no me he presentado dejando a mi propia sombra de lado. Soñando con besos lejanos guardando un futuro no muy lejano, un futuro de bailes de edredón y escribas de intentan evitar que sus letras se quemen en las cacerolas puestas sobre los fuegos alimentados por sus propios llantos. Un drama repleto de conquistas de medio pelo, de fugas inesperadas mientras todo el mundo te está viendo, de llantos sin venir a cuento y de risas falsas que servidas como postres de una velada sentenciada porque ninguno de los comensales necesitaba saber que estaba escrito en aquella carta.

De esta manera, sumamente extraña, me parecía que nunca encontraría mi lugar. Tardé en darme cuenta que no es necesario ni buscar ni encontrar nada, que mi lugar, aunque no me lo crea, ya no está junto a tu lado, ni al mío, ni al de ningún otro que no se atreva a soñar; mientras el resto de la humanidad se esfuerza por dominar unas fuerzas que les obligan a no ser como ellos quisieran. De todas formas, lo único que me preocupa de verdad es que mi estilográfica no logre hallar una simple hoja en blanco en donde poder continuar relatando todas estas historias que parecen no tener un final de almohadas y sábanas sin sueños de amaneceres en los que no veas llorar.

domingo, 21 de marzo de 2010

La Tinta, el Tintero y... la Cofradía

Mi caminar me ha llevado a lugares insospechados. Parajes singulares que costaría creer en su existencia. Sin lugar a dudas, he visto como vidas enteras se estremecían ante miradas vacías y palabras repetidas en larga letanía, carentes de todo significado. He sido testigo de como en nombre de una palabra y una acción gentes se han refugiado y han consentido que su humillación se convierta en una alegría grotesca, en un darle la espalda a todas las creencias y aferrar con fuerza la tibia bienvenida de una soledad compartida.

Soy capaz de vivir vidas que jamás me han pertenecido, de soñar con imposibles; pues la realidad se encarga de deformar la realidad, construyendo historias retorcidas que jamás te podrías imaginar. Me cuesta guiar mi estilográfica para recrear cada uno de los momentos que se han perdido en el tiempo, a modo de escudo, de armadura, se bloquea y niega por completo su existencia. Mirando hacia otro lado con total y absoluta indiferencia. La realidad adopta el papel de frío psicópata calculador, desmonta todo tipo de imaginación y se impone con cruel victimismo, aplastando anhelos, abriendo puertas y cerrando esperanzas siguiendo un plan maestro. ¿Qué pensabas que iba a ser todo esto? Incluso detrás de las máscaras más bellas se esconden los actores con todas sus penas. Las apariencias se han convertido en la moneda de cambio habitual. Hasta que dejes de luchar, hasta que tu mente deje de pensar en las posibles consecuencias de preguntas que nadie desea contestar.

Todas estas divagaciones, siempre detrás de un velo de cristal, se dan porque aunque no lo creas yo también soy un artista del escape. Cuando piensas que no sería capaz de sorprenderte, me escabullo entre la gente y observo como sois capaces de abriros en canal por cuatro comentarios, puñaladas asestadas con una sonrisa prestada a los Idus de Marzo. Pertenecezo al tablero de juego, pero sencillamente soy una pieza que no muchos están dispuestos a jugar. Será porque tal vez, mis espinas duelen al reconocer que poco me importa un gesto de complicidad, o una alabanza mal planchada, o incluso una caricia con sabor a perjuria e intimidación. Un simplón que gusta de reírse y llorar por cualquier reacción, un silencioso espectador que no aplaude cuando el resto del público así lo hace. Porque mis metas son algo más que desnudarte porque llevas un par de copas y ya ni siquiera te respetas.

Te miro a los ojos y con las cuerdas que antes movían a esta pobre marioneta, me despido mientras salto por la ventana en pos de un vacío que me da la bienvenida durante unos breves segundos. Levanto la vista, antes de desaparecer, te dedico una breve sonrisa, triste y divertida, viendo como los hilos que de tu alma tiran, impiden que muevas un sólo músculo, ni uno solo, ni siquiera para mostrar terror por mi acto suicida.

lunes, 15 de marzo de 2010

La Tinta, el Tintero y... el Telar

Cierra los ojos. Cuenta hasta diez, mientras lleno con aceite el candil que apenas sí puede iluminar mis sueños. Atrapado vivo entre sueños, viejos y decrépitos unos, incapaz de recordar el resto. Y con esta he perdido la cuenta de las veces que te he amado y olvidado en silencio. De las veces que me he perdido sin encontrar el camino de regreso. Por no tener remordimientos. Sin remedio, ando con calma y pierdo el rastro que antaño me llevaba hasta tu cuerpo.

