lunes, 2 de junio de 2008

La Tinta, el Tintero y... el Paseo (II)

Atención: Relato Corto.

Se recomienda la lectura de la entrega anterior:

La Tinta, el Tintero y... El Paseo (I)



- ¡Dios mío¡ - gritas conteniendo el aliento. Toda una habitación repleta con todo aquello que siempre deseaste y nunca pudiste comprar. Televisores de plasma, sonido digital, ropa de primeras marcas, escrituras de casas lujosas, coches, motos, y más aún. Todo, allí estaba todo, al alcance de tu mano. Incluso esta ese libro de la colección que jamás pudiste terminar porque la retiraron del mercado. - ¿Y si cojo algo alguien lo notara? - piensas mientras alargas la mano. Miras a tu alrededor en busca del viejo. No está, es tu oportunidad.

Justo antes de alcanzarlo, unas manos blanquecinas, huesudas, con las uñas completamente amarillentas se cierran sobre tu muñeca. Intentas alejarte, pero te agarran con fuerza. - Es mío. - contesta una voz gutural. Mientras intentas escaparte, lo ves aparecer. Es un cuerpo lánguido, de extremidades deformes, se levanta, no te mira. Parece que esta observando, y cuando por fin se gira, gritas, gritas con todas tus fuerzas. Su cara esta completamente seca, sus ojos negros y sin párpados te atraviesan, y por la frente le cae el poco pelo que todavía no ha perdido. - Es mío. - repite de nuevo. Pero tú no lo oyes, sólo quieres escapar de allí. En un arrebato de furia, buscas a tientas cualquier objeto y golpeas con fuerza.

Te libera, y huyes precipitadamente. Dejando atrás todos esos objetos con los que siempre soñaste. Cuando llegas al otro extremo, aparece con el viejo esperando al otro lado de la puerta.

- Le advertí que no molestara a los inquilinos. - Te dice, - !Pero que coño era eso! - le gritas mientras intentas recuperar el aliento.

- Uno de los inquilinos. - te responde con sequedad. - ¿Continuamos la visita? - Al salir, el viejo cierra con llave la habitación.

Ahora os encontráis en el piso inferior. Pero tú ya no te fías de nada, agudizas el oído al máximo. - Dios santo, en donde me he metido. - Pero no puedes dejar de seguirle. Algo te atrae y te repugna, ‘¿que clase de gente vive aquí? ¿Y por qué nadie ha hecho nada al respecto? Joder, en esta casa hay cantidad de personas y nunca las he visto salir ni entrar’. Avanzáis por un pasillo estrecho, perfectamente decorado. Todo está en su sitio, como en una revista. Te fijas un poco más en la decoración. Te sorprende que con objetos de tantísimo valor nadie haya robado nunca nada. Aunque bueno, con esa cosa del piso de arriba ningún ladrón entraría aquí, pero esto tiene que valer una fortuna.

Cuando el viejo abre una de las puertas, un olor a comida invade el pasillo. - Por favor, sígame. - Entráis en un comedor como nunca antes habías visto. Y esta lleno de gente. Calculas por lo menos mil comensales, tal vez más. Pero todos son inmensamente obesos, deformados, algunos de ellos no pueden ni abrir los ojos. Las sillas crujen al menor movimiento. Escuchas, están comiendo, masticando, tragando, bebiendo, y vuelta a empezar. El sonido te agobia, pero el viejo no parece inmutarse.

Al pasar al lado de uno de los 'invitados' se cae un muslo de pollo, o algo parecido. Y un llanto ahoga el resto de sonidos, pero no es un llanto normal, se parece más bien un gemido. Joder, te apartas todo lo que puedes. Ni siquiera puede llorar. El viejo se acerca, le alcanza el muslo y lo devora, aunque más bien el término correcto es: lo engulle. Ahora reparas en la comida. Todo tiene una pinta estupenda. Ves platos de todo tipo, desde los más sutiles hasta la comida que preparaba tu madre. Tu estómago ruge con fuerza, pero el sentimiento de asco, no, no es asco, de pena supera a todo lo demás. Aunque, ¿y si me comiera un pedacito de esa tortilla de patatas? Se parece tanto a las que prepara mi madre. Al acercarte, varios se quedan quietos y olisquean. No te pueden ver, sus ojos están tapados por varias capas de grasa, y retrocedes.

