sábado, 28 de junio de 2008

La Tinta, el Tintero y... la Cruz

Me he levantado empapado en sudor aunque un momento... aquí dentro estoy más apretado de lo habitual. Tengo miedo de no mirar otra cosa que no sea el techo y en efecto, alguien me acaba de abrazar; es el cuerpo de una mujer. Esta bien, de acuerdo, repasemos por qué tú y yo hemos llegado a esta situación cuando hace tiempo me dijiste que no, que preferías sentar la cabeza, aclarar tus ideas, buscar a alguien con un futuro mejor.

Regresaba de Madrid, de visitar a un amigo, de arreglar el mundo desde la terraza de cualquier bar. Mi móvil sonó, un mensaje, y toda una noche por delante entre risas, algún que otro cubata, y sobre todo, persiguiendo faldas, labios y falsas esperanzas. No pinta mal, nunca lo ha pintado, salvo que esta vez tuve que dar un maldito paso en falso. Empezamos bien, todo tranquilo, algunas risas con un grupo de chicas y nos movemos a otro local. Tuve el presentimiento de que algo iba a pasar, tal vez cuando nos cruzamos por la calle, te saludé, un 'hola, qué tal', nada más, 'cómo va todo', pero en tus ojos notaba un brillo especial. El mismo brillo que tenías cuando tú mundo estaba a punto de estallar.

No me dio tiempo a reaccionar, y otros brazos te obligaron a caminar, una última mirada y la siguiente ronda corre de mi cuenta aunque, un segundo, ¿no pagué yo la anterior? Bueno, qué más da, si por una vez, la próxima la pagas tú y ya está. ‘No creo que este bien lo que has hecho’, y yo le pregunto por qué, ‘ya sabes, creo que esta saliendo con otro aunque no te lo puedo asegurar, deberías de olvidarla, no te conviene, déjala tal y como está’, y caigo en la cuenta de que esta conversación la mantengo con el hielo que se encuentra en el fondo de una copa. Tal vez tengas razón, pero no creo que el resto del bourbon tenga la misma paciencia que tú o que yo. La noche se va deshaciendo como otros tantos hielos de no sé ya muy bien cuántas copas, pero al menos continuo sereno, o eso creo.

Y en este preciso momento, entre aquellas luces, justo en esa barra de bar, nos volvemos a encontrar. Esta vez no quiero nada más, ni una sola copa, por lo que pueda pasar. Te veo discutir, o eso me parece a mí, pero será mejor que me quede donde estoy, ya me lo dijo aquel hielo: ‘mejor no intervenir, lo vuestro acabó y no precisamente con lo mejor para los dos’. Un amigo me aleja de allí y me presenta a unas faldas, de sonrisa tímida, y comenzamos a hablar. ¿Cuánto tiempo paso? No tengo ni idea, pero justo cuando nuestros labios se iban a encontrar, alguien me agarró del brazo disculpándose con un: tenemos que hablar. Salimos del lugar, hacia ninguna parte, únicamente por caminar, comenzaste a hablar sobre tu vida, sobre lo que iba a pasar, yo estaba bastante confuso, no por lo que había pasado, sino por lo pudiera pasar.

La noche era perfecta y en algún momento perdí el hilo de la conversación, no tenía ni idea de a dónde querías llegar pero no parabas de hablar. Espera, espera, vuelve a empezar que nada de lo que me estas contando me resulta familiar. Si alguna vez las miradas pudieran matar, ahora mismo estaría muerto, pero en vez de eso - os juro que aún estoy intentando comprenderlo. - me acerqué a ti y sin más miramientos te comí a besos mientras mis manos se afanaban por recorrer cada centímetro de tu cuerpo.

Y creo que os podéis hacer una idea de cómo acaba este cuento...

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Joder, pues no, yo no me hago ni pajotera idea de cómo termina eh! tendrías que haber puesto varias opciones tipo:

a) Cuando él se qacerca e intenta comenzar la andadura por su cuerpo ella le suelta una fresa tipo: "¿Pero qué coño haces? ¡sólo necesitaba hablar!"
b) Ella también le come a besos a él.

No sé, poner las cosas más facilitas para las que necesitamos que nos lo den todo hecho y tal, ya sabes.


MO.

Juancho dijo...

Hombre, con el principio que tiene... que es el final de la historia... la primera 'fresa' no es necesaria ¿no? :P

Un besazo, MO

bEa dijo...

Los cubitos de hielo, no se porque, pero siempre tienen grandes temas de conversación...
Un besazo

Juancho dijo...

A que sí, algunas de mis mejores conversaciones al respecto han sido con trocitos de hielo a medio fundir jejejejeje

Un besazo, Bea

* Sine die * dijo...

Acaba con un amanecer....confuso....

;)

Cómo me gusta leerte.....

Juancho dijo...

Creo que esos son los mejores amaneceres que se pueden llegar a tener. ;)

Siempre y cuando todo haya salido bien, por supuesto.

Un besazo, Sine Die