He preferido ignorar los sabios consejos que me dio el Lobo del cuento y acabé en la cama de tantas Caperucitas, que no tengo muy claro cual de ellas me robó el alma.

El camino de vuelta a casa hace tiempo que lo he olvidado, pero a estas alturas de la historia poco importa, pues lo último que me falta por ver son a los Gigantes, transformados en Molinos, ganándose la vida moliendo cada uno de tus besos.

martes, 9 de marzo de 2010

La Tinta, el Tintero y... el Alba

Cada cierto tiempo el ciclo se interrumpe y me encuentro mirando por la ventana sin saber el rumbo que van a tomar mis sueños e ilusiones. Una narcosis inducida por aquellos que llaman un nuevo día, pues en mi mente no existe más calidez que el sol de media noche. Metamorfosis incontrolable que me obliga a vivir por la noche y a dormitar por el día. Un vistazo rápido y mi sombra sale a jugar por los tejados, al escondite con suspiros ajenos, a mover ficha en tableros donde nunca se jugará partida alguna, desordena habitaciones, deja libros con anotaciones indeseables.

Al regresar al alba, me descubre en mi biblioteca particular, en mi cámara secreta donde cada vez que sale el sol me echo a llorar porque nunca desee agarrar esa segunda oportunidad. La segunda parte de una historia sin acabar. De guiones que muy pocos se atreven a contar. Giros increíbles que sólo se dan si realmente te apetece arriesgar. Pero no desconfíes, sobre todo no me mal interpretes, no estoy diciendo que no desee salir a respirar. Lo único que necesito es un poco de tiempo, reflexionar sobre por qué no me apetece acatar ninguna regla, no permanecer más de dos días en cualquier lugar. Por qué todas las ciudades me parecen igual. Ruedas para roedores, círculos sin principio ni final, en donde cada habitante es una Caja de Pandora a punto de explotar. Anhelos bajo presión que no poseen ninguna válvula de escape excepto por pequeños salvoconductos pagados por un puñado de sonrisas y cervezas a medio terminar.

Puede que la razón sea que a mi no me gusta encajar. Formar parte de un laberinto en donde nada parece tener sentido no ha sido mi estilo. Por esa sencilla razón no me dejo atrapar, prefiero continuar perdido en cientos fantasías que luchan sin ningún objetivo en particular. ¿Acabado? ¿Terminado? ¿Sin un futuro inmediato? No voy a discutir, e incluso hasta puede que tengas razón y que mis días acaben del mismo modo que empezaron, con los ojos como platos al verme rodeado por cuatro paredes frías, por unas manos que me obligaron a respirar cuando yo no quería, por el latir de un corazón helado que aún se resistía a recordar cálidas palabras de aliento cuyo significado no entendía.

Aprovecho este momento, y justo antes de despedirme, abro mi libreta y escribo la continuación de este pequeño relato, de esta pequeña historia que comenzó cuando decidí que mi vida se quedaría atrapada en un singular Reino de Fantasía al que muy pocos serían invitados.

martes, 23 de febrero de 2010

La Tinta, el Tintero y... el Agua

En ciertos días como el de hoy, mi mente va por libre, no puedo controlarla, o tal vez no lo deseo. Comienza juntando retazos de historias inacabadas, incompletas mientras observa nerviosa el reloj. Obligándole a consumir minutos, horas y días completos. Una vez acabados, manipulados, a mi alma le ofrecen suculentos sentimientos en bandejas de plata. Cocinados, adulterados, recalentados, hasta la saciedad para evitar que centre en los gestos y guiños que, de cualquier otro modo, supondrían jugarse la vida.

¿Qué mecanismos producen en mi tal estado? Me cuesta identificarlos, aislarlos y analizarlos. Se escabullen por las mil habitaciones que forman mis pensamientos. Juegan a un melancólico escondite de todo aquello que tuve, de todo aquello que amé y no pude tan siquiera despedirme.

