domingo, 8 de mayo de 2011

La Tinta, El Tintero y... la Noche

Atención: Relato Corto Erótico.

02.39 AM.

Abre los ojos, siente el peso del edredón sobre su cuerpo. El calor es acogedor, encoje las piernas. Se abraza, se revuelve inquieta.. La tela se desliza suave por su piel cuando se incorpora. El frío hace acto de presencia. Eriza su piel, mira a su alrededor. En la penumbra distingue el pie de la cama, más allá, un cuadro colgado en la pared. Su ropa sobre la silla.

Despacio, posa sus pies sobre el suelo. Está frío. Mueve los dedos para entrar en calor. Se frota los ojos e intenta tragar algo de saliva. No puede, la boca está completamente seca. Un esfuerzo y se pone en pie. Casi d de puntillas para evitar el frío suelo avanza por el pasillo. Todo está oscuro y no se escucha ningún ruido. Respira profundo, vuelve a mirar a su alrededor. Parece como si la casa estuviera entumecida. Un escalofrío recorre su cuerpo desnudo.

Llega hasta la entrada de la cocina, su mano se posa sobre el interruptor pero se detiene, una luna que ocupa todo el cielo le da las buenas noches. Grande, blanca, le sonríe a través de la ventana. Tiene sed, mucha sed. Abre el armario y coge un vaso. Lo llena de agua. El murmullo se convierte en un cosquilleo es un sienes. Cierra el grifo y bebe un trago largo. Calma un poco su sed, vuelve a beber, saborea el agua.

Deja el vaso sobre la encimera y apoya las manos sobre la mesa.

Shhh... - un susurro en su oído. Su cuerpo se tensa, unos labios besan su lóbulo derecho. Es un beso dulce, siente una respiración contenida sobre su piel.

Esos mismos labios rozan su mejilla. Sonríe, cierra los ojos. Se deslizan, acarician su piel en dirección al cuello. Besan de nuevo. Ella suelta el aire y gira el cuello. No sabe el porqué pero se deja hacer. Describen círculos. Un nuevo escalofrío sube desde su columna al sentir la punta de una lengua que intenta saborear su piel, que enseguida se esconde tras esos labios que no paran de acariciar.

Cambian de rumbo, la nuca. Se toman su tiempo, recorren cada rincón, cada centímetro de piel. Sólo existen esos labios, esa respiración y nada más. Se posan sobre la base de su pelo, dibujan el contorno de su cabello. Se deslizan sobre el lado izquierdo de su cuelo. Describen pequeñas ondas mientras intentan abarcar más piel. Ahora menos, otro beso.

Sus manos no se despegan de la encimera, aunque quisieran no pueden. El juego las mantiene quietas, no desea romper el momento. Su cuerpo se mantiene recto, relajado. No siente frío tampoco sueño. Sus ojos permanecen cerrados. Sus sentidos atentos a esos labios que deletrean la palabra deseo cada vez que marcan su piel con un suave beso.

Respira profundo cuando siente como intentan abarcar su clavícula, la lengua se une y ambos recorren la distancia entre su cuello y su nuca. Esos labios se cierran, muy despacio, intentando medir cada rincón de piel. Un mordisco sin dientes, por cada palmo que han de recorrer hasta llegar los hombros. Forman círculos concéntricos, espirales, decenas de figuras que consiguen que le arda la piel. Fluyen hasta la espalda, dando pequeños saltos hasta su columna vertebral. Un último beso y los labios se retiran.

La punta de la lengua se posa sobre la base de su nuca. Comienza a bajar por su espalda, que se arquea al sentir su presencia. Baja al tiempo que se deleita con cada poro de su piel. A mitad de camino, los labios se unen y juntos recorren el tramo final hasta la base de la columna. Dibujan un corazón, que es borrado con otro beso. Ella responde mordiéndose el labio inferior. Ahora no siente nada. Mueve la cabeza, buscando una sombra en mitad de la noche. Abre los labios y respira profundo.

La respiración se corta, nota el roce de la lengua sobre su cóxis. Está indecisa, los labios, despistados intentan seguir el camino de sus nalgas. Tras unos instantes, comienzan a deslizarse paladeando suavemente el contorno de su nalga izquierda. Calca la forma sobre los labios, repasándola a continuación con la punta de la lengua. Se detiene en el último pliegue y lo subraya.

La respiración se acerca a la cara interna de sus muslos. Ella se tensa ante el momento, que no llega. Los labios suplicantes descienden por la cara posterior del muslo. Sutiles arcos de tentación son bordados en su pierna por unos labios que no paran de descender. En su rodilla, el juego cambia e intentan abarcar todo el muslo. Se intercalan pequeñas mordidas sin dientes.

