lunes, 16 de junio de 2008

La Tinta, el Tintero y... el Sello

Voy a quedarme quietecito, mirando al cielo, sentadito en un banco. Repasaré todo lo que hice bien y todo lo que hice mal, dibujaré cientos de figuras con las nubes, y trataré de seguir el camino de las hormigas. Pasito a pasito, miguita a miguita. Todavía resuenan en mis oídos la música machacona de ayer por la noche, me perdía entre un mar de miradas indiferentes, de escotes pronunciados y mini faldas demasiado cortas.

Para mi sorpresa me veo pensando, de nuevo, como si eso fuera una novedad. En todo lo que tengo planeado y en lo poco que encajo aquí, en conversaciones que no son mías con gente que apenas conozco. La música sigue sonando y copa tras copa me zambullo en un estado de felicidad inducida, y pido un zumo de piña. Ya va siendo hora de volver a la realidad. De sorprenderme con lo poco habituado que esta el personal en hablar, en contarnos nuestras historias y nada más. Una conversación viene a mi lado, me sorprende porque más parece un monólogo en ambas direcciones. Ni me importa ni le importa, pero debemos llenar el hueco. Creo que es un imperativo social, aunque no estoy del todo seguro.

Es increíble la facilidad que posee la gente para resumir años de su vida en tres frases precocinadas. Diez minutos en el horno y servir directamente en el plato. Interpretamos nuestro papel, siguiendo las normas y a otra cosa mariposa que aquí no se nos ha perdido absolutamente nada. Y yo me pregunto: si no quieres hablar, ¿por qué te obligas a ello? ¿Acaso voy a juzgarte peor o mejor? Únicamente quiero hablar, saber cómo te ha ido, no te voy a pedir en matrimonio ni mierdas de esas.

No es que yo sea el maestro de la comunicación, por su puesto. Pero creo que entiendo perfectamente cuando es artificial y cuando no, o al menos paso de interpretar un papel que no va conmigo.

Sigo divagando aquí sentadito, con la sombra de los árboles moviéndose al ritmo del viento y al compás de mis sueños. Por hoy ha estado bien, me he reído, he charlado otro rato conmigo mismo y he llegado a la misma conclusión de siempre: los muñecos de acción ya no son lo que eran. Caigo en la cuenta, saco mi móvil y marco tu número. - ¿A las diez en tu casa?, está bien pero te advierto: hoy necesito ser algo perverso.

6 comentarios:

MO dijo...

Es lo que tienen las mini faldas, que son minis.

Otra cosa: ¿te pides un zumo de piña en una discoteca y no te detienen o algo? ¿a qué sitios vas tú, muchacho?

Estos madrileños...

A ver si es verdad y de una puta vez te conviertes en alguien... perverso. Aunque sea momentaneamente.

Un beso.

MO.

Juancho dijo...

Bueno, algunas parecen cinturones anchos... :P

Me miran mal, eso te lo puedo asegurar jejejeje pero es lo que hay. Que si bebo mucho... mejor ni lo pienso.

Y perverso soy, otro asunto es que no lo demuestre... o lo sea en ciertos momentos... :P

Un beso.

CalidaSirena dijo...

Como siempre me gustan tus escritos, me encanta la manera de escribir los sentimientos, soy una asidua de tu blog, porque reflejas muchos momentos que en algún momento hemos vivido también los demás...
Besitos muy cálidos y abrazos muy tiernos

Juancho dijo...

Calida Sirena, únicamente escribo lo que siento en ese momento. Algunas veces no queda muy coherente... pero nadie dijo que yo lo fuera. :P

Un beso

* Sine die * dijo...

Puedo sentarme a tu lado?...

Juancho dijo...

Claro, y el primero que deje de imaginar figuras con las nubes se invita a un helado. ;D

Un beso