domingo, 20 de mayo de 2012

La Tinta, El Tintero y... la Tabla

Aquí estoy, un sábado noche y lo mejor que se me ocurre para matar el tiempo es escribir mientras escucho música.

Este fin de semana ha sido un poco agónico en cierto sentido. He tratado por todos los medios de llenar mi mente con cualquier cosa que tuviera a mi alcance. Aunque siendo sincero no lo he logrado.

El viernes terminó mal. Con una de esas miradas que ves reflejadas en el espejo y te dan ganas de salir corriendo porque sabes de sobra que su sombra te va a perseguir allá donde vayas. El mundo me parecía que iba a la velocidad de la luz mientras que yo caminaba y pensaba a paso de tortuga.

Al cerrar la puerta de mi casa caí en la cuenta de que me había despojado de mi conciencia y tenía menos de 48 horas para encontrarla o las consecuencias serían funestas. Aún no la he encontrado y estoy que me caigo de sueño. Puede que la haya dejado en el trabajo, metida en un cajón de mi armario o se encuentre dando saltos de alegría.

Último bostezo y va siendo hora de apagar el ordenador, mañana será otro día y si no la encuentro, se puede ir buscando a otro al que dar la tabarra porque yo estoy más que cansado de estar luchando en batallas olvidadas.

2 comentarios:

Estefania Álvarez dijo...

Me has recordado al protagonista de una de mis historias... En su caso, la conciencia es precisamente lo que le salva. Logra encontrar lo que anda buscando (si es que sabe lo que busca) cambiando de aires, replanteándose a sí mismo y conociendo nueva gente y viajando a lugares distintos :)

Aunque, claro, es solo una historia..

Juan Manuel Redondo dijo...

De forma curiosa, muchas historias "inventadas" se parecen increíblemente a la realidad. ;)