martes, 15 de julio de 2008

La Tinta, el Tintero y... el Pétalo

Por favor, pasa y ponte cómodo/a, ¿te apetece algo de beber o de picar? Voy a contarte una historia, una pequeña fábula de alguien que perdió la razón. De alguien que sin ningún motivo murió por buscar un sueño, por seguir los pasos de un deseo incontrolado, por no tener el valor de confesar sus pecados.

La historia comienza unos años atrás, ¿te acuerdas de ese señor que siempre veíamos al salir del colegio? Parecía que siempre iba a algún lugar, que tenia prisa por llegar. Con esa rosa en la mano y su sonrisa de enamorado. Creímos que era mucho más viejo cuando en realidad aún estaba en la flor de la vida. Nunca supimos a donde iba o de donde venía, a veces le vimos acompañado, riendo o llorando, hablando o callado, pero en su mayoría, sólo, arrastrando su sombra pero siempre con esa sonrisa en los labios.

Cómo nos fascinaba, inventamos mil aventuras en torno a su persona, qué haría, dónde viviría, en qué pensaría y el tiempo fue pasando. Nosotros crecimos y de persona fascinante se convirtió en adulto desagradable. Los mismos rasgos que vimos cuando éramos pequeños se convirtieron en motivo de nuestras burlas, de nuestras risas, de nuestros cotilleos. Las arrugas comenzaban a surcar su cara, siempre tan sonriente, tan amable y su sombra detrás ahora empujando su caminar. Siempre con esa rosa en la mano sólo o acompañado. Comenzamos a saber de su vida, nosotros y el resto del barrio, dicen que fue una persona normal hasta que se dejo el corazón olvidado dentro del buzón de un portal olvidado, esperando que alguien lo abriese, que lo leyese y por esa razón siempre lo estuvo ocultando. Para cuando ese alguien lo leyó, el amor de su vida rompió todo lo que el le había dado. La mujer, a la cual le entregó todo lo que poseía, se burló de él, lo despreció pero incansable cuentan que nunca se rindió.

Por eso siempre estaba contento, risueño, esperando que alguien le ayudase a recomponer los pedazos que fue encontrando desperdigados por cada rincón, por cada esquina, en cada habitación. De cuando en cuando, alguien le ayudaba, con el pelo largo y negro como el carbón, de faldas alegres y caderas infieles. Nunca pudo demostrarle a ninguna cuánto le podía llegar a dar, pues al intentar hacerlo se marchaban con el alba con un pedacito de su mirar. No eran más que habladurías, por supuesto, pero qué más da. Jamás lo quisimos comprobar, tampoco nos importaba demasiado ni nos molestamos en averiguar por qué siempre llevaba esa maldita rosa en la mano.

El tiempo siguió pasando, y nosotros ya casi adultos fuimos tirando cada uno por su camino. Aquella persona de la que tanto nos habíamos reído se fue desgastando, ahora nunca estaba acompañado. Su actitud fue cambiando y dicen que lo podías ver esperando en un parque durante toda una tarde, sentado mirando como jugaban los niños, como paseaban los enamorados. Podía estar así días enteros y cuando alguien le preguntaba siempre te respondía con un: 'Creo que he quedado con una mujer pero otra vez me han vuelto a dejar plantado'. La gente le empezó a tomar por loco, por un pirado, pues una vez le encontraron toda la noche bailando bajo la lluvia, se lo tuvo que llevar la policía. Después de aquel momento me contaron que lo habían medicado, que perdió el juicio pero como no tenía a nadie, le tuvieron que dejar por imposible. Incluso en el hospital siempre parecía estar esperando a alguien, con esa sonrisa, con esa rosa en la mano.

Cuando regresó, ya no era el mismo, un viejo triste y solitario, nunca le vieron con nadie, nunca quiso ir a aquella residencia, decía que poseía un aura de tristeza, que estaba esperando a alguien, que simplemente se habría retrasado. Del tiempo de las burlas y la indiferencia pasamos al tiempo de la pena. A mí por lo menos me pareció injusto, nadie se merecía un final así, fue entonces cuando cada vez que lo veía en el parque me paraba a hablar con él. Me contaba historias increíbles, de amores prohibidos, de aventuras y desventuras por las calles de Madrid, de cartas apasionadas pero noches frías, incluso de todos los viajes que hizo. Entonces fue cuando me di cuenta de que en sus ojos ya no había brillo, pues todo por lo que había luchado, todo lo que había querido se había perdido en las implacables arenas del tiempo.

