sábado, 25 de abril de 2009

La Tinta, el Tintero y... el Tiempo

Llaman a la puerta, justo cuando termina la conversación y cuelgo el teléfono. Menuda sorpresa, cuánto ha pasado desde la última vez, mucho tiempo, cierto es. Pero pasa, no te quedes en la entrada. Si te apetece tomar algo, no lo dudes, como si estuvieras en tu casa. Aprovecharé para ducharme, que durante unos días no me apeteció hablar con prácticamente nadie.

Tú como siempre, ¿no? Con tus historias, tu trabajo y tus salidas indecentes. Sabes que alegro, pero no me recuerdes que te gustaría verme sonreír. Ahora no puedo, me has pillado descansando un momento mientras terminaba de buscar los trocitos de mi mundo que acaba de estamparse con el suelo. Sí, otra vez. La sonrisa me pesaba y la he guardado en el fondo de aquel cajón.

No te sabría explicar, pero creo que me estoy cansando de tanto soñar, dejándome arrastrar a lo que yo sabía que era una trampa mortal. Algún día me explicarás como consigues sobrevolar las calles de esta ciudad, arrebatando besos sin piedad. Consumiendo a todo aquel que te ofrece un poco de felicidad. Necesito probar, puede que el reflejo del espejo deje de llorar.

Cambiemos de tema, últimamente he notado que incluso las lámparas de mi casa me dan de lado, como si conociesen todos mis pecados, todos mis temores y quisieran dejarme a su merced, para que me consuma como tantos cigarrillos mal apagados. Voy a pedirte un favor: quédate a cenar y me ayudas a encajar las piezas que no tengo ni idea de donde van.

En tu mirada puede leer que no verás a mi lado un nuevo amanecer, será mejor cortar todo de raíz. Las lágrimas que nunca derramé por ti regarán las malas hierbas que, cual muro de indiferencia, necesito entre ella y yo para volver a ser feliz...

- Por favor, no te vayas...

Con el portazo y mi sonrisa debajo de su brazo, las últimas luces se van apagando, dejando mi casa en completa oscuridad. Antes de que la última luz deje de brillar, consigo musitar...

- Dios, no te puedes imaginar el miedo que le tengo a la soledad...

4 comentarios:

MO dijo...

Y yo.


MO.

Juancho dijo...

La soledad es la alegre compañía de los tristes... o eso dicen. :P

Aunque a mí, no me convence en absoluto.

Un besazo, MO.

kR dijo...

Te dio pena que nos fuésemos tan pronto de la fiesta? ;)

Quizá el mayor problema de la soledad es que cada cual va por el mundo pensando ser el único que la padece. XD

Juancho dijo...

Jejejejeje no sabía cómo decíroslo. :P

Y, joder, jamás pensé que llegaría a decirlo... pero... tienes más razón que un santo. xD

Un abrazo, kR.