Dos besos sobre su pie izquierdo y no necesita saber más, se gira sobre sus talones y los labios saltan a su pie derecho. La adoran, sumisos escalan su pierna derecha. Cada paso que dan lo cubren con decenas de dóciles besos. Su muslo es medido con el rastro de deseo que deja la punta de la lengua. La respiración, ahora se detiene en su ingle. Ella lo sabe, no tiene porque abrir los ojos. Aguardan intranquilos, consumidos por el deseo y la pasión. La espera termina cuando nota un beso suplicante en su ingle. Describen una media luna sobre su bajo vientre. En el centro, un beso. Un único beso por encima de su vientre, y ella se deja llevar. Los labios desdibujan el contorno de su sexo, la lengua plagia su deseo y marca con su rubrica cada centímetro de su vulva. Como acto final, traviesa, se hunde ligeramente y recorre toda la extensión los labios hasta llegar a su clítoris.

Ella gime, el placer le ha superado y respira profundo, como si le faltase el aire. Su boca se entre abre y para de respirar cuando los labios abandonan su sexo y comienzan a esbozar olas sobre su vientre. La espuma del mar la pone la lengua sobre su ombligo que actúa como un faro para esos labios que lo besan aferrados al deseo. Su vientre les recibe agitado, tenso, terso. Como respuesta le cubren de besos sin manos. La lengua aspira a robarle todo su sabor. A pequeños saltos llegan a su pecho.

El primero en recibir las caricias, el izquierdo. Los labios se afanan en perfilar su contorno, con delicadeza. La lengua, tímida, intenta no perder el ritmo con pequeñas acrobacias sobre su piel. Su pezón escucha el piropo de unos labios que lo abarcan, que al alejarse parece que no quieren despedirse de él. Deslizándose como un niño por un tobogán llegan a su pecho derecho. El cual es colmado de mimos. El juego continua, y los labios que se creen ahora pintores se detienen en seco. Escuchando el latido de su corazón. Marcando el compás al ritmo de Te-Quiero y Te-Deseo. No se separan de la piel, respiran por última vez y le dicen adiós con un dulce beso sobre su pezón.

Los besos dirigen sus pasos en dirección a su cuello. Ella no ha abierto los ojos en ningún momento, nota como se abren paso entre su erizada piel. Hecha la cabeza hacia atrás y vuelve a gemir cuando le colocan un collar de caricias unidas por pequeñas perlas talladas por una la lengua ávida por robar hasta la última gota de su sabor.

Un beso en el mentón y los labios se separan. Ella se recupera, volviendo a buscar sombras en la oscuridad. Finalmente, descubre la dirección y esos labios se funden con ella en un beso lento mientras las lenguas se afanan en beber la pasión del otro. No hay prisa, ya no. Poco a poco se transforma en un beso apasionado, salvaje, lascivo y sin embargo, pausado, tranquilo...

Por una noche, hasta el mismo cielo se morirá de envidia, porque por primera vez... Será él quien tendrá que esperar.

6 comentarios:

Kinyla dijo...

Dudo que pueda decir algo que no te haya dicho ya... ^^

Te susurraré... dijo...

Que el cielo espere que creo que esta noche el placer terrenal le ha ganado la mano.

Yemaya dijo...

bufffff. No conocía esta faceta de tí y reconozco que me ha enganchado..espero más.
Besos y susurros muy cálidos

MARIA dijo...

Guau puro fuego, a mi también me encanta esta nueva faceta. Me ha sabido a poco!. Mi más sincera enhorabuena. Un besazo compi.

Estefania Álvarez dijo...

¿Quién ha creído estar allí mismo, dentro del relato, sintiendo el aire entre los dos amantes?

Porque realmente por un momento nos hemos transportado a esa habitación.

Me ha gustado especialmente este trozo :)

"No siente frío tampoco sueño. Sus ojos permanecen cerrados. Sus sentidos atentos a esos labios que deletrean la palabra deseo cada vez que marcan su piel con un suave beso."

Lentamente nos vas introduciendo en la escena y cuando te das cuenta de que se ha acabado, parpadeas confuso.

Y se acaba, y el hechizo se rompe.

Juancho dijo...

Muchas gracias por vuestros comentarios!

Sé que no es mi estilo pero prometo publicar algún relato, tanto erótico como no, de cuando en cuando. :)

¡Besos!