lunes, 13 de abril de 2009

La Tinta, el Tintero y... la Copa

He visto como hacías trampas al barajar. No me preocupa en absoluto, no sería la primera vez que dispones el tapete a tu antojo. Las manos han continuado, simple y llanamente, porque me picaba la curiosidad. Necesitaba comprobar hasta dónde llegarías sin ni siquiera pestañear.

Uno tras otro ganaste cada céntimo de mi devoción, cada objeto de valor, cada palabra cedida desde los rincones más oscuros del corazón. Incluso me atreví a sentarme en la misma mesa, comenzar a perder y cerciorarme de todo aquello que mis ojos se negaban a creer.

Envites pactados por tahúres curtidos entre los vasos de whisky que se evaporan entre jugada y jugada. Jamás pensé que te pondrías a su mismo nivel. Después de unas cuantas horas a la desperada, caigo en la cuenta, nunca debí aceptar la apuesta. Pero no me quedaba otro remedio, la fortuna decretó que todos mis fracasos me conducirían a ti. Como era de esperar, lo he perdido todo, orgullosa de ver cómo hurgaba en los bolsillos de mi maltrecha alma para poder jugar la siguiente baza.

Al final, sin poder mantener el ritmo, sin nada que ofrecer, y aún menos apostar, me retiro de la mesa. Lo que me termina de sorprender es la sonrisa que se dibuja en tu cara cuando me ves entre los espectadores, como tantos otros saciando su morbosa falta de liquidez sentimental que les impide pasar una fatídica noche entre tus piernas.

Cierro los ojos, respiro hondo y mientras niego con la cabeza, logro pensar - No tienes ni idea de dónde vas a acabar. - Doy media vuelta y me abro paso entre sombras indiferentes. Desearía ver tu cara, como te cambia al conocer que nada de lo que jugué me pertenecía. Por primera vez, los pedí prestados para ponerte a prueba, por si algún casual pensabas cambiar. Que mi corazón acabase cual aceituna adornando tu Martini Bianco, sinceramente, no me gustó demasiado

Después de unos cuantos pasos fuera de tu alcance, la luna me guiña un ojo; - Bien jugado -, susurran unos labios que nunca he besado. Y es que al final, esto es lo único que he aprendido - como Mae West dijo -: Si he de elegir entre dos males, me quedaré con aquel que nunca haya elegido.

4 comentarios:

CalidaSirena dijo...

Muy buen final, me han encantado tu última frase..
Un beso muy dulce

Juancho dijo...

No todos los finales iban a tener un mal sabor de boca, ¿no?

Un besazo, Cálida Sirena.

kR dijo...

All-in

Juancho dijo...

Con un precio insuperable. :P

Un abrazo, kR.