Me da rabia, pues yo no deseo jugar, me cansan sus reglas, intentar ir más allá. Darme de bruces con un callejón sin salida que me conozco hasta la saciedad.

Sin embargo, aquí estoy de nuevo, preguntándome por qué y cómo he llegado de nuevo hasta aquí. Cuál es la salida, sino retrocediendo sobre mis propios pasos. Desbocados sentimientos, que me tienen atrapado, arrasan con todo aquello que encuentran a su paso.

Cuando pienso que pagaría cualquier precio por conservar una sonrisa de esa mujer a la que he amado, giro sobre mis talones y regreso por el camino de lágrimas que hasta esta trampa que lleva tu nombre me ha guiado.

Sonriendo, tiro la factura de tus labios al suelo, siempre me pareció un importe desorbitado: mis sueños por conservar la calidez de un beso de alguien que nunca me ha amado.

Y como comprenderás, querida, no estoy dispuesto a pagarlo.

miércoles, 10 de febrero de 2010

La Tinta, el Tintero y... el Cuadro

Velas marchitas que se consumen sobre candelabros retorcidos; por el continuo goteo de todas esas lágrimas derramadas sobre el vacío de mis dedos. Angustiadas de ver finales sin despedidas, tantas veces repetidas, tantas veces ensayadas. Guardadas en baúles junto a historias robadas de labios que nunca se acordaron de mi nombre.

Pisadas huevas, carentes de todo sentido, recorren mis sentimientos persiguiendo los latidos de un corazón en piedra esculpido. Ecos de risas vacías se amontonan debajo de las sábanas de una cama renegada que se niega a seguir bajo el yugo de unas lágrimas vertidas sobre almohadas tejidas con la seda comprada con la desesperanza.

Mi voz ahorcada pende de los días desgranados sobre el calendario, sin fuerzas para romper esas promesas que me recuerdan cuánto te echo de menos. Abandono a su suerte las noches que en las que soñaba con recortes de tu cuerpo, con ver como jugaba el rocío con los mechones de tu pelo. Todo ese tiempo pasó, me grabo a fuego sobre esta piel curtida por tanto dolor. Me obligo a buscar una salida de este reloj de arena que marca los tiempos, con cada grano de arena que se desliza en su interior, en los que se congelan mis sentimientos mientras observan con amargura como mis manos se niegan a despedirse de ti...

Reconozco que me encuentro saturado de tanto sentimiento, a veces amargo otras sin consuelo. Demasiadas horas indagando cual sería el verdadero motivo por el que anclado a un recuerdo, me torturo conjugando siempre en tiempos pasados. Hasta el momento, no tengo respuesta alguna que daros. Pienso que mis sentimientos pertenecen al viento, a todos esos momentos que siempre había soñado, a cada instante en los que me veía empujado hacia ninguna parte.

Contemplo como todos estos recuerdos se concentran en una frase que jamás salió de tus labios. Encajan las piezas y, al parecer, todo se ha terminado.

lunes, 1 de febrero de 2010

La Tinta, el Tintero y... la Celosía

Cuando nadie me ve, rodeado por el tiempo, el mismo que se encarga hacerme olvidar y me obliga a recodar cada uno de mis pecados. Cuando nadie me ve, imagino cómo sería una vida malgastada por ponerla a tu lado. Cuando nadie me ve, sueño que una vez no fui yo el culpable del portazo que dio mi corazón, dejándome allí tirado.

Contra una pared, me he visto escribiendo mil historias, ríos de tinta que describen cada una de mis vilezas, mis sacrificios, mis quimeras por un mundo al que no pertenezco. Nadie las has leído y nadie las leerá, textos ocultos que describen la cruda realidad. La de un fugitivo que, obstinadamente, se niega a buscar su lugar. Recorriendo calles y vicios, intercambiando sonrisas y besos traslúcidos por un puñado de confesiones en las que ya nadie desea creer.

Todo se consumió tan rápido que nadie tuvo tiempo de reaccionar. Nubes de humo, cicatrices enmarcadas con una risa mal dibujada. Cuartos vacíos de contenido y hojas en blanco profanadas por los lamentos de una mano que se dejo arrinconar por tu tacto. Una soledad que ni siquiera importa a las sombras. Hastiado de regresar sin relatos que contar. Con los bolsillos llenos de sueños que nunca terminaron de cuajar.