- ¿Cuantas veces le tengo que decir que no moleste a los invitados? - tu corazón esta a punto de estallar, creo que es hora de salir de aquí, - Por favor, quiero marcharme ya. - aunque tu tono no suena demasiado convincente.

- Como desee, le acompaño a la salida. - No esperas a que termine de abrir la puerta, sales disparado, abres la puerta del jardín y el mundo recupera su color. Jadeas, casi no puedes respirar, y el sudor empapa todo tu cuerpo. Miras hacia atrás y el viejo ha desparecido. Únicamente la puerta cerrada y ese maldito porche que parece que se vaya a caer a pedazos.

Avanzas un poco por la calle, y una mano te toca el hombro. Te revuelves como un gato panza arriba. - Eh, tranquilo, soy yo. Joder, tienes mala cara. ¿Te ocurre algo? - es un amigo tuyo.

- ¿Has entrado alguna vez en esa casa? -
- Nunca, que yo sepa siempre ha estado abandonada. -
- Imposible, acabo de estar allí. Hay gente viviendo... bueno, viviendo. Nunca te lo creerías. -
- ¿Gente? ¿Allí? Pero si esa casa no ha tenido un habitante desde mmm, déjame pensar. El siglo XIX, o por ahí. No irás a creerte todos esos cuentos de fantasmas, Satanás y esas chorradas, ¿verdad? -
- No, claro que no... Solo que... en fin, déjalo. Creo que me he asustado un poco, nada más. - Le mientes, no tiene sentido discutir.

Os alejáis pausadamente, no hay prisa y tu amigo te cuenta las últimas novedades del barrio. Miras por última vez, de reojo. Y ves al viejo en una de las ventanas sonriéndote. En tu cabeza resuenan sus palabras.

- Cuando se haya decidido... le estaré esperando. -

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Fin
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9 comentarios:

The sea, the sky, the dust dijo...

muy perturbador, enhorabuena por el blog. Y veo que tienes muchos premios. felicidades

Carlitos Satan dijo...

De acuerdo estoy con "the sea, the sky, the dust" es un texto bastante inquientante,. pero cojonudo. Sigue asi.

Juancho dijo...

Bienvenido a la Tinta y el Tintero, The Sea, The Sky, The Dust.

Si, el relato puede resultar algo inquietante. Aunque bueno, tengo que seguir mejorando.

Por cierto, lo de los premios, no lo consideres como tal. Únicamente son agradecimientos y apoyos de gente estupenda. ;D

Un abrazo.

Carlitos Satan, muchas gracias jejeje, aunque muchos de lo que escribo no me convencen ni a mí mismo. :P

Un abrazo.

Anónimo dijo...

Vaya... pues no eh! no se parece a la peli esa de Nicole Kidman de la que te hablaba, allí no había comida (ni la de tu madre ni de ningún otro tipo) ni aparatos carísimos que incitan a robar, sólo follaban, unos con otros, escondidos tras unas máscaras. Deberías ver esa peli, te gustaría. O bueno, quizá no, tienes que tener la mente muy abierta, no con respecto al tema cuernos ni nada de eso sino a la libertad cubierta de lujuria. Sin más.

Yo, si te soy sincera, volvería a esa casa. Sólo con poder estar todo el día tumbado a gustito frente a una TV de plasma que lo flipas y con comida de mi madre (o de la tuya, da igual) y eso... no sé.

Ahora sí:

Un beso guapo.

Juancho dijo...

Tendré que verla, y mira que nunca me ha llamado mucho la atención.

¿Volverías? ¿Caerías en uno de los siete grandes? No estan todos relatados pero...

Un beso.

liv dijo...

ufff.. esto no es un final final¡¡¡¡ ¿que coño le tenia el viejo preparado?, ¿otra instancia demencial pa él?¿ acepta como copañero de habiatacion al ser sin parpados? por favor.. esto merece un returns jaja

Muy bien tio¡

besets..

Juancho dijo...

Liv, jejeje sí es un final final. El resto de la historia os la dejo a vuestra imaginación. ;D

Un beso.

Kinyla dijo...

Mmmm.... plas plas plas (aplausos)

Juancho dijo...

Gracias :P