De repente, dejó de aparecer por los parques, por las avenidas, y nadie se preguntó que pudo haberle pasado. Pasaron dos o tres días, la gente ya se había olvidado aunque a mí, no sé por qué me dio por preguntarle a aquella señora que siempre le tendía una mano cuando le veía más necesitado. Nos presentamos en su casa, nadie contestaba. Llamamos a la policía y lograron echar la puerta abajo... un olor rancio nos dio la bienvenida.

Lo encontramos en su casa, tendido en la cama solo y olvidado, con una rosa en la mano, esperando a ese amor que nunca le había llegado.

12 comentarios:

CalidaSirena dijo...

Me encantan tus fabulas, siempre me haces pensar y sentir cosas con ellas...en este caso he sentido pena y tristeza...pero me ha gustado mucho a pesar de ello..
Besos y abrazos muy cálidos

Anónimo dijo...

Pues yo creo que es más real de lo que muchos piensan y que ocurren a diario cosas como estas.
Sin rosa pero esperando eternamente a que pase el tren de sus vidas.


S.

Juancho dijo...

Es algo triste sí, pero bueno, ya sabes por cada historia feliz existen cien que te partirían el corazón... o eso dicen. :P

Un besazo, Cálida Sirena.

Cierto, lamentablemente historias como esta son más reales de lo que nos gustaría creer, y aún más en el mundo que nos ha tocado vivir...

Un besazo, S.

Ayshane dijo...

Es un relato triste, pero el final es para recordarlo siempre... solo y olvidado, con una Rosa en la mano... esperando a ese amor que nunca le había llegado...

Podemos reconocer que algunos esperamos a ese amor y vemos el reflejo, en las horas bajas, de nuestro final en tu final...

Besitos!!!!

Sara M. dijo...

Hay vacíos que son imposibles de llenar.

Juancho dijo...

Un poco triste sí es sí, pero lamentablemente ocurre más de lo que creemos.

Un besazo, Ayshane

Los vacios se pueden llenar, aunque algunas veces tardamos más de lo que pensamos.

Un besazo, Sara M.

kR dijo...

Wep wep, hola Juancho este ultimo ha estado muy bien, te lo pongo aquí para que veas que entro ;)

Nos vemos!!

Paisanito. dijo...

SE NOTA QUE TE ECHABA DE MENOS!

EXTRAÑABA ESAS METAFORAS ESPECIALES QUE SOLO SE PUEDEN LEER AQUÌ...

JUANCHO, LA MEJOR...

UN FUERTE ABRAZO!

PAISANITO!.

Juancho dijo...

¡Ehy! Qué pasa tío. Por fin te has decidio a comentar jejeje Me alegra mucho que te haya gustado.

Un abrazo fuerte, kR. :D

Hombre, cuánto tiempo, me alegra que te pases por aquí. Ya sabes que siempre eres bienvenido. :)

Un abrazo fuerte, Paisanito.

liv dijo...

AAAAAAAAiiiii como me haces leer esto... pero que penaa¡¡¡ Ains con lo sensiblera que esta una. Me ha recordado a la mitica cancion de Mana.. " En el muelle de San BLas", pero en este caso era una dama...

Una idea ¿ porque no haces que se conozcan ? jeje se lo merecen hombre
la loca del muelle de san blas, con tu loco del parque con la rosa en la mano...

besiñoss muaaaakiss

Juancho dijo...

Podríamos juntarles a ver que pasa jejejejeje aunque no creo que surga un historia de amor... no sé pero tengo esa sensación. :P

Un besazo, Liv

Veronica dijo...

mori!
me encanto.es demasiado triste,me dio como un escalofrio en la espalda,algo asi como un retorcijon del alma...
cuidate

un beso!