Agotado, me acurruco en el lado más oscuro y helado de mi lecho, declarando como último testimonio que jamás he dejado de ser ese niño inquieto y solitario que decidió no parar de soñar porque tenía miedo de crecer sin nadie a quien amar.

sábado, 23 de enero de 2010

La Tinta, el Tintero y... la Cerradura

Días enteros he dejado atrás, sin más miedo que el de no poder reencontrarme jamás. Con la seguridad de dar pasos hacia ningún lugar. Las horas se encargaban de correr las cortinas para evitar que me asomara a las ventanas y pudiera ver a mis sueños hacer tratos con el viento. Mientras yo intentaba convencer a esa mujer llamada Soledad de que abandonase de una vez mi hogar. Pues estas cuatro paredes, por mucho que se empeñe, son mías y de nadie más. Sólo poseen potestad para entrar y salir a voluntad esos sueños y esos besos que nunca te atreviste a contar.

Sin embargo, aún continuo obstinado en huir de tu lado. Sombras de un pasado atormentado. Y sin poder – o querer, que más dará – evitarlo, me reconozco a mi mismo caminando por las mismas calles que una vez me vieron llorar desesperado. Cuentan historias de sonrisas que renacen a la luz de la Luna, de faldas y piernas que suspiran por un amor que no se vista con un beso diferente al amparo de traiciones claras como el Sol de medio día, de caricias que se transforman en ceniza y de insidiosas tinieblas que me hacen compañía.

Historias, cuentos y leyendas que aparecen y se esfuman mientras busco una salida de esta mansión en ruinas donde una vez oí tu nombre entre juegos y caricias que, de sobra sabía, acabarían convirtiéndose en espantosas pesadillas.

Aún recuerdo el momento en el que las sonrisas valían algo más que una simple hoja en blanco, dispuesta a soportar las palabras consumidas por el humo del tabaco y las cervezas vacías, que cierran filas para evitar que estas heridas se abran más de lo necesario. Aún recuerdo cuando mi cama no era un iceberg de sábanas frías y noches de vigía aguardando a una puerta que jamás se abriría para dejar paso a tu silueta desnuda.

Cada recuerdo, cada momento, cada día que se aleja en el calendario, se transforma en una habitación vacía, repleta de memorias que aúllan de dolor y espanto porque me arriesgo a dejar todo este dolor a un lado. Porque el día en que volvamos a vernos, te recibiré con una sonrisa... Tan carente de vida como los días en los que no quisiste permanecer a mi lado..

lunes, 11 de enero de 2010

La Tinta, el Tintero y... el Tapiz

En muy pocas ocasiones no he sabido bailarle el agua al Sol, correr tras la Luna o esconderme tras cada una de las esquinas sin ni siquiera saber que jugaba al puñetero escondite inglés con mi vida. En muy pocas ocasiones he refrenado mis propios impulsos en esto que llaman escribir, ni siquiera cuando el viento me daba la espalda o cuando la tinta se secaba por mis lágrimas.

Aunque he de reconocer mis propios pecados y logros al mismo tiempo. Si he de escoger un camino, no será el que me lleve al Cielo, ni tan siquiera al Infierno, me quedaré dando vueltas sin sentido, buscando un objeto que he perdido pero que nunca he poseído. Veleta que gira mientras me clavo las espinas que únicamente encuentras en la Rosa de los Vientos.

Sin percatarme de todo esto, mi viaje hace mucho tiempo que no obtuvo licencia para atracar en ningún puerto, ni de roca y acero ni de carne y hueso. Porque nadie quiere comprar la mercancía de corsario maldito que no juega con otra mano; la de besos marcados e historias de barcos naufragados. Espíritu errante que observa como todo el mundo abandona su vida a la fiel tranquilidad que otorga una vida sin sueños, sin pena y sin gloria.

En muy pocas ocasiones, salvo en esta misma hora maldita, confieso que todo se reduce a cuatro esquinas, cuatro fronteras que delimitan una cárcel de papel que se consume con cada letra escrita, con el lamento de un alma que quiso gritar, llorar, enloquecer... pero al final no tuvo el valor de reconocer que ciertos sentimientos están vedados al mismísima vida.